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Juan Carlos Chirinos: “La ficción es un acto político, subversivo”

El escritor venezolano se somete al carrusel de preguntas de este diario

Juan Carlos Chirinos, en Madrid.
Juan Carlos Chirinos, en Madrid.

“La propia ficción es un acto político”. Esa era la posición inicial de Juan Carlos Chirinos, (52 años, novelista, cuentista, biógrafo, ensayista y dramaturgo venezolano), que el pasado lunes en Casa de América, en Madrid, debatió sobre política y ficción con Almudena Grandes y Diego Trelles Paz. Lavapieseño, que no lavapiesero (“que son los que van de vacaciones a Lavapiés”) lleva 15 años viviendo en Madrid, habla con Valverdedelcamino de la tristeza que le da ver los quioscos “cada vez más desnudos de periódicos y más llenos de camisetas de Ronaldo, y caramelos”. También, de que las redes sociales “hicieron daño al ser humano en general”. Y de política. Y de libros. Y de Venezuela.

De pequeño quería ser…

Había una serie de televisión que era Los agentes fantasmas: una especie de samuráis agentes secretos, y quería ser uno. Pero luego, tras el primer libro que leí, Platero y yo, le dije a mi papá con siete años: yo voy a ser literato. No sabía que me estaba echando una maldición a mí mismo...

¿Cuál es el mejor consejo que le dieron sus padres?

Trabaja.

¿Algún sitio que le inspira?

La sala de lectura de la Biblioteca Nacional. O mi cama.

¿Dónde no viviría jamás?

En una ciudad con cuestas. Madrid es bastante plana.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

Yo lloro todos los días. En la charla del otro día, casi me pongo a llorar recordando a Ana María Matute y Caballito loco.

“El único regalo que siempre he querido es un saxofón. Y nadie me lo da”

¿Cuál es el mejor regalo que ha recibido?

Ninguno, porque el único regalo que yo quiere de verdad es un saxofón, y nadie me lo da.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

Una obra de teatro del venezolano Rodolfo Santana. El animador. Es la historia de un tipo que secuestra a un productor de televisión porque no le gustó el final de un culebrón. Como Misery, de Stephen King, pero anterior, eh.

¿Qué libro mataría por haber escrito?

La marcha Radetzky, de Joseph Roth.

Dijo en su charla que la propia ficción es un acto político. ¿La literatura hoy no está demasiado empapada en política?

Siempre lo ha estado. Si vuelves a leer la Eneida, ves que está empapada de política, es una declaración política de intenciones imperiales.

Es, en puridad, propaganda.

Pura y dura. Lo que pasa es que la escribió Virgilio. La literatura siempre ha estado manchada de política. La ficción no es solo un acto político, sino subversivo.

¿No estamos en un tiempo politizado en todos los sentidos?

Hoy, sí, la política se inmiscuye en otros ánimos donde no le corresponde estar. El otro día discutía con alguien porque yo decía de un personaje que era una mujer fea. Y me decía que eso no se podía decir de las mujeres, que es un acto de incorrección política. Pero eso es un disparate, porque están atentado contra mi propia opinión. ¿Y qué voy a hacer si me gustan las mujeres bonitas? Así somos los feos; Ni que fuéramos tontos. Pero esa injerencia termina ocurriendo en todas las civilizaciones, porque tiene que ver con el control del ciudadano...

“Me decepciona Guaidó. Su trabajo no es solo hablar. También actuar”

En una fiesta de disfraces, ¿de qué se disfrazaría?

¡De agente fantasma!

¿Qué lo deja sin dormir?

Nada. No hay problema en la vida que me deje sin dormir. Soy narcoléptico profesional. Mi mujer se enfada mucho por eso.

¿Y tiene un sueño recurrente?

Un tiempo soñaba que volaba, pero hace tiempo que no. Creo que tiene que ver con el sexo... pero eso es psicoanálisis, y el psicoanálisis me parece un embuste, algo para vienesas del siglo XIX.

¿Cuál es su olor preferido?

El almizcle, pero muy suave.

¿Le ve futuro a Venezuela?

Será muy largo y muy arduo. No hay solución a corto o medio plazo. El problema no es la narcotiranía que gobierna Venezuela, que también, sino la incapacidad del venezolano de entender que o estamos todos bien o no salimos de esta. No es tanto acabar con Maduro (algo que defiendo el primero) como de acabar, por ejemplo, con el cinturón de chabolas que rodea Caracas.

¿Qué le diría a Nicolás Maduro si lo tuviera delate?

La pregunta es qué le haría.

¿Y a Juan Guaidó?

Que me tiene decepcionado. A los políticos no hay que convertirlos en héroes. Hay que exigirles que hagan su trabajo, que no es solo hablar. También actuar.

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