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Inés de Castro: la gallega que reinó en Portugal después de muerta

Dos estrenos teatrales reviven una de las más trágicas historias de amor del siglo XIV, que en realidad esconde un crimen de Estado

La actriz Natalia Huarte, en el papel de Inés de Castro.
La actriz Natalia Huarte, en el papel de Inés de Castro.

La historia de amor de Inés de Castro y Pedro I de Portugal ha llegado a nuestros días como el summum del romanticismo. La versión ibérica de Romeo y Julieta. Con la diferencia de que no fue producto de la imaginación de un dramaturgo, sino que sucedió de verdad a mediados del siglo XIV. Ella era una noble gallega que se trasladó a la corte portuguesa como dama de compañía de su prima Constanza Manuel cuando esta se prometió con Pedro I, que por entonces todavía era príncipe y que, en lugar de su futura mujer, se enamoró de Inés. Vivieron como amantes y tuvieron cuatro hijos hasta que la esposa legítima murió. Entonces se casaron en secreto, en contra de los deseos del todavía rey Alfonso IV, padre de Pedro, que por ello la mandó matar. Fue degollada en Coimbra en 1355 y el crimen provocó un enfrentamiento entre padre e hijo. Dos años después, cuando Pedro llegó al trono tras la muerte de Alfonso IV, convirtió a Inés en reina póstuma.

Hasta aquí la historia romántica. El desenlace es tan poderoso que no es extraño que haya inspirado fantásticas leyendas (algunas tan macabras como una supuesta ceremonia de coronación del cadáver con besamanos incluido) y numerosas obras literarias: romances populares, poemas de Lope de Vega o Ezra Pound y algunas piezas teatrales. Casualmente, después de muchos años sin ser representadas, dos de de ellas coinciden ahora en cartelera: Nise, la tragedia de Inés de Castro, de Jerónimo Bermúdez con adaptación y dirección de Ana Zamora, se estrena esta noche en el Teatro de la Abadía de Madrid; Reinar después de morir, de Vélez de Guevara con adaptación de José Gabriel López Antuñano y dirección de Nacho García, se presentó en portugués en octubre en Almada y en enero llegará en español a la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en Madrid.

Casualmente también, o quizá porque ya era hora, ambas versiones desmontan la bonita leyenda romántica para poner en primer plano lo que realmente hubo detrás: un crimen de Estado. Los historiadores consideran que el asesinato de Inés fue originado por un conflicto dinástico entre las familias gobernantes de Portugal y Castilla y que el levantamiento de Pedro I contra su padre tuvo más que ver con las luchas de poder entre ellos que con el amor que sentía por su amada.

“Jerónimo Bermúdez [siglo XVI] dejó claro que el problema no fue el amor, sino la política. La prueba es que en ningún momento de las dos obras que le dedicó al tema [Nise lastimosa y Nise laureada] hizo coincidir a los amantes”, subraya Zamora. Su adaptación, que funde las dos piezas de Bermúdez y añade canciones con versos sobre el tema, incide en la parte más política para enlazar la historia con el presente: “Esto es una crítica contra el mal gobierno, la ambigüedad de la justicia”, añade.

La versión de López Antuñano de la obra de Vélez de Guevara (1635) va en la misma línea. “Más allá de la anécdota romanticona, expone cómo la razón de Estado se impone por encima del individuo. Y cómo pese a todo, la verdad siempre se impone sobre la mentira, aunque sea de manera póstuma. De ahí el título: Reinar después de morir”, explica.

Todo esto no quita, aclaran tanto Zamora como López Antuñano, para que uno pueda dejarse arrebatar por la belleza de una historia que inspiró a tantos poetas: “A Dios se dé la gloria, que ha querido / dar este alivio a tu afligido pecho, / y la muerte vengar de nuestra reina / esclarecida doña Inés de Castro, / tan en su flor llevada d'este mundo / al trono de la eterna monarquía” (Jerónimo Bermúdez).

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