Bernardo Atxaga: “La literatura es lo que más verdad tiene”

Desde el anuncio de la publicación de Casas y tumbas, la nueva obra de Bernardo Atxaga viene rodeada de un halo de acontecimiento. El anuncio del Premio Nacional de las Letras Españolas 2019, junto con las declaraciones del propio autor que adelantaba que esta será muy posiblemente su despedida de la novela, han provocado que este sea un libro especial, incluso dentro de la trayectoria de un autor tan alabado. “Sí, yo lo siento así”, responde en esta entrevista en vídeo. “Quizás fantaseo un poco con mi propia vida, quizás sea una señal de vejez. Empecé con Obabakoak y cierro con Casas y tumbas. Para mí es un libro especial, en el que yo he tratado de ir por el centro de mi propio mundo. Me encantaría que quedase como una especie de final”.

En ese colofón a su carrera, como él mismo se encarga de repasar en un epílogo en forma de alfabeto que suena a despedida, se tratan varios de los temas sobre los que ha gravitado su literatura, incluyendo sus cuentos y poesías. El más importante, como reconoce el propio Atxaga, es la amistad. “Hablando de eso que en general llamamos afecto, que es una palabra un poco fea para un sentimiento tan importante, yo lo imagino como una serie de círculos concéntricos, y quizás el más general de todos ellos sea el de la amistad”, explica. “Puede ser una tontería, pero suelo decir que el matrimonio, cuando va bien, es la mejor forma de amistad. La amistad lo abarca todo. Ahora, también tiene dos condiciones previas: tiempo, porque una vida sin tiempo es una vida sin amigos, y conversación, conversación y amistad siempre están unidas”.

El tiempo, ese que nos falta cada vez más, centra otra de sus reflexiones. “En el fondo, siempre está el tema del tiempo, el tiempo que nos han robado, que ha desaparecido”, medita. “La gente no sé si se ha dado cuenta de eso. Antes había tiempo. Eso acabará con la amistad, con la conversación… A lo que más se parece el tiempo, a mi modo de ver, es a un vehículo, como cuando vas dentro de un autobús: tú puedes moverte dentro del autobús, pero estás dentro de él y te mueves a su ritmo. Me da la sensación de que cuando empezamos a vivir es como si te montaras en el tiempo, y da igual que quieras ir a la contra, porque ese tiempo que es como un recipiente, te lleva. Yo diría a la gente que cuide el aspecto del tiempo. Yo no lo hice y me arrepiento muchísimo. Lo mejor que recuerdo del servicio militar es tener tiempo. Nunca tuve tanto tiempo”.

Otro de esos temas clásicos de Atxaga es la naturaleza, siempre presente en sus obras y que, en Casas y tumbas, lo hace en forma de paisajes y animales. “Hay pintores que, cuando ves un cuadro suyo, reconoces ciertos motivos”, compara. “Yo utilizo jabalíes, los utilicé en Obabakoak, pero es que ellos son como nosotros, cada uno tiene su personalidad, cada uno es diferente. Cuando hablo de la naturaleza sigo un dictado antiguo, el que dice que la naturaleza está viva, anima mundi. Dentro de la novela, el juego de los paisajes es estar hablando del alma del mundo y de los personajes, es una forma de expresar la subjetividad de la situación. Siempre utilizo el paisaje como una descripción anímica”.

Atxaga, reconoce, siempre escribe desde la experiencia. “Yo no hablo de nada que no conozca de primera mano”, resume. “Cuando hablo de un colegio francés siniestro es que estuve en ese colegio. Cuando hablo de un cuartel de El Pardo, yo estuve en ese cuartel. Proust decía que cuando hablaba de una princesa en esa princesa confluían todas las que había conocido”. En casas y tumbas también aparecen sindicalistas (“eso es rarísimo, quizás sea el único que habla de sindicalistas en una novela, no lo sé”, exclama) o de cazadores. «Un soldado que quiere cazar, ni más ni menos, que en el bosque de El Pardo en época de Franco. Eso tenía un peligro, y ese peligro yo lo conocí”.

Ese soldado nos lleva a otro de los temas: el franquismo y la transición, que él también conoció de primera mano. Para reflejar lo que piensa de la tradición, recurre a otro símil. “Los cuentos tradicionales empiezan con una fórmula, como ‘hace mucho tiempo, cuando desear todavía era útil…’. Eso tiene la función de decirle al lector ‘mira, una cosa es la realidad y otra la representación de la realidad’. Aquí se habló de la Transición, de repente todos son demócratas… Bueno, eso era representación, eso era lenguaje, eso era retórica… Y la vieja roca sigue ahí, eso es evidente. No es que no haya cambiado nada, es que durante 30 ó 40 años se ha hecho retórica de una manera increíble. De repente te encuentras con que a la gente de extrema derecha, o fascista, le llaman de centro-derecha, o conservador, lo cual es un delirio”. Y ahí, el papel de la literatura es fundamental. “Uno de los trabajos de la literatura que habla de lo concreto, que señala la excepción, es mostrar que la retórica dice una cosa y la vida dice otra. Yo creo que la literatura tiene que recoger eso. Considero que la literatura es lo que más verdad tiene. A mi familia siempre les digo tenéis que leer ficción más que ensayo. Hay más verdad en la ficción que en la teoría”.

Con literatura, en esta caso la de otros, acaba la charla, con las recomendaciones de algunos libros que han sido importantes para él, desde descubrimientos recientes a algunos autores clave en su formación.

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La opinión de los usuarios

1 Opinión

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pepegtmerta 20 febrero 2020

Como algunos terroristas que hoy van de demócratas... retórica... retórica...