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La importancia de que los hombres hagan la cama

El FMI calcula que el PIB global crecería al menos un 4% si el trabajo no pagado estuviera mejor repartido

ENVIADO ESPECIAL | Washington
Un hombre coloca unos platos en el lavavajillas.
Un hombre coloca unos platos en el lavavajillas. GETTY

¿Qué hay más privado que la organización de cada familia sobre quién hace la cama, prepara el desayuno o lleva al colegio a los niños? A primera vista, parece un asunto que no debería importar a nadie de puertas afuera de la casa. Pero si se analiza un poco más, estas decisiones son relevantes desde el punto de vista económico. Porque una mejor distribución de estas tareas, que habitualmente recaen mayoritariamente sobre las mujeres, serviría como revulsivo para impulsar el crecimiento global. Esta es la principal conclusión de un artículo presentado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la asamblea anual que esta semana celebra en Washington.

En los países ricos, las mujeres hacen un 20% más de trabajo no pagado que los hombres

“El trabajo no pagado es una parte sustancial de la actividad económica que no se refleja en el PIB y que pesa de forma desproporcional sobre las mujeres”, asegura un texto que considera de suma importancia “reducir y redistribuir” esta carga.

El Fondo estima que en el mundo las mujeres hacen cada día dos horas más de trabajo no pagado que los hombres. Y, aunque esta diferencia es menor en los países más ricos, que se pueden permitir lo que el artículo llama “motores de liberación”, esta sigue existiendo también allí donde las mujeres gozan de mayor independencia. “Incluso en los países más igualitarios del mundo, las mujeres hacen al menos un 20% más de trabajo no pagado”, aseguran los economistas que firman el texto.

Al margen de otras consideraciones, el artículo critica esta carga laboral desproporcionada por generar una menor participación de la mujer en el mercado laboral y un descenso general de la productividad. Y estima que si se pusieran en marcha políticas para reducir estas diferencias, el PIB global aumentaría al menos un 4%, según un cálculo que los propios autores consideran muy prudente.

El artículo admite que mucho de este trabajo se hace por elección personal. Pero también recuerdan que “demasiado habitualmente” las mujeres se ven forzadas a hacerlo. “El tiempo que dedican a estas tareas refleja las restricciones impuestas por normas culturales y por falta de servicios públicos, infraestructuras y políticas de bajas familiares”, continúa.

Hace ya años que el FMI quiere mostrarse con una cara más amable y centrar su atención en asuntos como inclusión financiera en el tercer mundo o igualdad de género. Esta es la primera vez que el organismo tiene a mujeres como directora gerente —Kristalina Georgieva, que sucedió a Christine Lagarde— y como economista jefa —Gita Gopinath—. “¡Abróchense el cinturón! [La igualdad de género] va a llegar”, dijo Georgieva el martes en un acto en el que habló del papel de la mujer en el organismo, donde solo un 25% de los puestos más altos están en manos femeninas. E insistió en que los estudios demuestran que la igualdad fomenta el crecimiento económico.

El artículo no se limita a señalar un problema. También sugiere un camino para paliarlo. Propone a los Gobiernos de los países en vías de desarrollo invertir en infraestructuras, seguridad y servicios como agua o electricidad para descargar de trabajo a las mujeres. Y sugiere a todos los países del mundo mejorar la conectividad digital. Es otra forma de impulsar una mayor participación de la mujer en el mercado laboral no oculto. El que computa en las estadísticas.

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