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El apagón de João Félix

El luso vive sus peores días desde que desobedeció a Simeone en Granada y se saltó el orden en los penaltis en la Champions

João Félix conduce el balón ante Modrid en la final de la Supercopa de España celebrada en Yedda (Arabia Saudí).
João Félix conduce el balón ante Modrid en la final de la Supercopa de España celebrada en Yedda (Arabia Saudí). EFE

El rostro serio que porta João Félix en las últimas semanas delatan a un futbolista estresado, agobiado por el precio de los 127 millones de euros que el Atlético pagó por su fichaje al Benfica y por las presiones internas y externas que soporta. Su habitual estampa por las zonas mixtas la presiden la soledad y la mirada fija en un punto perdido. El domingo, por los pasillos del estadio Rey Abdullah de Yedda, su caminar melancólico se repitió. La falta de determinación en situaciones claras de uno contra uno, algunas conducciones dubitativas y errores en el remate como el que tuvo en los primeros minutos de la final de la Supercopa describen a un chico que ahora mismo no parece disfrutar ni en el Atlético ni con su juego. Es el ejemplo de que la exigencia y el día a día en un vestuario pueden borrar la sonrisa de un chico que acaba de cumplir 20 años. De Arabia Saudí, João Félix ha regresado muy cuestionado, señalado por no haber marcado diferencias y no acompañar con desequilibrio y más presencia la estupenda final que disputó Morata ante el Real Madrid.

Desde que hace un mes reapareció ante el Granada, tras casi cuatro semanas de baja, el futbolista portugués se enfrenta a lo que supone salirse del carril en un equipo manejado por Diego Pablo Simeone. Las quejas al club de su agente, el todopoderoso Jorge Mendes, porque el entrenador se empeñaba en hacer jugar en la banda derecha a su representado, derivaron en una rebelión sorda en el citado partido de Los Cármenes. Simeone se desgañitó desde el área técnica implorándole que ocupase el costado derecho. João Félix ni le miró, en una interpretación perfecta de lo que es hacerse el sueco. Mendes tiene claro que la mejor manera de proteger al futbolista y no devaluar la fuerte inversión realizada por el Atlético es hacerle jugar de segundo punta.

La irreverencia de Granada fue un menoscabo a la autoridad de Simeone ante el resto del plantel. En ocho años, al menos de forma tan descarada, un futbolista rojiblanco no había obviado las instrucciones del preparador argentino. Sin Diego Costa, lesionado, y con el equipo por entonces fuera de los puestos de la Champions, Simeone no tomó represalias desde las alineaciones. Todo lo contrario. João Félix no ha vuelto a jugar en la banda derecha salvo algunos minutos de la semifinal y la final de la Supercopa. En otras circunstancias, el Cholo hubiera sido más enérgico. Probablemente, hubiera enviado a la grada a su joven estrella.

Si obviar las instrucciones de Simeone en Granada levantó ampollas internas, que João Félix lanzara el segundo penalti a favor del Atlético en el decisivo partido de Champions contra el Lokomotiv de Moscú también generó revuelo en la caseta y en el club. Con la clasificación en juego para los octavos de final, Trippier falló un penalti en el primer minuto del partido. Solo un cuarto de hora después, el Atlético volvió a contar una pena máxima a favor. João Félix ejecutó el penalti saltándose el orden de lanzadores establecido en una lista por Germán Burgos.

 

Un paso adelante

El gesto, confirmado a este periódico por un dirigente rojiblanco, describió a un chico decidido a asumir responsabilidades. Sin embargo, no tuvo una buena acogida entre algunos de sus compañeros. “Hoy no es el momento de marcar a un jugador por encima de nadie. A lo mejor, si tuviera que destacar sería la atención de Mario Hermoso y Felipe. O de Trippier y también de Lodi”, respondió de manera despectiva Saúl al término del encuentro con el Lokomotiv. Ese mismo día, Simeone también inició un discurso que ha repetido a sus jugadores y a la prensa: “João sigue creciendo, tiene un montón de cosas para dar al equipo, pero necesitamos que combine mejor con los delanteros para cerrar antes los partidos”.

Desde entonces, el técnico y los pesos pesados del vestuario se han empeñado en colectivizar al chico que había dado un paso adelante disparando su número de remates por partido. De dos disparos pasó casi a nueve en los encuentros en Villarreal y ante el Lokomotiv. A raíz de saltarse la lista de lanzadores, las críticas internas veladas que recibía al principio de temporada por sus escasas intervenciones empezaron a serlo por su exceso de lanzamientos a puerta. En la semifinal de la Supercopa contra el Barcelona, quiso ejecutar el penalti cometido sobre Vitolo, pero Morata se lo impidió para remarcarle la vuelta al redil que le mantiene apagado.

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