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Consuelo Triviño

“El candidato de izquierda Gustavo Petro me inspira confianza”

La escritora colombiana se somete al carrusel de preguntas de este diario

La escritora colombiana Consuelo Trivino, el 29 de mayo en Casa de América, en Madrid. Ampliar foto
La escritora colombiana Consuelo Trivino, el 29 de mayo en Casa de América, en Madrid.

Consuelo Triviño (Bogotá, 1959) es autora de una celebrada novela sobre José María Vargas Vila —La semilla de la ira—, el autor colombiano más vendido antes de la aparición de García Márquez. Borges dijo de él que había escrito “la injuria más espléndida” de la que tuviera noticia, “injuria tanto más singular si consideramos que es el único roce de su autor con la literatura”. Tenía razón, pero de paso —tal vez— aprovechaba para tomar revancha del autor que había dicho que en Argentina “las cocineras saben más de literatura que los escritores”. Triviño presenta este verano en la Feria del Libro de Madrid Transterrados (Calambur), una novela sobre los migrantes contemporáneos de América Latina en España. Vargas Vila murió en 1933, en un exilio voluntario en Barcelona.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

La poesía de Luis Carlos López. Tiene un fino humor cargado de ternura. Y Rafael Arévalo Martínez, el posmodernista guatemalteco, con el poema El beodo. Graciosísimo, pero muy trágico.

¿Quién sería su lector perfecto?

Un lector curioso, activo, que no se conforme solo con la anécdota y que aprecie los recursos de los que se vale la autora.

¿Qué libros tiene en su mesa de dormir?

Nostalgia, de Mircea Cartarescu, que compré en la Feria del Libro de Madrid. Un árbol crece en Brooklyn, de Betty Smith. Las afinidades electivas, de Goethe.

¿Qué libro le cambió la vida?

El túnel, de Ernesto Sábato. El extranjero, de Albert Camus. Los primeros cuentos de García Márquez, los de Ojos de perro azul.

¿Cuál es su rutina diaria para escribir?

Soy una escritora obrera, tengo una jornada laboral de siete horas y media. Trabajo para ganarme el pan. Escribo los fines de semana y cuando puedo arrancar dos horas para la escritura durante la semana me siento feliz. Pienso mucho en Martí, cuando decía: “Ganado tengo el pan: hágase el verso”. O en Machado: “con mi dinero pago / el traje que me cubre y la mansión que habito, / el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”.

¿Qué deportista, personaje literario o cinematográfico se asemeja a usted?

Marguerite Yourcenar, Simone de Beauvoir. Fuera de la literatura, Rafa Nadal, Francisco Maturana.

¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?

Con alguien muy divertido. Con la persona con la que vivo, el poeta Jorge Urrutia.

¿Qué significa ser una escritora?

Un esfuerzo diario y muy grande para crear esa burbuja de aislamiento que requiere toda escritura. Tienes que combatir todas las tentaciones que te ofrece la vida.

¿Qué libro regalaría a un niño para introducirlo en la literatura?

El principito, sin lugar a dudas.

¿Qué libro le hubiese gustado haber escrito?

Los cuentos de El jorobadito, de Roberto Arlt. O el mismo El túnel. Son esos libros que vas leyendo y es como si los estuvieras escribiendo. También Judíos sin dinero, de Michael Gold, un escritor estadounidense de los años treinta.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

En la celebración de los 90 años de mi madre, me sentí muy conmovida. Hay un libro sobre ella que no he publicado y también me arrancó lágrimas.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?

Cuando llegues a un sitio procura que no te quieran echar, sino que después te echen de menos.

¿A qué edad se dio cuenta de que quería ser escritora?

Entre los 14 y los 15 años, porque leía muy apasionadamente en esa época. Leía hasta con la luz apagada, con la luz que entraba de los faros de la calle por la ventana.

¿Cómo fue su primera borrachera?

Me emborracharon sin darme cuenta mis amigas cuando tenía 15 años. Compraron media botella de ron y me dieron a beber un vaso como si fuera agua. Me embriagué, vomité, lloré y ellas ni siquiera bebieron. Durante muchos años odié el aroma del ron.

¿Qué superpoder le gustaría tener?

Atravesar las paredes y ver a través de las paredes.

¿De pequeña qué quería ser?

Astronauta, como Valentina Tereshkova. También médico porque me operaron del corazón y tenía unos recuerdos muy vívidos de estar en el hospital a los cinco o seis años. Después quise ser antropóloga, cuando entré a la Universidad Nacional, pero tuve clases de Teoría Literaria tan fantásticas que decidí que no quería nada que no fuera la literatura.

¿Dónde no querría vivir?

En un país machista, donde la mujer está subordinada y la religión marca la vida.

¿Qué le diría a los dos candidatos a la presidencia de Colombia?

A Iván Duque no tengo nada que decirle. Me gustaría pensar que puede llegar a ofrecerle a los colombianos un país mejor que el que va a recibir. Quizás a él no lo llamen chavista si emprende políticas sociales.

¿Y a Gustavo Petro?

Que me inspira confianza.

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