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Conservatorio en ruina: sin profesores ni equipo directivo

200 alumnos de la escuela de música de Leganés sufren las bajas de los docentes que no se han cubierto por cuestiones burocráticas entre el Ayuntamiento y la Comunidad

Un concierto de la banda sinfónica del conservatorio de Leganés, el 6 de diciembre, día de la Constitución, en el centro cívico José Saramago.
Un concierto de la banda sinfónica del conservatorio de Leganés, el 6 de diciembre, día de la Constitución, en el centro cívico José Saramago.

—Esta es Carolina, mi profesora. A ella se lo agradezco todo.

La que presenta a su maestra con orgullo es Celia Lozano, 22 años. Le faltan cinco minutos para empezar su clase de canto en el conservatorio de Leganés, al suroeste de Madrid. Está en sexto, el último curso del grado medio, y ha tenido que sacrificar mucho para llegar hasta ahí. Vive en Aranjuez, entre medias ha estudiado Musicología en la Universidad Complutense y ha cogido el tren una y otra vez para asistir puntualmente a sus clases y obtener el título que le dará puntos para presentarse a las pruebas de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Esta soprano lo ha dado todo. Pero este año, se teme, no podrá sacarse dos asignaturas, las de idioma aplicado al canto, porque no hay profesores. Y sin examen, no hay título. 200 estudiantes de música se encuentran en esa situación. Para remate, el equipo directivo ha renunciado en pleno. Y ni el Ayuntamiento ni la Comunidad se responsabilizan del problema.

Lozano estudia en el conservatorio pero su situación anómala se repite en la escuela municipal de música. Ambos centros están unidos por el espacio, el claustro de profesores que comparten y el nombre de su fundador, Manuel Rodríguez Sales. Y trae a padres y alumnos por el camino de la amargura. En total, seis docentes de los 26 de la plantilla están de baja o excedencia desde inicio de este curso y el Ayuntamiento no ha cubierto sus huecos. De hecho, niños como Andrea Canizales, de nueve años, se han rendido y han dejado de estudiar porque no tienen a alguien que les enseñe cómo manejar el instrumento que eligieron concienzudamente. Ella estaba ilusionada con la viola, pero les pasa lo mismo a quienes estudian la trompeta, el piano de conservatorio, el fagot, el contrabajo o idioma aplicado al canto.

Alejandro Tolosa saluda a la reina Sofía en el Teatro Real, en 2017, en una imagen cedida por su familia.
Alejandro Tolosa saluda a la reina Sofía en el Teatro Real, en 2017, en una imagen cedida por su familia.

En definitiva, 200 de los 900 alumnos que hay entre la escuela municipal de música y el conservatorio —donde se estudia de manera reglada el grado medio— están afectados por la falta de profesorado. Sin clases y sin poder avanzar desde septiembre. Pero con la matrícula pagada, que va desde los 250 hasta los 700 euros anuales, dependiendo del número de asignaturas y del curso.

“Están dejando morir la escuela y el conservatorio”, se queja Juan Bautista, 44 años, uno de los miembros más activos del AMPA.

La guerra abierta con el Ayuntamiento viene de lejos. Los padres culpan a su alcalde, Santiago Llorente (PSOE), no solo de no cubrir la baja de los profesores, sino de incumplir los pagos a los proveedores, lo que significa que ya no va nadie a afinar los instrumentos, no pagan a la empresa que subcontrata a los profesores de idiomas aplicado al canto (los únicos subcontratados) o a los encargados de arreglar los desperfectos del edificio, un antiguo instituto de 60 años. Goteras, salas sin insonorizar y un edificio de tres plantas que tienen que compartir con la biblioteca del pueblo, asociaciones vecinales o el sindicato de la policía local.

Y todo, según el Ayuntamiento, por un “problema burocrático complejo” con los papeles originales del conservatorio, pero que también tiene tintes políticos. La escuela de música se inauguró en 1972 pero, en 2013, el Ayuntamiento, en aquel momento gobernado por el PP, solicitó a la Comunidad de Madrid, también en manos de los populares, la autorización para un conservatorio de grado medio. La idea no era mala: pidieron las competencias jurídicas y económicas y la administración regional las concedió, por lo que el municipio ha corrido con los gastos durante siete años.

Pero tras las elecciones de 2015, sin embargo, el PSOE recuperó el feudo de Leganés y comenzaron los problemas “por la falta de claridad en los papeles” de su predecesor, es decir, de un convenio regulador que formalizara aquel traspaso de competencias en educación, en manos de la administración regional. “Se ha estado funcionando con parches y nosotros queremos dar viabilidad al conservatorio con un marco regulador. Lo que tenemos que hacer ahora es pedir un informe a Hacienda para que determine si somos sostenibles y luego la Comunidad nos debe delegar las competencias”, explica la concejala de Cultura, Eva Martínez Borrega, de Leganemos Más Madrid, que gobierna en coalición con los socialistas desde 2019.

Sin embargo, la Comunidad de Madrid insiste en que el Ayuntamiento es titular exclusivo del conservatorio. “Puede decir lo que estime oportuno, pero las objeciones de su propia intervención municipal no las atienden. Y así desde 2017”, aseguran fuentes de la Consejería de Educación. Es decir, cuando el primer profesor pidió una baja.

Un informe fechado en 2018 por Alejandro Avenza, subdirector general de régimen jurídico local de la Comunidad, da la razón al Ayuntamiento y argumenta que no tiene competencias en materia educativa. Las tiene la administración regional. Aunque de la escuela de música, que ha funcionado de manera indivisible, no. Y ahí está el problema. Porque ambos centros comparten profesores.

“Es una pena. Entre unos y otros están acabando con nuestra cultura, que viene de lejos”, lamenta Ángel Puerta, 69 años, también del AMPA.

Manuel Rodríguez Sales, dirige un ensayo en la sede del paseo de Colón, en Leganés, en 1987.
Manuel Rodríguez Sales, dirige un ensayo en la sede del paseo de Colón, en Leganés, en 1987.

Concretamente, el amor por la música llegó a Leganés, un municipio de cerca de 200.000 habitantes, de la mano de Manuel Rodríguez Sales. Valenciano y militar, se instaló en el pueblo madrileño cuando no sumaba más de 5.000 vecinos en los años sesenta, donde fue a hacer la mili. Allí se enamoró de Conchín, que después se convirtió en su mujer, y allí se instaló. “Era un entusiasta”, recuerda María Eugenia Mesa, de 68 años, una de sus primeras alumnas. Don Manolo, como llamaban a Rodríguez Sales en los tiempos en que a los maestros se les hablaba de usted, creó primero un coro y una banda de cornetas y tambores y, cuando vio que el amor por la música se empezó a contagiar entre los leganenses, utilizó sus dotes de sargento para convencer al alcalde de que el pueblo necesitaba una escuela de música.

Corría el año 72. La escuela se inauguró, creció y se convirtió en un centro de referencia de bandas sinfónicas de España. Y, además, Don Manolo tejió una red social. “Sacó a gente de la calle durante el boom de las drogas, les metió la música en el cuerpo”.

La vocación se instaló en la escuela. Los profesores, más que un trabajo, compartían una forma de vida. Y de allí salieron nombres como Gloria Hijosa, trompista que toca ahora en el Theater Kiel de Alemania, Carlos Ordóñez de Arce, saxofonista, premio en 2017 del prestigioso V International Saxophone Competition Jean-Marie Londeix, o Alberto Román, contrabajista que ha tocado como solista en el cuarteto Colores junto al violinista Ara Malikian. Ahora, de hecho, uno de los mayores orgullos que despierta el lugar lleva la cara de una joven promesa de 16 años: Alejandro Tolosa, que perfecciona allí sus estudios de trombón desde que tenía ocho años. Todavía en quinto —le falta un curso y medio para optar al Conservatorio Superior de Música de Madrid— ya forma parte de la Orquesta Sinfónica de Madrid y ostenta el privilegio de ser el único que ha entrado en la Joven Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (Jorcam) sin estar matriculado en estudios de grado superior. Una joya con matrículas de honor que ya ha tocado en el Auditorio Nacional. “Mi profesora de Leganés, Isabel Delgado, es la que me ha ayudado y se ha volcado en todo. Sin ella no estaría aquí”, dice un Tolosa tímido pero reivindicativo.

“A los profesores les horroriza pensar que tienen que pedir una baja por maternidad, por ejemplo. Se sienten culpables porque saben que dejan a sus alumnos sin nada”, reconoce M. P., una profesora. El centro, además, carece de equipo directivo. Renunciaron todos por la situación actual.

“Para mi padre, la música era la cara A de su LP. Y su familia la cara B”, contó la hija de Rodríguez Sales en su entierro, en 2008. Pese a padres, alumnos y profesores, ese disco que dejó el fundador en herencia está, ahora, algo rallado. “Esto más que una cuestión de competencias, es de incompetencias”, rumia Puerta. Mayores y jóvenes se conjuran para salvar su refugio. Ya han acudido al Defensor del Pueblo, que ha admitido a trámite su queja, y recogen firmas en change.org para sumar apoyos y presionar a sus políticos. Se trata de salvar la música de Leganés. Y de honrar la memoria de Don Manolo.

 

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