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La ascensión ‘proletaria’ de Barty

Sin perfil mediático, la australiana derrota en la final a Vondrousova (6-1 y 6-3, en 1h 10m) y eleva su primer grande. Con 23 años, sube al número dos y es la que más triunfos (31) suma esta temporada

Asleigh Barty eleva el trofeo de campeona de Roland Garros, este sábado en París.
Asleigh Barty eleva el trofeo de campeona de Roland Garros, este sábado en París. REUTERS

Tiene el encumbramiento de Ashleigh Barty (6-1 y 6-3 a Marketa Vondrousova, en 1h 10m) una doble connotación. Orgullo para Australia, gloria para el proletariado. Necesitado de nuevas referencias, el país oceánico encuentra otra ganadora en París después de una sequía de 46 años, cuando la laureadísima Margaret Court, plusmarquista de la historia del tenis con 24 grandes, celebró la conquista en 1973. A su vez, tiene su triunfo un aroma reivindicativo porque en los tiempos de la estética, el narcisismo y la sobreexposición personal de muchos jugadores y jugadoras, al tenis femenino llega una noticia estupenda: las currantas sin perfil mediático también pueden ganar.

No responde Barty al canon generalizado del circuito, y que el propio circuito se encarga de impulsar, sino simplemente al perfil de una tenista de 23 años que está haciendo una temporada fabulosa y que trasciende estrictamente por lo que está consiguiendo en las pistas. Es la que más victorias acumula este año (31) y a partir de mañana figurará solo por detrás de la japonesa Naomi Osaka, ya como número dos. Tiene 23 años, hace cinco estuvo a punto de dejar la raqueta para dedicarse al críquet y este curso ha sido finalista en Sídney, campeona en Miami y ahora graba su nombre por primera vez en un gran escenario.

“Fue una parte de mi vida que necesitaba pasar”, explicó en referencia al paréntesis de 2014. “Siento que fue la mejor decisión que podía tomar en ese momento. Necesitaba tener una vida normal, alejarme del tenis. Necesitaba crecer como persona y madurar. El tenis siempre ha sido una gran parte de mi vida, así que eché de menos la competición, las emociones que sientes cuando ganas o cuando pierdes. Son únicas, y solo las tienes cuando juegas”.

En 2017 no figuraba ni entre las 600 mejores, pero ahí comenzó su ascensión. Ganó en Kuala Lumpur, al año siguiente en Notthingham y Zhuhai, y en Francia se presenta al mundo con un título que refrenda la variedad: es la décima vencedora distinta en los 12 últimos años. Nacida en Ipswich, diestra y de 1,66, se distingue en la pista por su estilo rocoso y batió a la joven Vondrousova (19). Se convirtió así, viniendo desde el anonimato, en la primera australiana que gana un Grand Slam desde 2011. Entonces lo consiguió Samantha Stosur.

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