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Crece un 40% los migrantes de países en conflicto atendidos por Càritas Barcelona

Se trata de personas procedentes de países de América Latina

Salvador Busquets (centro), en la presentación de la memoria de 2018.
Salvador Busquets (centro), en la presentación de la memoria de 2018.

La pobreza se enquista y muchas personas no están percibiendo la recuperación económica. Càritas registra un aumento de las personas atendidas el año pasado, que llegaron a 28.080 (un 1% más que en 2017), mientras que los hogares a los que se ha prestado ayuda se incrementaron un 9%, hasta los 13.225. La distancia de porcentajes se explica por el hecho que aumentaron las personas vulnerables que viven solas. Pero la salida de la crisis no la están notando las personas de origen extranjero, especialmente las que provienen de países en conflicto de América Latina, que aumentaron un 40% el pasado año. “Nos ha sorprendido este aumento, que ya se inició en 2017 y nos preocupa especialmente cómo se comportará este año”, apuntó Salvador Busquets, director de Càritas Diocesana de Barcelona.

Según la memoria correspondiente a 2018 de Càritas Diocesana de Barcelona –que incluye la capital catalana, buena parte de la comarca del Maresme y cuatro municipios metropolitanos como Esplugues, L’Hospitalet, Sant Joan Despí y Cornellà- el 66% de las personas que requirieron la ayuda de la entidad religiosa y social son de origen no comunitario, especialmente de Marruecos, aunque en la última década ha crecido exponencialmente los procedentes de países latinos como Honduras, Colombia o Venezuela. Otros aspectos que definen el perfil más habitual de la persona atendida por Càritas es una mujer (57% de los casos), adulta (51%), que vive sola (45%) y no tiene trabajo (78%).

También es relevante el porcentaje de hogares atendidos por Càritas en los que hay algún menor: un 39%. La entidad pone el foco especialmente en estas situaciones, ya que los menores que viven en un entorno vulnerable tienen una probabilidad más alta de repetir la situación de pobreza cuando lleguen a la edad adulta. "El ascensor social no está funcionando", critica Busquets. 

Según Càritas la pobreza es actualmente más intensa (porque dura más tiempo), más extensa (porque llega a más capas de la población) y más profunda (porque hay más elementos que lastran la recuperación). Una de las causas es, abundan los responsables de la entidad, la precariedad laboral, ya que crecen los trabajadores cuyo sueldo no es suficiente para subsistir. Otro problema es la vivienda. El 60% de personas atendidas en 2018 vivían en "hogares no dignos" como realquileres, ocupaciones o acogidos, un porcentaje que se disparó respecto al 41% registrado tres años antes.

Y todo ello coincide con un sistema de protección deficiente. "Las prestaciones sociales son insuficientes en cuantía y duración, y no siempre llegan a todas las personas que lo necesitan", lamenta Càritas, que focaliza sus críticas en la "deficiente" implantación de la Renta Garantizada a la Ciudadanía y reclama su reforma para que también sirva para complementar los sueldos más bajos.  La entidad también pide a las administraciones que colaboren para solucionar el problema de la vivienda, así como planes de ocupación dirigidos a las personas más vulnerables.

A pesar del incremento de personas atendidas, Càritas admite que se ha reducido el importe económico que destinan a ayudas para necesidades básicas, que fue de cuatro millones, ligeramente inferior a los 4,4 destinados en 2017. Busquets lo justificó, entre otros aspectos, en la reducción de donaciones. "En un año las aportaciones de empresas han caído de 3,8 a 2,8 millones. La gente percibe que la crisis está superada y se reducen las aportaciones", explicó el director de la entidad, que el año pasado contó con un presupuesto de 22,2 millones, prácticamente el mismo que en 2017.

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