Libros que te transforman. Los favoritos de Imanol Arias

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Durante su infancia, Imanol Arias apenas tenía libros en casa. “Mi padre era obrero y éramos muchos en un espacio pequeño. No había sitio”, recuerda el actor en plena jornada promocional. “No teníamos ni tebeos. Íbamos a la biblioteca municipal y los tintines iban por lista. Igual te apuntabas en noviembre para leerlo en enero”. Hasta que, como en muchos otros hogares españoles, Círculo de lectores abrió una brecha por la que se fue colando la literatura. “Hay un libro muy importante en mi vida del que recuerdo muy poco”, confiesa Arias. “Mi padre llevó un libro a casa, que era de Círculo de lectores, y es fundamental en mi vida porque fue el primero que leí completo. Se llamaba Duermen bajo las aguas”. A ese título le siguió Edad Prohibida, otro descubrimiento. “Fue el segundo que leí. Hablaba de los jóvenes y las primeras relaciones sexuales. Con el tiempo he visto que era un libro casi religioso, tenía toda la pátina franquista, pero entonces me impactó”.

Presente en los hogares españoles desde hace dos décadas con Cuéntame, Arias está de actualidad por Legado en los huesos, adaptación de la novela de Dolores Redondo y segundo capítulo de la Trilogía del Baztán. En ella interpreta a un sacerdote, el padre Salazar, un personaje inquietante que está expuesto a la sombra del mal. “De alguna manera, puede ser un exorcizador. Es un personaje muy interesante porque se remite a esa época en la que la Iglesia apagó las luces, en la que creó una oscuridad terrible”, apunta el actor, que para esa composición no se ha remitido a su experiencia como monaguillo (“tenía dos funciones al día, misa de siete y de ocho. Nadie tocaba la campanilla en la consagración como yo”, bromea), sino al estudio. “Estuve investigando sobre la época de los aquelarres, y cuándo la Iglesia empezó a preocuparse, como institución, por el mal”. Ahí surge un claro referente literario, El nombre de la rosa. “Era una época en la que lo que no se destruía se envenenaba”.

Pese a que en su infancia no abundasen los libros, Arias se fue haciendo lector con le tiempo. “Empecé a leer mucho sobre teatro, cosas que no entendía como Grotowski o el método del Actor’s Studio, que nos volvió locos a todos”. Pero lo que él considera su entrada en la gran literatura llegaría un poco más tarde. “Con veintitantos años llegué a La Habana, y lo primero que hicieron los cubanos fue enseñarme cine y literatura”. Allí conoció a grandes de ambas disciplinas, como Tomás Gutierrez Alea o Gabriel García Márquez, “que por entonces iba mucho a La Habana”.

Fue en otra ciudad, en Buenos Aires, donde entró en contacto con otros dos grandes de la literatura hispanoamericana. “En 1994 yo estaba haciendo Calígula en Buenos Aires. Bioy Casares y Ernesto Sábato iban todos los jueves a un restaurante en La Recoleta a comer unos raviolis, y a veces comía con ellos”. Arias destaca esos libros de los que recuerdas el momento exacto en el que los lees. Sigo leyendo mucho, me gustó mucho Soldados de Salamina de Javier Cercas, me encanta Marías… pero esos los los libros que te transforman”.

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