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Tom Holland: cómo un chico que fue acosado en el colegio se convirtió en Spiderman

Esta es la historia del actor británico, de solo 23 años, que nunca volverá a ser un chaval normal. El 5 de julio estrena 'Spider-Man: lejos de casa'

Tom holland
Acostumbrados a verle enfundado en el uniforme de Spiderman, no sorprende verle de rojo, en este caso, con traje Louis vuitton.

Se quiere ir. No ahora mismo, no se trata de irse de Beverly Hills, ni de este hotel en particular o de este desayuno. “Este es el sitio más relajado donde he hecho una entrevista”, afirma. Es algo más de fondo: Tom Holland necesita volver a casa. Por la manera en que lo dice, le está empezando a afectar anímicamente. La última vez fue para el funeral de su abuelo y estuvo allí exactamente un día. Eso fue hace cinco meses y desde entonces no ha parado entre rodajes y promoción. Y basta una mención casual al cielo nublado de esta mañana de mayo en Los Ángeles para que se acuerde de Londres: “Me voy a casa dentro de cinco días. Estoy desesperado por ir, ver a mis amigos, a mi madre, a mi padre y hermanos, y simplemente ser un chico normal durante un par de semanas”.

Acaba de cumplir los 23 y durante la mitad de su vida no ha sido un “chico normal”. Seguramente, nunca volverá a serlo. Desde hace tres años, Tom Holland es Spiderman, una franquicia que en seis películas ha recaudado 4.800 millones de dólares (unos 4.215 millones de euros) en todo el mundo. El próximo 5 de julio estrena Spider-Man: lejos de casa, la séptima película de la saga y la segunda con su nombre en el cartel. Además, ha repetido el personaje en tres cintas de Los Vengadores. La última de ellas, Endgame, va camino de ser la película más taquillera de la historia. Tom Holland es una megaestrella mundial a una edad a la que la mayoría de los actores están todavía en la escuela de interpretación, intentando arañar sus primeros papeles.

“Como hacía ballet la gente se creía que era gay. ¿Y qué si lo soy? No soy gay, pero qué importa. Para mí, hacer ballet era una oportunidad de pasar dos horas al día en un estudio con 30 chicas en mallas”

La versión de chico normal de Holland nace el 1 de junio de 1996 en una casa de clase media del Este de Londres. Continúa con un niño de cinco o seis años bailando en el salón una canción de Janet Jackson que le gusta mucho. Su madre decide apuntarle a clases de baile en una escuela llamada Nifty Feet, en la zona de Wimbledon. “Creo que Tom siempre tuvo el potencial de ser una megaestrella”, dice en un correo electrónico Lynne Page, la directora de esa escuela. “Es un actor increíblemente intuitivo y eso estaba ahí desde el principio”.

Page había colaborado en la coreografía de Billy Elliot, la película sobre un niño en una clase de baile. Fue una de las películas más populares del año 2000 y acabó convertida en un musical del West End. “Me parecía que Tom tenía el físico adecuado, el aspecto y la creatividad para hacer las pruebas para Billy”, dice Page. Holland fue a ver el show al teatro. Cuenta que le pareció imposible hacer aquello. Aun así se presentó a las pruebas. Algo vieron en él, porque primero le contrataron y luego le enseñaron a bailar durante dos años con los mejores profesores del país. Tenía 12 cuando debutó en el escenario, haciendo del amigo del protagonista. Era 2008 y Marvel ya había hecho tres películas de Spiderman con Tobey Maguire, películas que él creció admirando.

Tom holland
Tom Holland posa en lo más alto de la silla con camisa y pantalones de chándal Balenciaga y zapatillas Valentino.

Holland debutó en el cine a los 14 años en Lo imposible, de Juan Antonio Bayona. Habían pasado un par de semanas desde que acabó el tour de Billy Elliot cuando le contactó la directora de casting Shaheen Baig, que había visto un vídeo suyo en YouTube. “Creo que el encuentro con Bayona fue uno de los más importantes de mi carrera”, recuerda Holland. “Me metió en el mundo de la improvisación, que me ha servido mucho. Básicamente, pasamos del texto y él me dijo: ‘Improvisa, a ver qué pasa”.

En la prueba, hicieron una escena en la que él ayuda a su madre a subir a un árbol en medio del tsunami. “No me pude contener. Me emocioné y me eché a llorar. Conectamos enseguida”. Cuenta que Bayona le hizo pasar cuatro pruebas más, y cuando le dio el papel le dijo que sabía desde el principio que iba a ser él. Lo imposible fue una de las grandes películas de 2012. La cara de Tom Holland llegó a los cines del mundo entero junto a las de Naomi Watts y Ewan McGregor.

De pronto, había pasado de bailar en un escenario a varios metros del público a tener una cámara delante de la cara, de actuar con el cuerpo a actuar con los ojos. Volvió a Londres para hacer su examen general de secundaria (GCSE en inglés). Hizo un par de películas pequeñas, una serie de televisión y tuvo un papel en En el corazón del mar, de Ron Howard. Y, de repente, la vida de Hollywood se paró.

“Pasé por una fase en la que no salía ningún trabajo. Hacía pruebas y pruebas y no me daban nada”, recuerda. Su madre puso entonces en marcha un plan B. “Me mandó a Cardiff a aprender el oficio de carpintero, por si acaso lo de actuar no salía”. No fue un capricho: la familia de su madre tiene muchos miembros de este gremio. “Así que soy un carpintero cualificado, puedo construir una mesa, un aparador o lo que sea. Es algo muy útil”.

“Los chicos de 15 años somos en general idiotas, y yo no era así. Creo que por eso me acosaban en el colegio. Yo era diferente, era maduro”

Con 16 años tenía una carrera como bailarín, otra como actor y otra que le permitía hacer cosas con madera. Lo que no era ya es un chico normal. Pero tenía que volver al colegio. “Cuando lo hice era una persona mayor. Yo iba allí a trabajar, a concentrarme. Estaba acostumbrado a trabajar duro y en un entorno profesional”. Aparte, continuaba su entrenamiento como bailarín en los recreos. “Los chicos de 15 años somos en general idiotas, y yo no era así. Creo que por eso me acosaban en el colegio. Yo era diferente, era maduro”.

Holland no tiene un recuerdo feliz de esos últimos años de la escuela secundaria. “De los 14 a los 17 fue duro”. Tal como lo cuenta lo tenía todo para que se metieran con él. Encima bailaba en leotardos. “Como hacía ballet la gente se creía que era gay. ¿Y qué si lo soy? No soy gay, pero qué importa. Para mí, hacer ballet era una oportunidad de pasar dos horas al día en un estudio con 30 chicas en mallas”. Holland ganaba su propio dinero, trabajaba, era una cara conocida en Broadway y había hecho películas. El yerno de ensueño para una madre, el objetivo más fácil para un abusón. “Además, yo en el colegio era canijo. Vamos, que ahora no soy un cachas, pero entonces era canijo. A todo el mundo le llegó la pubertad cuando estábamos en el colegio y yo siento como si me hubiera llegado el año pasado. Fue una época en la que me avergonzaba. Ya sabes, el gimnasio, las duchas y eso no son mis recuerdos favoritos de la escuela”.

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Arriba, Tom Holland en 'Lo imposible', su debú en el cine con 15 años. Abajo, en su nueva película, 'Spider-Man: lejos de casa'.

De pronto, volvió el trabajo. Tres películas seguidas. Entre medias, comenzó el larguísimo proceso para convertirse en la nueva cara de Spiderman. Primero, envió dos grabaciones de sí mismo. Después, otras dos. Luego una prueba en Los Ángeles con la reina midas de los personajes de Marvel, la directora de casting Sarah Finn. Y, finalmente, una prueba de cámara en el estudio con Robert Downey Jr. Hasta ahí llegaron seis candidatos. “Hay una persona en mi carrera a la que siempre me he encontrado en pruebas de casting y que siempre me ha ganado. Estaba allí. Yo pensaba: ‘No, por Dios, aquí está otra vez, se lo va a llevar”.

Le explicaron que tenía que decir el texto exactamente como estaba escrito. Él contestó que prefería improvisar. “Y me dijeron: ‘No, te aprendes las líneas como están escritas”. No se juega con una franquicia estrella de Marvel y Sony. “Así que me las aprendí, por primera vez en mi carrera. Entonces llego al estudio, empiezo la escena con Downey y va y cambia la primera línea”. Holland pone cara de pasmo como para llevar a su interlocutor a aquel momento de desconcierto. “Me quedé como… ¿qué? Entonces yo cambié la segunda línea. Y él cambió la tercera y de pronto nos habíamos pasado diez minutos improvisando. Todo el mundo lo pasó bien”. Se fue de allí convencido de que le habían dado el papel. Le dijeron que se quedara una semana más por si acaso. Pasaron seis antes de recibir la llamada. Era Spiderman en Capitán América: civil war (2016).

“Cuando acabamos de rodar Civil war pensé que iban a despedirme. No sé por qué. En ese año y medio que pasó entre Civil War y el rodaje de Spider-Man: homecoming [2017] yo creía de verdad que iban a despedirme. Era demasiado bueno para ser verdad. Conseguir este trabajo era un sueño hecho realidad y no me podía creer que hubiera sucedido. Pensaba que en algún momento iba a volver a la realidad y me lo iban a quitar. Gracias a Dios no lo han hecho”.

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Solo tiene 23 años, pero Tom Holland lleva toda su vida en los escenarios. Debutó con 12 años en el musical ‘Billy Elliot’. Aquí viste cuello vuelto y pantalón Prada.

Con Spider-Man: homecoming inauguró su propia saga en 2017. Después, Vengadores: infinity war, Vengadores: endgame y la nueva Spider-Man: lejos de casa. “Si quieren que ruede diez películas de estas, las hago. Me encanta hacerlas. Me parece que puedo seguir haciendo este personaje hasta que se me quede joven. Mientras me quieran, estaré encantado de llevar la bandera hasta que se la pase al próximo chico con suerte al que le toque interpretarlo”.

Por el camino, conoció a Stan Lee, el creador de buena parte del universo Marvel, fallecido el pasado noviembre. “Cuando conocí a Stan, nos llevó a mí y a mi mejor amigo a cenar a un restaurante y nos contó de principio a fin la historia de Spiderman. Desde el principio hasta mí. Fue increíble, jamás lo olvidaré”. A Stan Lee le gustaba Holland para el papel porque su aspecto era juvenil. Con la cara de Holland, Spiderman era “un chico de instituto”.

A la edad de 23 años, cumplidos este 1 de junio, el inglés ha vivido la disciplina profesional y la exigencia física de dos años haciendo un musical en el West End. Ha aprendido a improvisar y llorar delante de una cámara con Juan Antonio Bayona. Sabe lo que es ser actor en paro y no ver claro su futuro. Y ha cargado sobre sus hombros la continuidad de una franquicia milmillonaria, un trabajo de altísima presión, rodeado de compromisos de publicidad y prensa. Y si todo fallara y su carrera se fuera al garete mañana, además de ser carpintero, sabe de golf. “Es mi vicio", dice.

Tom Holland es el hijo mayor del cómico británico Dominic Holland y de la fotógrafa Nicola Frost. Tiene cuatro hermanos. En el último viaje de promoción ha estado acompañado todo el rato por uno, Harry. La familia al completo lleva una ONG llamada The Brothers Trust con la que recaudan dinero para otras organizaciones pequeñas. Holland habla de ello como el trabajo que más le llena en la vida.

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Después de protagonizar ‘Lo imposible’, Holland tuvo un parón en su carrera del que salió gracias a Spider-man. aquí posa con sudadera Louis Vuitton.

Para alguien tan joven que lleva cinco años sin parar, esa familia ha sido un ancla con la realidad. “He tenido momentos en estos últimos cinco años en los que sentía que me estaba perdiendo dentro de esta industria. Es muy fácil dejar que te absorba este mundo de las celebrities, especialmente cuando estás aquí, en Los Ángeles. Mi familia ha hecho un gran trabajo no dejando que me pase eso. Me mantiene con los pies en el suelo. Soy el mismo chaval que hace cinco años, solo que un poco mayor. No hay ninguna diferencia en mi estilo de vida o en lo que hago. Tengo mucha suerte de tener hermanos y una madre y un padre que me bajan los humos sin cortarse cada vez que hago el capullo, que es bastante a menudo”.

"Me han enseñado que trabajas para vivir, no trabajas para trabajar”, dice, convencido. Así es como ha llegado Tom Holland la estrella hasta esta mañana nublada de mayo en Beverly Hills en la que no puede esperar para irse a casa con su familia para sentirse normal.

Es jueves. El domingo cuelga un mensaje en Instagram desde el asiento del avión diciendo a los fans que va a desaparecer dos semanas. Sus agentes tienen orden de olvidarse de él. Va a jugar al golf. Dice que va a hacer una barbacoa enorme con sus amigos “para celebrar el verano británico” en una casa que se acaba de comprar en Londres y en la que viven todos juntos. “Van a ser dos semanas de vacaciones de quedarme en casa. Seguro que se cuelan cosillas del trabajo aquí y allá. Pero me voy a tomar un descanso muy merecido. Estoy superemocionado de ir a ver a mi familia y relajarme”. Solo durará dos semanas.

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