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El fenómeno, visto por los que le rodean

El pelotón del equipo Leonardo DiCaprio subió el puerto de primera categoría del Festival de Berlín para llegar a la cima con el héroe y luego seguir hablando de él. Los actores de La playa, Virgine Ledoyen, Guillaume Canet y Tilda Swinton, y el director, Danny Boyle, autor también de Trainspotting, no se cansaron ayer de contar pocas cosas sobre sí mismos y muchas sobre el astro absoluto del día: DiCaprio.La más clara fue Tilda Swinton, una gran actriz del cine independiente británico, protagonista de Orlando o La zona oscura. "Una de las razones por las que he aceptado esta película es por vivir y experimentar un circo así. No nos engañemos. Todos sabemos por qué están ustedes aquí ahora. Es por Leo. Leo es un fenómeno", les espetó a los más de 500 periodistas que estaban en la sala de prensa de la Berlinale.

La bella Virgine Ledoyen, por su parte, se pasó la mañana desmintiendo que estuviera embarazada de Leo, aclarando que no se iba a mover de París y que no pensaba por nada del mundo vivir en Los Ángeles y contando lo que las amigas le preguntaban cuando se enteraron de que iba a protagonizar una película con él. Para Ledoyen, cuando se trabaja con DiCaprio, el esfuerzo es doble. "Aparte de actuar tienes que dedicar un tiempo que es una pérdida a contestar todo lo que te preguntan sobre él. Luego está lo que no puedes controlar, las mentiras a las que intento hacer oídos sordos, pero hay que vender periódicos y no puedes cambiar a la gente, es la leomanía", dice la actriz. Ella, que ha sufrido el fenómeno, cree que a él le perjudica mucho. "No sé cómo puede vivir con ello. A mí me parece un actor buenísimo, pero todo lo de alrededor quita importancia a su trabajo y hace que se le valore peor".

La leomanía

La leomanía ha revolucionado el concepto de entrevista para las productoras. La mañana de ayer consistió para DiCaprio en pasar por tres salones diferentes con 25 periodistas cada uno en un hotel de Berlín y luego contestar a las preguntas de una rueda de prensa en la que había más de medio millar de informadores de todo el planeta. Bebió mucha agua, y cuando alguno de sus compañeros de reparto hablaba, él manoseaba un vaso que apretaba también como con ganas de romperlo. Y a veces perdía la mirada hacia el fondo de la sala, como fuera de sí, huido lejos de la carpa del circo DiCaprio, ése que le han montado para sacarle hasta los hígados.

Por otra parte, ayer, realizadores y profesionales del cine firmaron un manifiesto anti-Haider con el título ¡No!, en el peíódico de la Berlinale. Entre los firmantes, el realizador austriaco Michael Haneke y el serbio Goran Rebic, informa France Presse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de febrero de 2000