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Muros y molinos

China e Italia representan “ejemplos estelares de civilizaciones orientales y occidentales”

Xi Jinping y Giuseppe Conte antes de firmar el acuerdo este sábado.
Xi Jinping y Giuseppe Conte antes de firmar el acuerdo este sábado. Getty Images

Existen dos países equiparables en su aportación histórica a la cultura y progreso de la humanidad: China e Italia. Ambos representan “ejemplos estelares de civilizaciones orientales y occidentales”. Lo señalaba el presidente de China, Xi Jinping, en un artículo publicado en el Corriere della Sera unos días antes de su visita de Estado a Italia para sellar su incorporación a la nueva Ruta de la Seda china.

Italia, tercera economía de la eurozona, ubicada en el corazón del Mediterráneo y con numerosas instalaciones de la OTAN en su territorio, se ha convertido en el primer miembro del G7 en abanderar oficialmente el proyecto estrella de Pekín. La decisión, en plena guerra comercial y con la UE cambiando su percepción sobre las ventajas e inconvenientes de comerciar con China, ha generado un malestar patente.

A unas semanas de la próxima cumbre China-UE, la Comisión Europea acaba de emitir un informe en el que plantea por primera vez una crítica abierta a la estrategia de China y califica a Pekín de “rival sistémico que promociona modelos de gobierno alternativos”. Para Roma, las ventajas de este acuerdo resultan evidentes en el ámbito de la economía; “es un tren que no podemos perder”, declaró el ministro de Finanzas, Giovanni Tria. Pero también en otras áreas, como la colaboración estratégica en África, un continente en el que China ha realizado grandes inversiones y con una demografía en expansión que le afecta directamente por la vía de los flujos migratorios.

Ahora bien, por mucho que Xi Jinping aluda a la reciprocidad y hermanamiento de las dos naciones, la relación de simetría entre ellas se acaba en las aportaciones culturales a la historia de la humanidad. Italia, en recesión económica y con un nivel de deuda del 130% de su PIB, se encuentra en clara desventaja frente a la segunda economía del mundo.

En su estrategia de acercamiento a Europa, Pekín ha optado por potenciar la negociación individualizada con economías mucho más débiles mediante acuerdos bilaterales. Es el caso de la periferia vulnerable, países como Italia, Grecia y Portugal, necesitados de inversiones, y donde el euroescepticismo ha campado a sus anchas. También de la plataforma 16+1 que reúne a Gobiernos de Europa Oriental y Central e incluye a 10 miembros de la UE. Esta aproximación presenta un riesgo de desgaste de la soberanía europea al debilitar una estrategia coordinada hacia China que sí tendría un carácter simétrico.

Al ser preguntado por las posibles repercusiones de esta alianza, el responsable italiano de inversiones extranjeras, Michele Geraci, respondió con un antiguo proverbio chino, “cuando sopla el viento hay quienes construyen muros, y quienes construyen molinos... prefiero los molinos… porque el viento soplará”. Un movimiento arriesgado si implica romper filas con sus aliados tradicionales y principales socios económicos.

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