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Un embarazo real que se convirtió en una película sobre las incertezas de los mileniales

La película Los días que vendrán se rodó en el mismo edificio en el que viven los actores protagonistas, Verdaguer y Rodríguez.
La película Los días que vendrán se rodó en el mismo edificio en el que viven los actores protagonistas, Verdaguer y Rodríguez.

IR A CASA de María Rodríguez y David Verdaguer tras ver Los días que vendrán es una experiencia curiosa en la que se mezclan vida y cine. El edificio del barrio de Sant Pere de Barcelona en el que vive la pareja es el mismo que sale en la película —se rodó en el 3º 1ª, y su casa está en el 3º 2ª—; abre la puerta el padre de María, que en la película hace de padre de su personaje, Vir, y por allí anda también Lupe, que en la cinta es Zoe, la niña que esperan los protagonistas.

El filme, que se estrenó a finales de junio tras ganar el premio a la mejor película y a mejor actriz para Rodríguez en el Festival de Málaga, partió del embarazo real de la pareja. El director Carlos Marqués-Marcet, que también es su vecino, vio ahí la oportunidad perfecta para cerrar la trilogía que ha rodado con su musa, David Verdaguer, sobre las incertezas de los mileniales maduros, los nacidos a principios de la década de los ochenta.

La pareja trazó algunas líneas rojas. Pocas. Que no rodarían el parto real de María —el que se ve en la pe­lícula es el de una voluntaria que dejó entrar al equipo en su paritorio, y el equipo médico que aparece es real, del hospital Sant Joan de Déu de Barcelona— y que no se interpretarían a sí mismos. “Desde el personaje era más fácil hacer el amor, practicar un cunnilingus o llorar a moco tendido. La máscara te aleja lo suficiente para poderte acercar el triple”, cree el actor. Si en el filme la unión entre ambos se resquebraja, en la vida ocurrió todo lo contrario. “Nos fue muy bien el rodaje, así podíamos hablar de otra cosa que no fuera la niña”, admiten.