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Nadal contra Federer, un regalo para el tenis

El español y el suizo coinciden 14 años después de su primer enfrentamiento en las semifinales de París. “Todos nuestros partidos han sido especiales, pero este, a estas alturas, lo es un poco más”, dice el balear

Nadal celebra su triunfo contra Nishikori en París. En vídeo, Nadal y Federer hablan de su próximo enfrentamiento.

La historia, caprichosa ella, regala el reencuentro de Rafael Nadal y Roger Federer en las semifinales de París, cuando hace no demasiado tiempo hubiera sido poco menos que inimaginable. Llega el primero después de batir al japonés Kei Nishikori (6-1, 6-1 y 6-3, en 1h 51m), cargado a priori de razones para contemplar con optimismo el futuro más cercano porque la estadística arroja un dato aplastante: solo dos veces, en 15 cruces, pudo vencerle el suizo en un duelo sobre arcilla. Las dos quedan lejos, lejísimos: la segunda, hace 10 años en Madrid. Sin embargo, asiste Federer (7-6, 4-6, 7-6 y 6-4, en 3h 35m) a una oportunidad de oro por delante: pocos contaban con él a estas alturas y nunca inclinó al balear en su reino, luego una victoria suya supondría un golpe maestro a la rivalidad más longeva y hermosa del tenis.

Poquitas cosas le quedan al de Basilea por hacer, por conseguir, y de repente se encuentra ante un escenario prácticamente impensable. Después de tres años sin competir sobre arena, el destino y el buen hacer de estas dos semanas le brindan la oportunidad de borrar un estigma que le persigue: Nadal pudo con él en Wimbledon, y en Roland Garros el suizo no ha sido capaz de superarle al mallorquín en las cinco ocasiones que se retaron: las finales de 2006, 2007, 2008 y 2011, ni en la semifinal de 2005.

Siempre se impuso el español, que manda holgadamente en tierra batida (13-2) y que además encara la cita con el añadido de invertir la negativa tendencia de los últimos tiempos, puesto que Federer le derrotó en los cinco últimos careos.

Ayer, ambos resolvieron el pase a las semifinales después de una tarde trastocada por la lluvia. Se había hecho esperar esta edición, pero al final llegó. A las cinco y media cayó un chaparrón y una hora después se reanudó la acción. Nadal apenas se despeinó contra Nishikori, mientras que Federer tuvo algún apuro más ante Wawrinka, aunque hay un dato que aporta aún más brillo a su triunfo: convirtió su primera rotura después de ocho intentos, y se quedó en dos de 18 opciones. Pese a ello, ganó. De inmediato, envió un mensaje retador a pie de pista: “Una de las razones por las que he vuelto a jugar en tierra después de tanto tiempo es poder jugar contra Rafa otra vez”.

Mientras, en la sala de prensa Nadal desprendía relajación. “No sé cómo estamos uno y otro. De momento, solo sé que estamos entre los cuatro mejores de este torneo y que me espera un partido de máxima dificultad. Aquí sigo, y de momento la cosas están saliendo bien”, afirmó el de Manacor, que en su trazado solo se ha dejado un set, contra David Goffin, la misma cifra que el suizo. “Es otro episodio entre nosotros y estoy feliz. Será especial”, continuó, “porque esto no es para siempre e intento darme el máximo número de oportunidades posible de jugar partidos como este. Quiero seguir disfrutando de este tipo de vivencias. Jugar contra Djokovic en Roma o contra Federer aquí suponen momentos para los que uno trabaja día a día”.

El suizo y un peaje inevitable

Federer volea de revés durante el partido en la Lenglen. ampliar foto
Federer volea de revés durante el partido en la Lenglen. Getty

Mientras tanto, el campeón de 20 grandes transmitía un mensaje con pliegues en la sala de conferencias. “Al igual que contra cualquier jugador, siempre hay una oportunidad”, apuntó Federer, que a su vez recordó que de camino al choque se ha medido a cinco rivales diestros, de ahí que deba pensar estos dos días de transición en una preparación específica contra zurdos, por más que conozca de sobra los efectos diabólicos del drive de Nadal.

“Contra él siempre va a ser duro, pero nunca sabes… Él quizá pueda tener un problema o ponerse enfermo. Quizá el viernes haya un viento increíble, quizá llueva y haya 10 suspensiones… Para mí llegar hasta Rafa no ha sido sencillo. Han sido necesarios cinco partidos y ahora estoy contento de jugar contra él, porque si quieres lograr algo en la arcilla, inevitablemente tendrás que pasar, en alguna etapa, por él. Rafa es muy fuerte y sabes que estará allí. Cuando decidí volver a la tierra sabía que podía cruzarme con él; si hubiera querido evitarlo, entonces no debería haber regresado a esta superficie”, zanjó Federer.

Él y Nadal se midieron por primera vez en París hace 14 años, cuando tenían 23 y 19 respectivamente. Entonces eran dos melenudos extraordinarios que tenían toda la vida deportiva por delante y ahora, en un una suerte de guiño celestial, vuelven a coincidir en la arena de la Chatrier. “Todos nuestros partidos han sido especiales, pero este, a estas alturas de nuestra carrera, lo es un poco más”, apreciaba Nadal ayer. El Bois de Boulogne, cuando parecía haber olvidado el viejo clásico, lo recupera en su versión más evolucionada. Y mientras tanto, los aficionados al tenis ya se frotan las manos.

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