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Silvia de Suecia vivió en un campo de refugiados durante su infancia

Su hermano, Ralf Sommerlath, desvela ahora uno de los momentos más duros de los primeros años de vida de la esposa de Carlos Gustavo de Suecia, marcada por el pasado nazi de su padre

Los reyes de Suecia, Carlos Gustavo y Silvia, en Estocolmo durante las celebraciones del 73 cumpleaños del monarca.
Los reyes de Suecia, Carlos Gustavo y Silvia, en Estocolmo durante las celebraciones del 73 cumpleaños del monarca. GtresOnline

Ralf Sommerlath, hermano de la reina Silvia de Suecia, ha desvelado que parte de la infancia de su hermana transcurrió en un campo de refugiados instalado en lo que antes había sido un centro psiquiátrico. Este detalle desconocido de la vida de la esposa de Carlos Gustavo de Suecia ha salido a la luz durante una entrevista concedida por su hermano a la revista sueca Svensk Dam a finales de abril, que ha tenido una amplia repercusión en otros medios del país.

Sommerlath ha contado que su familia vivía en Heidelberg, Alemania, durante la II Guerra Mundial aunque su padre en esa época tenía establecida su residencia en Berlín, donde estaba al frente de una fábrica que fue bombardeada. Su madre, Alice, era brasileña y el matrimonio había residido en su país de origen donde nacieron sus hijos mayores, el propio Rafl, Walter y Hans, lo que motivó que todos ellos tuvieran la doble nacionalidad.

Ralf era el mayor de los hermanos y según su relato cuando la guerra empezó a complicarse para el bando alemán fue evacuado primero a Austria y después a Dinamarca. Era 1943. Cuando el conflicto acabó el joven intentó reencontrarse con su familia. Tenía 15 años y llevaba cinco sin ver a los suyos. El intento lo malogró la resistencia danesa que le detuvo y le confinó en un campo de donde fue liberado tiempo después.

Cuando por fin consiguió volver a Alemania Ralf Sommerlath supo que tenía una hermana de tres años, Silvia, la actual reina de los suecos, y se enteró de su tragedia: toda su familia se encontraba en un campo de refugiados que se había instalado en un antiguo centro psiquiátrico. Según sus declaraciones la vida allí era todo desesperación: “Había muchas familias que esperaban ser liberadas cuando la guerra acabó, pero los británicos no querían. Existían sospechas de que había nazis entre los refugiados, un hecho que terminó por resultar cierto”. Ralf se implicó directamente para intentar solucionar la situación de su familia y para conseguirlo viajó a Berlín para ponerse en contacto con la resistencia brasileña y comunicarle cómo se encontraban sus ciudadanos. No pudo hacerlo porque en esta ocasión fue el ejército soviético quien le detuvo.

Ralf Sommerlath (primero por la izquierda), junto a su hermano Walter y la esposa de este en la boda de la princesa Victoria en 2010.
Ralf Sommerlath (primero por la izquierda), junto a su hermano Walter y la esposa de este en la boda de la princesa Victoria en 2010. Cordon Press

Volvió a tener que esperar a ser liberado para que por fin pudiera reunirse definitivamente con su familia y juntos viajar en barco hasta Brasil donde según Sommerlath “comenzó su nueva vida”. Estas declaraciones, que han despertado curiosidad y cierto revuelo en Suecia porque descubren una faceta hasta ahora desconocida de su reina, han sido verificadas por la propia casa real. Margareta Thorgen, la jefa de prensa de la institución, ha manifestado que “los hermanos Sommerlath conocían esta historia pero que Ralf no había querido hablar sobre este tema con sus hijos y nietos. La reina me dijo que su hermano ya le había contado estos hechos anteriormente y que no quería recordarla, que la ha enterrado”.

Thorgen ha continuado sus declaraciones diciendo: “También entiendo de dónde proviene el fuerte compromiso de la Reina con los refugiados. Ella siempre dice que solo hay una manera de avanzar: ayudar. Pero ahora entiendo que su actitud proviene del hecho de que ella misma ha experimentado una huida".

La reina Silvia de Suecia descubrió que su padre,fallecido en octubre de 1990, había tenido vínculos con el partido nazi. Y no se escondió. Decidió investigar el pasado de su familia a pesar de haber admitido que enterarse de estas relaciones le había causado un fuerte impacto emocional. Cuando la reina se casó con Carlos Gustavo de Suecia en 1976, su padre, Walter Sommerlath, de origen alemán, negó que hubiera sido miembro del partido que encabezaba Adolf Hitler. No fue hasta 2002 cuando su hija, ya convertida en reina de Suecia, descubrió sus implicaciones nazis a través de un reportaje publicado en una revista sueca.

Al principio se negó a admitir la veracidad de los hechos pero finalmente tuvo que aceptarlos. En un documental emitido con motivo de su 75 cumpleaños, Silvia de Suecia, reconoció finalmente la veracidad de unos hechos que durante años le habían costado admitir pero de alguna manera trató de comprender a su progenitor: “No trato de restar importancia al hecho de que se convirtiera en miembro del partido nazi, pero quizás habría que pensar ¿por qué lo hizo? Él y muchos otros no sabían qué pasaría después. Si lo hubiera sabido no creo que lo hubiera hecho”. De hecho en las investigaciones que la reina sueca llevó a cabo sobre los negocios de su padre, director de una empresa confiscada a un judío berlinés, se descubrió que Walter Sommerlath nunca había sido soldado ni había sido activo políticamente, e incluso aparecieron documentos que probaban que había ayudado a un empresario judío, Ernst Wechsler, a huir de Alemania intercambiando la propiedad que él tenía en Brasil por la empresa que Wechsler tuvo que abandonar en Alemania.

Suficiente para que su hija manifestara con motivo de su septuagésimo quinto cumpleaños: “Han pasado 30 años desde que mi padre murió, creo que es suficiente. Quiero decir a los suecos que estoy satisfecha, sé que mi padre no es la persona que la gente ha dicho que era”.

 

 

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