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CRÍTICA ARTE

Mires donde mires

Con 'Al despertar, flotaban', el pintor argentino Alejandro Corujeira expone en Madrid por primera vez en 10 años

Piezas de la serie: 'Al despertar, flotaban'.
Piezas de la serie: 'Al despertar, flotaban'.

Recuerdo una pequeña exposición de Alejandro Corujeira (Buenos Aires, 1961) en 2001, también en la galería La Caja Negra, donde expone de nuevo, que funcionaba como una partitura. Mucho tiempo después supe de su interés por el murmullo de la música y por la sonoridad de las luces. La mía debió encenderse ese día al ver en aquellas obras otras cosas que las obras en sí. Un mapa, un cuerpo celeste, un ejercicio de caligrafía. Confieso que no suelo ordenar el mundo por la poética de lo visual, pero algo había allí de galaxia mediana que se me quedó en la retina. Algo que aparece de nuevo, como un nuevo miembro de la familia de su pintura. Hacía más de 10 años que Alejandro Corujeira no exponía en Madrid, donde vive desde los primeros noventa, y sólo por eso merece ir a ver esta exposición. Un silencio que se rompía en 2018 tras su paso por la 33ª Bienal de São Paulo y las Afinidades afectivas del comisario Gabriel Pérez-Barreiro. Se cerraba ahí un círcu­lo, que englobaba al uruguayo Joaquín Torres García, influencia palpable en sus primeros trabajos con la geometría, pero también el influjo de Alfredo Hlito, miembro cofundador de la Asociación Arte Concreto-Invención y firmante en 1946 del Manifiesto Invencionista. Inventar lo enigmático seguramente haya sido el camino más transitado de sus últimos trabajos, envueltos siempre en formato orgánico que trata de cristalizar lo mutable. Pasan los años y esa idea sigue inmutable. Busquen la abstracción ahí, en esa idea de atrapar lo que no se puede.

Corujeira triunfa en su empeño de que la mirada no se detenga ni un momento al contemplar sus obras. Le pide al espectador, eso sí, unos ojos callados. Un relato sin destino ni origen, como muchas de las veladuras y líneas de sus obras, fiel reflejo de ese espacio de tránsito entre lo que uno deja y hacia donde está llegando. Un tiempo extraño, atemporal, como el de su pintura.

‘Al despertar, flotaban’. Alejandro Corujeira. Galería La Caja Negra. Madrid. Hasta el 18 de enero.