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Tribuna:OPINIÓN | Apuntes

El Instituto Universitario de Derechos Humanos

Hoy, nadie puede permitirse el lujo de discutir la importancia de los Derechos Humanos. Como punto de referencia, constituyen, quizá, el único elemento serio de encuentro en un mundo cada vez más fragmentado, y son el eje sobre el que debe pivotar cualquier diálogo intercultural, incluida la Alianza de Civilizaciones. Una tierra firme que tantos millones de seres humanos evocan como la única esperanza, como razón de ser de su lucha cotidiana, de sus reivindicaciones individuales y sociales.

Por supuesto, esos acuerdos (que distan de ser completos, comenzando por el catálogo y la interpretación de los derechos) no garantizan la efectividad, el disfrute de los Derechos Humanos por parte de todos los hombres y mujeres del mundo. Y ello explica la exigencia imprescindible y prioritaria de luchar por su reconocimiento y su extensión a todos los seres humanos, lo que supone aplicarse en el control, el seguimiento, la denuncia de las violaciones, especialmente cuando se producen desde los distintos centros de poder, Gobiernos incluidos. Ambos aspectos de esa tarea son compartidos cada vez más por la sociedad internacional y también cada vez más agentes de la sociedad civil -en particular las ONG- se empeñan con mayor esfuerzo y efectividad en ella, con una dimensión crecientemente global, que impulsa otra globalización.

Aún así, con eso no basta. Son infinidad los documentos de la ONU y de la Unesco en los que se insiste en otra necesidad imperiosa, la de contribuir a reforzar la cultura de los Derechos Humanos, es decir, su conocimiento, su incorporación a los esquemas mentales y a los hábitos de vida, la creación de una sensibilidad crítica y activa, y eso no será posible si no se trabaja en su incorporación a los programas educativos de todos los niveles. Buena parte de nuestras universidades, como otras instituciones educativas, se han empeñado en este esfuerzo inaplazable. En nuestro país, existen varios centros de docencia e investigación de Derechos Humanos en el ámbito universitario, entre los que destaca por su experiencia y calidad el Instituto de derechos humanos Bartolomé de las Casas, de la Universidad Carlos III.

Basándose en ese modelo y contando con relaciones de colaboración con este y otros centros, también fuera de España, un grupo de profesores e investigadores de la Universidad de Valencia, promovimos el Instituto de derechos humanos (Idhuv), iniciativa apoyada por el equipo de gobierno de la Universitat y que recientemente fue aprobada por la Generalitat valenciana. El Idhuv fue citado por el Rector Tomás Vert, en su discurso de apertura del curso, como uno de los ejemplos de la voluntad multidicsiplinar de nuestra institución. En efecto, entre sus promotores los hay de casi todas las ramas del Derecho, pero también de la sociología, la historia, la ciencia y la filosofía política, el trabajo social y las relaciones laborales, o la criminología.

El Idhuv no nace con vocación de exclusividad ni de exclusión, pero sí, como es lógico, con un obligado propósito de especialización. Somos conscientes de cuanto se investiga y se enseña sobre los Derechos Humanos en otros muchos centros y por parte de profesores que no forman parte del grupo que ha impulsado el Instituto, porque el ámbito de trabajo en Derechos Humanos es inabarcable por parte de una sola institución, por potente y extensa que sea.

Por eso apostamos por algunas líneas de trabajo, que marcan la especificidad del Idhuv respecto a otras iniciativas similares. Entre ellas, en primer lugar, el análisis de las migraciones, pero también del fenómeno de la multiculturalidad, en relación con las exigencias de los derechos humanos y de la democracia. Asimismo, los problemas de discriminación de género, raza y cultura, la situación de las minorías, la evolución del Derecho internacional humanitario, las políticas de ayuda desarrollo y codesarrollo, o el derecho a lo que podemos denominar bienes comunes de la humanidad, del agua a la diversidad cultural, el medio ambiente o la paz.

A la tarea de investigación debe unirse, claro, la de formación. Formación de la ciudadanía crítica y activa, incorporando a los curricula universitarios los Derechos Humanos, sus problemas, los medios para hacerles frente. Formación de especialistas que puedan trabajar en este ámbito. Formación de los profesionales que, en distintos campos, de la educación secundaria a la judicatura, de la policía a los funcionarios de las diferentes administraciones, han de enfrentarse de forma cotidiana con situaciones que ponen en juego esos derechos.

Y, desde luego, no podemos olvidar que, en materia de derechos humanos, es imposible tomar al pie de la letra el mandato metodológico de la asepsia valorativa, porque no es aceptable mantenerse neutrales, sin tomar partido a favor de las exigencias concretas de la libertad, la igualdad, la solidaridad. No podemos ser neutrales frente a la tortura, la pena de muerte, o las diferentes formas de discriminación que, en lugar de retroceder, crecen a nuestro alrededor. En ese sentido el Instituto quiere ser también un lugar de encuentro de la Universidad con los agentes de la sociedad civil, para impulsar la intervención ante las violaciones de derechos humanos que golpean o debieran golpear nuestra conciencia, para contribuir a mejorar el conocimiento, el respeto y la garantía eficaz de los derechos. Entendemos que es un servicio que debemos -y queremos- prestar a esa sociedad, de la que formamos parte, y que tiene derecho a esperar de nosotros una contribución positiva y responsable.

María José Añón es profesora de Filosofía del Derecho y Javier de Lucas es catedrático de la misma disciplina y nuevo director del colegio de España en París

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005