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BLOGS Coordinado por Carolina García

‘El método Kominsky’: aprender a envejecer a través del humor

La serie, protagonizada por Michael Douglas y Alan Arkin, muestra la cotidianidad de hacerse mayor

La televisión no olvida a la edad de oro. El método Kominsky, una producción de Chuck Lorre (creador de Dos hombres y medio y The Big Bang Theory) emitida en Netflix, es una serie sobre dos hombres mayores. Ni más ni menos, y de sobra suficiente para convertirse en una obra maravillosa para aprender a reírse de todo. Entre el drama y la comedia, como la vida misma, el productor y guionista, de 66 años, aborda la cotidianidad de envejecer con un escenario de artistas de lujo.

Michael Douglas, de 74 años, y Alan Arkin, de 85, se incorporan al elenco de actores de cine que se atreven con la pequeña pantalla y protagonizan, aunque le quiten 10 años a sus personajes, esta producción sobre cómo aprender a envejecer. Douglas interpreta a Sandy Kominsky, un actor reconvertido en profesor de arte dramático, y Arkin a Norman Newlander, su agente. Sin público en directo, quizás no te haga echar a reír (tampoco lo busca), pero la camaradería de esta dispar pareja funciona a la perfección, casi como una clase magistral. Capaz de mantener al espectador, independientemente de su edad, pegado a la pantalla durante los ocho capítulos de media hora que dura la primera temporada.

Los problemas de próstata, el miedo a la muerte, la incomprensión por el comportamiento absurdo de los jóvenes o la aceptación de los sueños perdidos, a simple vista, no parecen cosa de broma, pero funciona. ¿Cómo? Quizás porque las penas y molestias, por algún motivo, son más llevaderas cuando se comparten. Y, sobre todo, esta serie va sobre la amistad. El personaje de Arkin, ya asentado en la vejez, funciona como avanzadilla de un mundo desconocido al de Douglas, empeñado en seguir siendo joven, a pesar de las evidentes señales de que esa época ya ha pasado. A lo largo de la serie, poco a poco, vivirá su propio proceso de resignación. En el cuarto capítulo, Newlander comenta: “Cada vez que estornudo oigo un traqueteo, como si algo extraño se soltara”. “Sí, somos pasajeros de barcos que lentamente se van a pique”, responde Kominsky.

Así, con una combinación de diálogos reflexivos entre escenas creadas para descolocar al espectador, y en ocasiones a los propios protagonistas, esta dramedia está dirigida a todos los públicos. Los que afrontan la misma edad que los protagonistas se sentirán identificados, y puede que hasta reconfortados. Y a los que todavía les queda mucho o poco para encontrarse en esas situaciones, solo les queda aprender de la mejor de las maneras. La empatía, en cualquier caso, se logra desde el primer minuto con ambos protagonistas. Te sientas identificado tú mismo o no, siempre te vendrá alguien a la cabeza al contemplar las aventuras, o más bien desventuras, de esta pareja.

Con esta serie, Netflix cumple, al menos en parte, con una deuda que la industria debe desde hace tiempo a los actores que pasan de los sesenta y largos, a pesar de que cuando se estrenó pasó casi desapercibida entre el torrente de producción de la plataforma online. Según un estudio de la Universidad del Sur de California publicado en 2017, solo un 8,2% de los personajes recurrentes de las ficciones televisivas estadounidenses más seguidas superaba los 60 años. Sin embargo, un 19,9% de la población del país está por encima de esa edad. En España, según datos de Nielsen, la franja de personas mayores de 65 años pasa más de 50 horas a la semana viendo la televisión; la que más tiempo dedica.

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