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LSD, dar a luz en casa y aquel hito del rock español: habla Pau Riba, el último ‘hippie’

El músico catalán, que cumple 70 años y reedita el influyente 'Dioptría', cuenta cómo ha sido su "revolución ética", desde el franquismo hasta hoy

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“La primera revolución ética de la historia, la primera de carácter mundial, la primera perpetrada por jóvenes y la primera que, en vez de reivindicar poder político, ha reivindicado valores morales”. Así explica Pau Riba su sueño 'hippie'. En la imagen, con 21 años, en la época en la que grabó 'Dioptría'.

“Mis hijos mayores nacieron en mis manos sin ningún problema”, recuerda Pau Riba. Fue en Formentera, la isla a la que el músico había ido en los setenta para hacer realidad la utopía hippie. Esa revolución protagonizada por los jóvenes que, según sus palabras, ha sido “la primera revolución ética de la historia, la primera de carácter mundial, la primera perpetrada por jóvenes, la primera incruenta, y la primera que, en vez de reivindicar poder político, ha reivindicado valores morales”.

Uno de los principales preceptos de ese ideal hippie era la vuelta a la naturaleza, así que Pau y su pareja en ese momento, Mercè Pastor, decidieron tener a sus hijos Caïm y Pauet de forma natural. “Por muy racionales que seamos, no dejamos de ser animales y, si ellos lo hacen sin ningún tipo de control médico o técnico, nos sobraba toda la parafernalia impuesta por el complejo médico-hospitalario con que el sistema capitalista ha rodeado el asunto”.

Sin embargo, no resultó sencillo. No tanto por las cuestiones de higiene o de seguridad de la madre y los bebés, sino porque, fuera del entorno profesional, era imposible encontrar información sobre el tema. “El 99 % de los libros hablaban de los preparativos, de los consejos posparto y se saltaban el hecho en sí para dar pábulo al negocio de los médicos y enfermeras. Nos costó mucho, pero finalmente encontramos un libro que hablaba del parto y con eso tuvimos bastante. No nos hizo falta pedir ayuda de nadie y la experiencia fue maravillosa”. Aquellos dos niños, por cierto, formaron parte, ya de adultos, del grupo Pastora, con cinco discos hasta la fecha y un exitazo, la canción Lola.

“Me considero surrealista desde que, sobre los quince años, mis abuelos me llevaron a conocer a Dalí. Me trataba como el nieto que no tenía. Me hacía confidencias y me enseñaba los trucos de que se servía para sorprender al mundo”

El “nieto” de Dalí

Pau Riba nació en Palma de Mallorca en 1948, en el seno de una familia pequeño burguesa perteneciente a la aristocracia intelectual catalana. Su abuelo era el poeta Carles Riba, su abuela la poeta Clementina Arderiu y, entre los amigos de la familia, se encontraban personalidades como Salvador Dalí. “Me considero surrealista desde que, sobre los quince años, mis abuelos me llevaron a conocer a Dalí. Se profesaban mutuo respeto así que la relación vino rodada y nos entendíamos perfectamente. Me trataba como el nieto que no tenía y conmigo se quitaba la máscara que usaba socialmente para ejercer su personaje. Me hacía confidencias y me enseñaba los trucos de que se servía para sorprender al mundo”.

El ambiente en el que Riba creció resultaba tan creativo e inspirador, como conservador y puritano. Un entorno en el que todo eso de la revolución hippie no era desconocido, “porque era imposible no enterarse”, pero no del todo aceptado. “Al principio lo recibieron con indiferencia, luego con pasmo e incomprensión y, finalmente, y ante la realidad de los hechos, con tímida aceptación”.

Gracias a la música y al LSD, “que nos puso a todos en estado de gracia y nos hizo visionarios”, Riba y sus compañeros de generación pasaron del “sí, papá” a cuestionar la familia burguesa e intentar cambiar el mundo. “Era emocionante estar participando, de forma no beligerante, en el derribo del puritanismo absurdo y ridículo de nuestros padres para edificar una sociedad más acorde con el signo de los tiempos”, recuerda.

Ese cambio de paradigma fue calando también en la obra del músico que lanzó en 1969, y cuando tenía 20 años, Dioptría, uno de los discos clave de la historia de la música popular española, que ponía el foco en la ceguera de los adultos respecto de lo que estaba pasando a su alrededor. “Una dioptría es un término médico que indica hasta qué punto estamos cegatos y no vemos con claridad. El título quiere significar un ‘estáis ciegos, no os enteráis de nada’ en el sentido de: ‘Los tiempos están cambiando, pero vosotros seguís anclados al pasado”.

"El LSD nos puso a todos en estado de gracia y nos hizo visionarios”

Esa crítica que se materializó en dos discos, uno dedicado a la mujer (Dioptría/1) y otro al hombre (Dioptría/2), en los que ninguno de los dos géneros salían bien parados. “En el momento de crear las canciones, todavía era un adolescente encerrado en el huevo familiar en una sociedad machista, paternalista y belicista. Por eso me parecía más grave que la mujer acatara las actuaciones prepotentes del hombre que el hecho de que el hombre se comportara con esa prepotencia. Algo que tal vez respondía a que yo era hombre y llevaba incrustado ese virus secular del machismo tan difícil de erradicar. En todo caso, aunque el planteamiento fuera ese, acabó siendo un alegato contra la sociedad caduca en el caso del primero disco, y a favor de la utopía hippie, en el segundo”.

Cantautores 'hippies', galácticos y surrealistas

Riba ha escrito toda su obra en catalán, incluso en la época de Franco, cuando el uso de las diferentes lenguas del estado, a excepción del castellano, estaba proscrito. “El nacimiento de la nova cançó fue precisamente un truco para salvar la prohibición franquista. Alguien descubrió que, aunque no se nos permitiera hablar en nuestro idioma, no se atrevían a prohibir que cantáramos en él. Imagino que lo consideraban algo muy íntimo que era inútil o imposible prohibir. La prueba es que permitieron que se editara una extensa discografía en catalán”.

Aprovechando ese resquicio dejado por la dictadura, Pau Riba incorporó a sus canciones palabrotas, mofas a la monarquía o referencias explícitas a la república que, curiosamente, pasaron la censura sin ningún problema. “Creo que, por un lado, ni Jaume Sisa ni yo, que en este aspecto vamos en paquete, hemos sido activistas del asunto, como podían serlo Raimon o Lluís Llach, por lo que nos tenían catalogados como no conflictivos. Por otro lado, al ser ambos de tendencia surrealista, no captaban por dónde iban nuestros tiros. Es decir, no nos entendían y daban el visto bueno sin meterse a fondo. De todas formas, algunos de mis temas llevaron el sello de ‘no radiables’, aunque nunca fui muy consciente de ello”.

Portada de 'Dioptría', el disco que Pau Riba editó en 1969 y que ahora se reedita. Está cosiderado como una obra clave del rock español.
Portada de 'Dioptría', el disco que Pau Riba editó en 1969 y que ahora se reedita. Está cosiderado como una obra clave del rock español.

Pau Riba y Jaume Sisa se encontraron por vez primera cuando Jordi Batiste invitó al “cantautor galáctico” a un ensayo del Grup de Folk, colectivo de músicos fundado por Riba como respuesta al elitista Setze Jutges. “Le vi por primera vez ese día, pero conocerle me llevó algunos años más. Lo que sí estaba claro es que su aspecto no invitaba a engaño, porque es público y notorio que Jaume Sisa jamás ha tomado un tripi sino que, como Obélix, se cayó de pequeño en la marmita de la poción mágica”.

De hecho, fue un amanecer de LSD en la playa de Barcelona el que inspiró a Jaume Sisa Qualsevol nit pot sortir el sol, esa canción sobre una fiesta a la que acudían personajes del cine, del cómic y de los libros infantiles. Una fiesta que, como todas las fiestas, llegó a su fin, de igual modo que lo hicieron la década de los sesenta, el hippismo y la utopía de Formentera. “Hasta el paraíso acaba por aburrir. Formentera fue una gran experiencia hasta que la vida y el desamor nos separaron y la novedad ejerció su imperio y su atracción. Después del paraíso, quería experimentar el heavy metal y eso no cuadraba con Formentera. O eso creía yo”.

De esta forma, Pau Riba regresó en 1974 a Barcelona, ciudad en la que coincidió con la llamada gauche divine, que lo recibió con los brazos abiertos como si fuera una especie exótica. “Ejercía un poco como de su mascota. Era alguien que había vivido la revolución hippie, y estaban encantados de tener a un representante entre ellos. Y encima, yo era autóctono cien por cien”.

Pau Riba, en los setenta, practicando el surrealismo en plena naturaleza.
Pau Riba, en los setenta, practicando el surrealismo en plena naturaleza.

Electrificación y escándalo

Mientras que el paisaje virgen de Formentera había inspirado discos acústicos como Jo, la donya i el gripau, el entorno urbano de Barcelona dio lugar a trabajos híper electrificados como Electròccid àccid alquimístic xoc o Licors, a proyectos como la representación de Don Juan Tenorio en el mercado de frutas del Borne del 76 –en la que interpretaba a la mismísima Doña Iñés– y a actuaciones inclasificables, como la de Canet Roc del 77. Ataviado con un bañador de señora comprado en una gasolinera de camino al festival, Pau Riba protagonizó, junto al grupo Perucho’s, un espectáculo que provocó la ira del respetable. “Fue una provocación en toda regla. Lo sorprendente fue que el público se limitara a abuchear”.

Años después, Riba recuperaría la grabación de ese concierto y lanzaría Astarot Universdherba, un disco que se presentaba dentro de una lata de conservas, en la que también se incluían las reseñas negativas publicadas por la prensa musical aplastadas, una a una con el pie, por el propio artista. Una reacción que dejaba clara la posición de Riba sobre los críticos y aquellos que tienen el monopolio de lo que está bien o deja de estarlo.

“No creo en la educación, sí en la autoeducación. Creo que todos nos educamos a nosotros mismos, a partir de cómo optamos ante lo que nos vamos encontrando, que es algo que varía mucho entre individuos según sus circunstancias. Por eso, nunca me he privado de aconsejar, contestar preguntas o ayudar en lo que fuere a mis hijos, pero sin imponerme de forma tajante. Creo que la experiencia propia no sirve para nadie más que para uno mismo y cada cual tiene que ir sacando sus propias conclusiones”.

Madrid vs.Barcelona

“Era emocionante estar participando de forma no beligerante en el derribo del puritanismo absurdo y ridículo de nuestros padres para edificar una sociedad más acorde con el signo de los tiempos”

Durante los años setenta, Cataluña había sido el lugar donde pasaban cosas. Allí estaba el Bocaccio original, la sala Zeleste, el rock laietano, el festival de Canet, la Escuela de cine de Barcelona… Sin embargo, tras la llegada de la democracia, el foco se colocó en Madrid. Durante los años ochenta, la Movida lo capitalizó todo y los grupos catalanes que no cantaban en castellano apenas tuvieron cabida en las emisoras de radio, las cadenas de televisión, la prensa o los circuitos de salas. Tampoco Riba.

“Creo que se debió al péndulo de la historia y a la voluntad de Tierno Galván [alcalde socialista en la capital en aquella época], que desarrolló una política de fomento de la cultura joven. Además, estrenando democracia y recuperadas las instituciones catalanas, Jordi Pujol optó por una cultura no progresiva, que prefería centrar sus preferencias en la creación de un gran edificio de Teatro Nacional a la medida de Flotats y dejarse de canciones”.

Los cuarenta años de dictadura, los otros cuarenta de democracia y el casi cuarto de siglo de pujolismo, han hecho que Pau Riba se confiese cansado de política: “Procuro no entrar en esos temas. A ratos me mosquea, a ratos me asquea”. No obstante, tiene muy clara su posición sobre uno de los temas de actualidad desde hace varios meses: el referéndum de autodeterminación catalán. “Referéndum de autodeterminación y referéndum para todo. Estoy a favor del referéndum continuo que nos dé voz en todo. Tema a tema. No solo urnas para votar listas”.

A pesar de ese agotamiento con la política, Riba mantiene ese espíritu crítico, lúdico y contestatario de su juventud. Mientras que otros artistas de su generación se acercaron al poder para conseguir ayudas, puestos y prebendas, él prefirió continuar siendo ese hippie idealista que buscaba cambiar el mundo. Una actitud que ha provocado que sus discos, sus libros de poemas, sus ensayos, sus papeles en el cine y teatro o sus trabajos de diseño gráfico no hayan sido suficientes para merecer el reconocimiento de las instituciones en forma de medalla de Sant Jordi o de las Bellas Artes.

Pau Riba con uno de sus últimos libros en el Día de Sant Jordi, en Barcelona en 2016.
Pau Riba con uno de sus últimos libros en el Día de Sant Jordi, en Barcelona en 2016. Foto: Getty

“Me siento valorado por mucha gente, aunque comparativamente sea poca. Por eso, las instituciones me importan un comino. ¡Que les den!”, afirma un Riba con la agenda llena de proyectos entre los que destacan la reedición de Dioptría realizada por Munster Records. Una reedición que irá acompañada de una gira de presentación, cuyo inicio está previsto para el 12 de abril en el Teatre Joventut de l’Hospitalet y que, en esa primera cita, contará con invitados cuyos nombres se conocerán a medida que se acerque la fecha.

“También tengo prevista la salida de un disco hecho mano a mano con la Orchestra Fireluche y, para más adelante, un disco con Mau Boada i El petit de ca l’Eril. Además, estoy preparando una recopilación de mis poemas para Anagrama, la conclusión de dos trabajos literarios, uno sobre la música electrónica, otro sobre la historia del universo, y otros proyectos, como un disco con Pascal Comelade, que es cierto que aún está verde, pero no hay que olvidar que todo lo verde acaba por fructificar”.

Riba, a sus 70 años, no tiene intención alguna de retirarse... a pesar de que, más de cuatro décadas después, esos hijos que ayudó a alumbrar son ya padres y él, abuelo.

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