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De cómo los ciudadanos arrebataron la calle a ETA

Lagun, la mítica librería donostiarra, es el hilo conductor de un documental sobre la resistencia social frente al terrorismo

Imagen del documental 'Lagun y la resistencia frente a ETA'.
Imagen del documental 'Lagun y la resistencia frente a ETA'.

La primera vez no fueron más de 250 personas las que se atrevieron a salir a la calle a mostrar su repulsa contra el terror de ETA. Fue en Portugalete, en junio de 1978, tras el asesinato del periodista José María Portell. “Estamos hartos de violencia y asesinatos. Askatasuna eta bakea (libertad y paz)”, rezaba la pancarta con la que, en silencio, este grupo de ciudadanos, convocados por el Partido Comunista de Euskadi recorrió las calles de la ciudad vizcaína. Las masivas y explosivas manifestaciones que, casi 20 años más tarde, inundaron las ciudades y pueblos del País Vasco por el asesinato del concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, no se explican sin aquellas minoritarias protestas iniciales. Más allá del Estado de derecho y de la acción de las fuerzas de seguridad, a la derrota de ETA también contribuyó y mucho la resistencia de la sociedad vasca. El ejemplo es la mítica librería donostiarra, Lagun, una muestra de valor democrático y lucha por la libertad, que sirve de hilo conductor del documental Lagun y la resistencia frente a ETA para hacer un retrato de cómo muchos ciudadanos vascos nunca cedieron a la violencia.

Con guion de los periodistas José María Izquierdo y Luis Rodríguez Aizpeolea y dirigido por Belén Verdugo, el documental se estrena el próximo miércoles en la Seminci (Semana de Cine de Valladolid), dentro de la sección Tiempo de historia. Producido por Quality Media en colaboración con TVE, ETB y la televisión balear, el largometraje ha contado con la colaboración de Valverdedelcamino, medio en el que ambos guionistas han desempeñado gran parte de su carrera, y El Diario Vasco. Lagun y la resistencia frente a ETA cierra de alguna manera el relato de la derrota de ETA, iniciado por Izquierdo y Aizpeolea con su anterior trabajo El fin de ETA, en el que se reconstruían los diez años de conversaciones políticas que condujeron al “cese definitivo” de la actividad junto la labor de las fuerzas de seguridad. “La movilización social fue clave para acabar con ETA. Los ciudadanos arrebataron la calle al mundo de la izquierda abertzale los terroristas, aunque ese camino fue muy lento”, asegura Luis R. Aizpeolea, en una conversación con este periódico, junto a José María Izquierdo. Cuando se cumplen 50 años de Lagun, fundada en 1968 por María Teresa Castell, José Ramón Recalde e Ignacio Latierro, los autores del guion pensaron que este era el perfecto gancho para mostrar la rebelión cívica contra los terroristas. “La librería Lagun ha sido un ejemplo de resistencia y valentía, un referente cultural de la ciudad de San Sebastián. Es la muestra cívica de cómo unas personas supieron resistir a todo tipo de autoritarismos, primero el de la dictadura franquista y luego el de la violencia etarra. Es un símbolo claro de lucha y de honestidad de cómo se impone la libertad frente a las amenazas”, explica Izquierdo. Fueron muchos años de agresiones, incendios, roturas de los escaparates, pintadas, amenazas de muerte y el atentado contra uno de los fundadores, José Ramón Recalde. “El hecho de que quemaran una librería me recordaba a lo que habían hecho los nazis la noche de los cristales rotos. El paralelismo era evidente”, asegura el escritor Felipe Juaristi en el documental. “Sin poner los libros por encima de las personas, quemar libros en la memoria colectiva es algo injustificable desde todos los puntos de vista”, añade el también escritor Fernando Aramburu. Fue tal el sufrimiento que los dueños del negocio llegaron a pensar en su cierre definitivo. No lo hicieron gracias a la ayuda de muchos amigos, pero sí abandonaron la parte vieja de San Sebastián para trasladarse a una zona más segura de la ciudad.

“No nos podíamos quedar en casa”. Esa es la clave de Lagun y la resistencia frente a ETA, un sobrecogedor documento de cómo se fueron fraguando los movimientos contra el terrorismo como el desafío público de un empresario, Juan Alkorta, que plantó cara a ETA, en 1980, o el primer manifiesto, ese mismo año, de 33 intelectuales (Chillida, Caro Baroja y Koldo Mitxelena, entre otros). Siguieron Gesto por la Paz que montó la campaña del lazo azul -“amigos míos me dejaron de hablar”, cuenta Cristina Cuesta, “ni a mi mujer le decía que iba a las reuniones de Gesto por la Paz” dice otro-, o Basta Ya. Unos movimientos que fueron preparando el terreno hasta llegar a las masivas concentraciones de las manos blancas y la explosión de Ermua.

Es Lagun y la resistencia frente a ETA, en el que intervienen una veintena de políticos, escritores y ciudadanos, además del único de los fundadores de la librería que queda vivo, Ignacio Latierro, un gran conjuro contra el olvido y los silencios. “Hay un gran desconocimiento muy grande de todo lo que rodeó esa resistencia civil de la sociedad vasca, que empezó como de manera muy minoritaria e hizo un recorrido lento y difícil”, aseguran Izquierdo y Aizpeolea. También hay lugar en el documental para valientes y desgarradoras confesiones, como la del autor Ramón Saizarbitoria. “A los vascos se nos acusa de cobardes. Es injusto. Hemos mirado a otro lado y es verdad eso que nos achacan, pero también tengo que decir que ETA me ha hecho sufrir, que a mí ETA me ha jodido la vida ”.

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