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Las grandes plataformas arrebatan el talento británico a la BBC

La cadena pública intenta retener a los creadores con mayor visibilidad y libertad

Phoebe Waller-Bridge, durante la gala de entrega de los Emmy.
Phoebe Waller-Bridge, durante la gala de entrega de los Emmy. Cordon Press

Hay una intuición en todo espectador de que el sello de la BBC es garantía de calidad. La cadena pública británica ha elevado a los altares televisivos a personajes como el naturalista Sir David Attenborough o, más recientemente, a la actriz, guionista y productora Phoebe Waller-Bridge, la creadora de las series Fleabag o Killing Eve. El primer caso ha requerido años de esfuerzo e inversión que han producido documentales de una calidad excepcional. En el segundo, apostar por una figura procedente de los circuitos marginales del teatro y sostener esa apuesta hasta conquistar al público.

Y es entonces cuando llegan las grandes plataformas, como Netflix o Amazon Prime Video, con sus abultadas chequeras y su enorme capacidad de distribución, y capturan en su momento de madurez a las estrellas británicas. Diversas fuentes apuntan a que Waller-Bridge podría haber cerrado un acuerdo con Amazon de hasta 18 millones de euros, por el que produciría en exclusiva contenido televisivo para la productora. Es decir, todo lo que surja del talento de la gran triunfadora en los pasados premios Emmy (se marchó de la gala con tres estatuillas, entre ellas el premio a la mejor comedia por Fleabag) será propiedad de Amazon. Y serán luego los algoritmos manejados por este gigante del streaming los que decidan qué publicidad y relevancia son necesarios dar al resultado. Si la masa consumidora no se siente atraída, el contenido se verá relegado en el escaparate.

En cuanto a Attenborough, tras más de 40 años de asociación no exclusiva con la BBC, ha firmado la serie documental Nuestro planeta en Netflix y ya prepara Life in Colour, una nueva serie que se verá en la BBC en Reino Unido y en Netflix en el resto del mundo.

"Nosotros no dejaremos que vuestro trabajo desaparezca sin dejar rastro hasta quedar relegado a la parte trasera de una librería virtual. No queremos poseeros en exclusiva. Queremos que seáis dueños de vuestros propios programas y hasta de vuestra propia dirección IP en la red", aseguraba el pasado 7 de octubre la directora de contenidos de la BBC, Charlotte Moore, en Londres. La cadena pública ofreció una fiesta multitudinaria en el bar del Sky Garden, una espectacular terraza hecha jardín en uno de los rascacielos más llamativos de la City (el centro financiero de la capital británica). "Nosotros no nos movemos por imperativos comerciales. Queremos respaldar aquellas historias que el mercado no está dispuesto a respaldar. Nos mueve el deseo a ampliar las barreras creativas", clamaba.

Londres es un hervidero de creatividad, y las grandes productoras de contenido en streaming (como Netflix, Amazon y, en breve, Apple) se han lanzado a por todas. Se pelean por estudios de grabación y por personal de apoyo. Pero, sobre todo, por los talentos que produce esta ciudad. Peter Morgan, el creador de obras consideradas ya maestras como Frost/Nixon, The Queen o, más recientemente, The Crown (cuya tercera temporada se estrena el día 17 de noviembre), ha cerrado ya un contrato millonario en exclusiva con Netflix.

La fórmula ensayada con éxito en varias ocasiones es la de la coproducción entre la BBC y alguna gran productora. La cadena pública podía emitir en primicia y con exclusividad el producto resultante durante una temporada, antes de que el gigante de la distribución lo ofreciera a sus millones de clientes en decenas de países. La competencia, sin embargo, es cada vez más agresiva, y los gigantes ya no se muestran tan dispuestos a realizar esas concesiones. Las cadenas televisivas británicas, en especial la BBC, no pueden competir ni en dinero ni en influencia mundial. Solo pueden ofrecer contraprestaciones tan intangibles y poco cuantificables como la libertad de creatividad, o la promesa de que pondrán todo su prestigio en juego para promover el producto, aunque los arranques de audiencia no resulten prometedores. Y algunos talentos, que han visto pronto el peligro de ser engullidos por una maquinaria insaciable, comienzan a ver con otros ojos la relevancia cualitativa que supone estar respaldado por esas tres letras mágicas: BBC.

'Barrio Sésamo' se muda a HBO Max

El traslado de talento y producciones de las cadenas públicas a las plataformas privadas no se queda solo en tierras británicas. Un caso reciente en Estados Unidos es el de Barrio Sésamo. La producción infantil fue una de las banderas de la televisión pública estadounidense desde su estreno en 1969 hasta que en 2015 se mudó a la cadena de cable HBO.

Cincuenta años después de su estreno, un nuevo acuerdo hará que los episodios de estreno del programa se emitan en exclusiva en HBO Max, el servicio de vídeo bajo demanda de Warner Media, que arrancará en EE UU en primavera de 2020. Más tarde, se emitirán en abierto en la pública PBS Kids. El acuerdo, que incluye la inclusión en su catálogo de streaming de las 50 temporadas ya existentes del programa, estará vigente durante cinco años, según publican medios estadounidenses. El contrato solo afecta a la emisión del programa en Estados Unidos, aunque podría extenderse a otros lugares si la plataforma se expande.

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