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Ofensiva total contra Bale

En el Madrid aseguran que la ausencia del galés ante el Bayern se debió a una petición de su representante, que ultima la salida del jugador, ya ‘despedido’ por Zidane, a la Superliga china

Bale, durante un entrenamiento del Real Madrid el pasado martes en Montreal (Canadá). En vídeo, declaraciones de Zidane sobre el jugador.

En la partida de cartas en la que han convertido el Real Madrid y Gareth Bale su separación, el último movimiento de una de las partes —“si se marcha mañana, mejor”, dijo la pasada madrugada Zinedine Zidane tras dejarle fuera del partido ante el Bayern de Múnich en Houston—, expuso no solo un incremento desaforado en la presión sobre su contendiente, sino una evidencia de desamor sin precedentes.

Según aseguran en el club blanco, fue Jonathan Barnett, el representante de Bale, quien pidió que no se contara con él para el partido “porque estaba ultimando una negociación con un equipo de la Superliga china”.

“Si Gareth se va es porque él quiere, no porque Zidane ni el Real Madrid le empujen”, contraatacó en declaraciones al diario As el mismo Barnett, dando la vuelta a la que fue, quizás, la mayor apuesta estratégica de Zidane en su última aparición: publicitar que el jugador, ahora sí, acepta una salida. “Sigue siendo uno de los mejores jugadores del mundo, uno de los cinco con mejor cartel, y su futuro seguirá estando en un gran club”, replicó Barnett, negociador impertérrito.

Bale rubricó la ampliación del contrato que le une actualmente al Madrid hasta junio de 2022 hace tres años, en octubre de 2016. Fue el cuarto jugador de una secuencia que inauguró Kroos, y al que siguieron después Modric y Lucas Vázquez. Su llegada al equipo se había cerrado tres años antes, en 2013, y aquel primer contrato contemplaba una extensión de seis temporadas, con un salario de 10 millones de euros por curso. Hace 22 días hubiera expirado. Sus emolumentos actuales se acercan a los 20 millones.

Pero la confianza en su capacidad para convertirse en el líder del equipo durante y tras el Cristianato, llevaron al club a rechazar una oferta de 100 millones de euros del Manchester United en 2017. Aquella fue la última vez que un club propuso un traspaso de tres cifras. Hoy, no hay ofertas por el jugador, más allá de un velado interés por el Tottenham, que ofrece una cantidad que el Madrid ni siquiera contempla: 50 millones. El problema de su salida a la Superliga china, única competición que puede hacerse cargo de la ficha actual del futbolista, es que no contempla abonar ningún traspaso por el jugador, una circunstancia insalvable para el Madrid. “Hasta que no se cierre ese acuerdo, algo que se puede producir en breve o no, Bale seguirá aquí en la disciplina normal”, amplían desde el club.

“Nada personal”

“No es nada personal. Llega un momento en el que las cosas se hacen porque se deben hacer. No tengo nada contra él. Tenemos que tomar decisiones y cambiar, nada más. Vosotros sabéis la situación y va a cambiar. No sé si en 24 o 48 horas. La situación va a cambiar y es bueno para todos. Las cosas son así. Yo hablo con el club, tenemos que tomar decisiones, y es decisión del entrenador y del propio jugador”, se justificó Zizou, colocando todo el argumentario ofensivo sobre la mesa.

En el fragor de la actual batalla dialéctica, como anestesiada por el tiempo queda ya aquella sentencia de Zidane de 2016 en la que juraba amor eterno a los tres componentes de la BBC (Benzema, Bale y Cristiano): “Si están todos a disposición voy a meter siempre a los tres porque son los mejores”. La última vez que Bale no estuvo disponible (por lesión) fue el pasado 10 de marzo. Desde entonces solo diputó 473 minutos repartidos en ocho partidos, el 18% del total. Tampoco participó en ninguno de los tres últimos encuentros de la temporada.

A sus 30 años recién cumplidos (sopló las velas el pasado martes), Bale, que ha celebrado en Mallorca su boda durante las vacaciones de verano, vive felizmente en Madrid junto a su esposa y sus tres hijos. Esa estabilidad ha pesado por encima de contratiempos deportivos, y ha resultado un factor inevitablemente contundente a la hora de ponderar cualquier posibilidad de abandonar Madrid. Poco dado a la vida nocturna, ni siquiera acudió a una cena organizada en enero por Sergio Ramos. Su vida fuera de la práctica del fútbol no alberga tiempo para este tipo de propuestas.

Solo la familia y el golf, que practica cotidianamente en su campo particular —tiene uno montado en casa—, son estímulo suficiente para satisfacer el ánimo de Bale. No hay testimonios que registren su pericia en los juegos de cartas. Bien le vendría ahora que su futuro está sobre el tapete.

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