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Guillermo Arriaga gana el Premio Alfaguara de novela

El escritor y guionista mexicano se lleva el galardón en su 23ª edición por 'Salvar el fuego'

Guillermo Arriaga en Ciudad de México en 2017.
Guillermo Arriaga en Ciudad de México en 2017.

En el desierto del norte de México, cerca de la frontera, de cacería, le sorprendió a Guillermo Arriaga la noticia del fallo de la 23ª edición del Premio Alfaguara de novela, que le proclamó ganador. El escritor y guionista presentó bajo el pseudónimo Isabella Montoni su cuarto libro de ficción que llegará a las librerías el 19 de marzo (simultáneamente en todo el ámbito de la literatura en castellano), y que lleva por título Salvar el fuego. La novela, de cerca de 700 páginas, está situada en el México contemporáneo y narra una improbable historia de amor protagonizada por un preso, JC.

Arriaga (Ciudad de México, 61 años) dejó aparcados el arco y las flechas con los que caza y se conectó por videoconferencia con el Casino de Madrid tras el anuncio del galardón, dotado con 175.000 dólares (unos 158.000 euros). En el concurrido salón madrileño estaban la CEO-consejera delegada del grupo editorial Penguin Random House Mondadori, Nuria Cabutí, el nuevo ministro de Cultura y Deporte de España, José Manuel Rodríguez Uribes, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, ganadores del premio en anteriores ediciones como Patricio Pron, Manuel Vicent o Eduardo Sacheri y escritores como Rosa Montero o Marcos Giralt. El novelista Juan Villoro, compatriota de Arriaga y presidente del jurado, leyó el acta que definía su libro como "una novela polifónica que narra con intensidad y excepcional dinamismo una historia de violencia donde el amor y la redención aún son posibles".

La conexión en directo con Arriaga por momentos fallaba y el eco sonaba a música electrónica, pero el escritor pudo hablar de la escisión entre dos Méxicos que retrata en su novela y de la fuerza del amor: “Vivimos en una sociedad en la que todo está programado, pero en el amor todo es posible”. Arriaga se refirió a la impunidad y los crímenes sin castigo que azotan a su país, y habló del hacinamiento en las cárceles como la que sufre el protagonista de su novela. “Las instituciones están fallando”, sentenció. El jurado, que uno por uno se dirigió al premiado, estaba formado por las escritoras Laura Alcoba y Edurne Portela, el periodista y poeta Antonio Lucas, el librero Jesús Rodríguez Trueba, y la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes (con voz pero sin voto).

El ganador del Alfaguara en 2020 debutó hace cerca de dos décadas como novelista con Escuadrón Guillotina, pero fue a través del cine y de su trabajo en filmes como Amores perros (2000), 21 gramos (2003) o Los tres entierros de Melquiades Estrada (2005) donde alcanzó fama internacional. En 2016, Arriaga regresó a la novela con El salvaje, un libro editado también por Alfaguara que tuvo una buena acogida entre crítica y público. En Salvar el fuego vuelve sobre temas como la escisión entre clases sociales, la desigualdad y la violencia en el México contemporáneo, usando la primera, la segunda y la tercera persona y solapando historias. En conversación telefónica, ya sin público, negó que el cine sea el molde que dirige su escritura. En el principio de su obra, afirma, está la literatura. “Yo he querido llevar la novela al cine, no a la inversa, y mis películas tenían estructura de novela. Escribo novelas como novelas”, aclaraba antes de confesar que es un “adicto a la escritura”.

Frente a la violencia que salpica muchas de las historias que ha narrado, Arriaga reivindica “el amor, la solidaridad y la amistad” que dice que atraviesan su trabajo. “Esta novela es una carta de amor a mi país, y no se pueden eludir la corrupción y la impunidad que en México hay como en muchos otros países. Es más arriesgada que las anteriores”. Una coreógrafa de clase alta y el preso JC muestran las dos caras del país. “El Tratado de Libre Comercio [firmado con EE UU y Canadá] en México hizo que los productos valieran nada y los campesinos se vieron empujados a migrar mientras que otros fueron el caldo de cultivo del crimen organizado por la falta de oportunidades. En contraste con esto está el mundo de la cultura”. Este autor afirma que la escritura y la cacería están conectadas: “La caza te acerca a las contradicciones del ser humano, te ayuda a entender la posición que ocupas en la naturaleza, y las paradojas que surgen de ahí”. ¿Qué anda cazando en ese desierto? “Caza mayor, venados y marrano alzado, un cerdo que trajeron los conquistadores y que es una plaga”.

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