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Debbie Harry, musa olfativa del rock

La cantante celebró con un concierto en París los 10 años del perfume Black XS de Paco Rabanne, del que es imagen junto a Iggy Pop

Debbie Harry en la fiesta de Black XS Records en París. Ampliar foto
Debbie Harry en la fiesta de Black XS Records en París. GALLAGAN/PACORABANNE

Fueron 15 minutos. Llegaron precedidos de una reverencia y culminados con una muy apropiada despedida a la francesa. Debbie Harry, la vocalista de Blondie, aquella banda surgida en el Nueva York de los setenta que perfumó las paredes del mostrenco CBGB, era la principal atracción de la noche en que se celebraba la nueva etapa de Black XS Records, el sello musical fundado por Paco Rabanne. Ante una audiencia formada por poco más de un centenar de elegidos para devorar canapés y en el segundo piso del parisino La Gaite Lyrique, antiguo teatro, hoy centro cultural multiusos, la rubia más rubia de la historia del pop paseó con dignidad y porte desafiante sus 69 años. Imagen junto a Iggy Pop de la nueva edición de Black XS, que el año que viene lanzará la casa francesa con el fin de celebrar una década tratando de descifrar los códigos olfativos del rock. Harry salió al escenario acompañada por un guitarrista y un teclista, con cuyos estilismos se podría llenar un curso entero en cualquier máster de escuela de moda.

Arrancó con una ralentizada versión de Denis que despertó algo dubitativa y finalizó triunfal. “Hace siglos que no la toco, pero hoy debía hacerlo”, bromeó la mujer. Pero Harry, aunque se mueve como la señora mayor que es y se enfurruña cuando algo no la convence, ha decidido mantener una relación ambivalente con el paso del tiempo. Se viste con transparencias, exhibe un porcentaje notable de pecho y, si quiere baila, y si no, simplemente señala. Está espléndida. Mucho más de lo que ella piensa.

Paco Rabanne celebra la nueva etapa de Black XS Records, su sello musical en París.
Paco Rabanne celebra la nueva etapa de Black XS Records, su sello musical en París. GALLAGAN/PACORABANNE

Su osado estilismo parecía en cierto modo un acto de reafirmación ante el hecho de que en los vídeos de promoción de los perfumes que se proyectaron durante toda la velada, las imágenes de Iggy eran casi todas actuales; en cambio las suyas databan de, como mínimo, 25 años atrás. Y así, para enfatizar aún más que ella no solo fue, sino que sigue siendo, interpretó un par de temas de Necessary evil, el único álbum en solitario que ha editado durante el siglo XXI. Para finalizar, una interpretación de Dreamin, el clásico de Blondie que, de la mano de sus jóvenes acompañantes, pasó de efervescente y juguetón tema new wave a baladón ochentero al estilo Bonny Tyler. Y Debbie se fue. De hecho, lo hizo de forma tan brusca que fue un verdadero shock constatar al cabo de un par de minutos que no iba a volver.

Antes de su actuación, Guy Ivory, la apuesta del sello Black XS para esta temporada —se rumorea que los aspirantes a entrar en la plataforma el año que viene deberán presentar versiones de clásicos de Iggy & The Stooges y Blondie—, subió al escenario para demostrar que se puede ser tremendamente joven y sonar exageradamente maduro. Si eso es bueno o malo, lo sabrán mejor sus padres. El chaval sonó compacto en su soul gelatinoso que remite a Lighthouse Family mucho más de lo que se podría desear. Guy es inglés y al ser entrevistado por el conductor de la gala logró responder a tres preguntas con una economía realmente apabullante: doce palabras, cuatro de ellas fueron la siempre refrescante ‘increíble’.

Más locuaces fueron los perfumistas, quienes también tuvieron ocasión de explicar sus experiencias en la formulación de las fragancias y la relación establecida con sus respectivas fuentes de inspiración: Iggy Pop para Fabrice Pellegrin, el creador de la edición masculina y lo más cercano que alguien de esta profesión ha estado en convertirse en una estrella de rock; Debbie para Emilie Coppermann, probablemente la mujer más guapa del mundo. Horas después, él era olisqueado por tres mujeres —parecía una escena de Entrevista con el Vampiro— en la puerta del local y ella bailaba como si mañana lo fueran a prohibir al ritmo de una música que poco tenía que ver con lo que podríamos entender como rock —Shakira, Beyoncé y demás ritmos urbanos pasados por la batidora que iguala los bpm’s para que hasta los más patosos y/o beodos puedan seguir el ritmo—, porque tal vez el rock ya no es tanto lo que muchos quieren escuchar o bailar y más lo que desean recordar, vestir o incluso oler.