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A Iain Sinclair le persigue el demonio

El escritor y cineasta inglés participa en una mesa redonda en la FIL sobre la utopía y la distopía como material literario

Fil Guadalajara 2015
Iain Sinclar y Philip Hoare, durante el acto

Iain Sinclar y Philip Hoare, dos escritores británicos invitados por la FIL de Guadalajara, visitaron las ruinas de Huachimontones, un asentamiento prehispánico a las afueras de la ciudad famoso por sus peculiares pirámides cónicas y escalonadas con forma de espiral. Los dos señores —72 y 57 años— decidieron emular los ritos antiguos y comenzaron a danzar en círculo el uno detrás del otro alrededor de una de las pirámides. Durante el baile, recordaron a un poeta romántico inglés que, enloquecido de poesía y absenta, creía que el diablo le perseguía.

— ¿Qué pensarías si te digo que tienes el diablo en tu espalda? — soltó Hoare.

— ¿Y quién te dice que no lo tengo detrás? —respondió Sinclair

Ambos recordaron la anécdota este martes durante una mesa redonda donde charlaron sobre las posibilidades de la utopía y la distopía como material literario. Hoare, premio Samuel Johnson de la BBC por su crónica Leviatán o la ballena, subrayó la potencia del baile y el esoterismo en las experiencias comunitarias contraculturales. En otro de sus libros, El paraíso perdido de Inglaterra: aventuras de la utopía victoriana, retrató la vida de una hija de un rico hacendado de la campiña inglesa, que en el siglo XIX se presentaba como la reencarnación femenina de Cristo. Sus devotos vivían acampados en el campo y eran impelidos a bailar hasta caer desfallecidos bajo la promesa que despertarían convertidos en criaturas celestiales inmunes a la muerte.

Sinclair es un psicoanalista de lugares, un detective místico del Londres perdido a medio camino entre Dickens y Sherlok Homes

“La época victoriana automáticamente se identifica con una época rígida saturada de convenciones, y no es así. Se produjeron también muchas explosiones de ideas nuevas. La industrialización provocó una fortísima migración del campo a la ciudad. Fue un cambio enorme en la psicología colectiva. La gente necesitaba un mesías”, apuntó el autor.

En esa dialéctica entre cambios de época y movimientos reactivos, Sinclair recordó los efectos de los asentamientos hippies de los sesenta en Hackney, el barrio obrero del este de Londres en el que el escritor lleva viviendo –y cartografiando– desde hace 30 años. “La zona estaba muy degradada y los precios de las casas eran muy baratos. Aquello se convirtió en un comunismo de magia, de arroz macrobiótico y de nudismo. Lo que yo descubrí allí no es tanto el proyecto comunitario, si no el lugar, el territorio. Aquellos comunidades desplegaron una energía en el lugar que lo transformaron en lo que es ahora, un barrio gentrificado tras la remodelación de los Juegos Olímpicos de 2012”.

Novelista, ensayista, padre adoptivo del termino psicogeografía —la paternidad original es de los situacioncistas franceses— y cineasta, Sinclair cree que las vidas impregnan de tal modo los territorios donde habitan que su memoria permanece como una fuerza reprimida que sigue definiéndolos. Sinclair es un psicoanalista de lugares, un detective místico del Londres perdido a medio camino entre Dickens y Sherlock Homes. En La ciudad de las desapariciones, recientemente editado en español por Alpha Decay, dibuja a través de maratonianos y serenos paseos un mapa de los rincones —cementerios, fábricas, iglesias— apenas transformadas por el rodillo del urbanismo neoliberal. Lugares como las pirámides precolombinas, donde, según él, aún se sienten los latidos inmanentes de otras vidas.