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Los nuevos guerreros masáis no cazan leones

Un grupo de jóvenes en Kenia sustituye como rito de paso la tradición de cazar felinos por la formación como agentes forestales y contra el furtivismo

viaje a kenia
Dos de las jóvenes que participan en un programa para evitar la caza furtiva de animales en Kenia.
Parque Nacional Tsavo (Kenia) / Santa Cruz de Tenerife

La comunidad masái es una de las más de 40 presentes en Kenia, el país más rico en diversidad étnica de esta región oriental africana. Durante más de 500 años, han celebrado un rito de paso de la adolescencia a la edad adulta que consiste en cazar un león; una práctica que va perdiendo peso en su cultura ante las leyes que protegen a animales en peligro de extinción, como estos felinos. Pero también va desapareciendo debido a otras iniciativas como las Olimpiadas Masáis, que proponen el deporte como alternativa; o, de manera más continuada, sustituir la tradicional caza por una formación para convertirse en agentes forestales y proteger no solo a estos animales, sino a la totalidad de la fauna presente en la zona.

Patrick Papatiti, jefe de seguridad del Servicio de Vida Salvaje de Kenia (KWS), en el Parque Nacional Tsavo, se vio en la circunstancia de elegir entre el animal o su sustento: “En mi caso fue casual; un león atacó el ganado de mi familia y tuve que matarlo”, relata. La posición social de guerrero, que conlleva el dar caza a este animal, no implica que se vaya a acometer ninguna acción bélica. Esta denominación se refiere al carácter originario de este pueblo que, se cree, migró desde el norte de África hacia el sur a lo largo del Valle del Nilo conquistando a los habitantes de las aldeas del camino y quedándose el ganado para sobrevivir a su viaje.

Hoy, situados en Kenia y Tanzania tras una progresiva desposesión de sus asentamientos históricos, su posición de guerreros ya únicamente les confiere la salvaguarda del ganado, uno de los pocos vínculos culturales que esta comunidad seminómada mantiene. Para los masáis, su rebaño siempre ha sido sagrado porque constituye su principal vía de subsistencia, una realidad que se mantiene. Sin embargo, Papatiti explica que se trata de una práctica tradicional que pone fin a los ritos de iniciación a los que se enfrentan los miembros masculinos de la comunidad hasta convertirse en adultos, momento tras el que ya se pueden casar y formar una familia.

A las mujeres, la tradición les reserva la construcción de las casas, las tareas del hogar y la artesanía. Pero en la actualidad se empiezan a encontrar ejemplos discordantes. Es el caso de Purity Lakara y Eunice Peneti, dos jóvenes que, junto a Papatiti, forman parte del equipo de 40 agentes forestales del proyecto TenBoma, promovido por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) con el respaldo de la Fundación TUI Care.

Elefantes en el Parque Nacional Tsavo, en Kenia. ampliar foto
Elefantes en el Parque Nacional Tsavo, en Kenia.

Para Peneti, la decisión de trabajar como guardiana de la naturaleza ha supuesto un proceso de cambio individual y de su entorno más próximo. “Queremos ser capaces de tomar nuestras decisiones. Cuando empezamos en este proyecto, nos decían que no podríamos, pero ahora lo aprueban. Nos ven patrullando y se dan cuenta de que podemos hacerlo y lo hacemos bien”. Su trabajo, señala más escuetamente Lakara, es proteger la vida salvaje a través de la comunidad. "Para nosotros es más fácil porque pertenecemos a ellas, somos chicas de la tierra”.

Mediante una combinación del conocimiento local y de desarrollo tecnológico, la iniciativa TenBoma busca detener la caza furtiva. En concreto, se trata de convertir en datos la experiencia de los que viven en el entorno y lo conocen, unida a información rastreable, como las huellas de los neumáticos o los restos de una hoguera. Todo esto se recopila de modo que la actividad furtiva pueda ser monitorizada.

A diferencia de otras reservas protegidas africanas, el Tsavo está exento de vallado, lo que supone, para alrededor del 8% de sus habitantes, convivir con animales salvajes

“Protegemos la vida salvaje de muchas formas. Patrullamos desde temprano cada mañana por el bosque para rastrear las huellas de los animales y asegurarnos que corresponden con los del tipo de especie que tenemos registrado, de esa manera podemos saber, al cabo de los días, si cada especie presente en el parque va a menos o a más", explica Peneti, que añade que su labor consiste en asegurar que la fauna esté a salvo y en conocer el número de cada especie.

Este nuevo enfoque aplicado en el Parque Nacional Tsavo, al sur de Kenia, responde a la necesidad de actuar activamente, antes de que ocurra y no después, ante la amenaza contra la vida silvestre que persiste pese a la prohibición keniana contra la caza, presente en el país desde 1977. Porque se sigue cazando de manera ilegal a pesar del endurecimiento de las penas contra los furtivos, que pueden ser sancionados con multas de hasta 180.000 euros o condenados a cadena perpetua.

Con aproximadamente 42.000 kilómetros cuadrados, el parque Tsavo tiene casi el tamaño de Holanda. Allí habita el 40% de la población de elefantes de Kenia: más de 12.000 ejemplares cuyo número aumenta año tras año, con un incremento de 1.700 en el último censo. En el caso de esta área de conservación, la caza ilegal se ha reducido un 83% tras la puesta en marcha de TenBoma en 2014. Sin embargo, este aumento, que es tan positivo para el entorno, conlleva a su vez un daño colateral para la población que habita en el parque.

En el caso de esta área de conservación, la reducción de la caza ilegal ha alcanzado además un 83% tras la puesta en marcha de TenBoma en el año 2014

Tsavo está exento de vallado, lo que para alrededor del 8% de sus habitantes supone convivir con animales salvajes. Y esto es fuente de conflictos que no solo giran en torno a la seguridad, también con relación a la conservación de cultivos, ganado, y hasta para el acceso a la educación. “A veces los animales no dejan ir a los niños al colegio, especialmente en invierno, de mayo a agosto, cuando están en todas partes”, señala Rosemary Melishoza, jefa del KWS.

Por ello, el programa TenBoma implica también a la comunidad a través de formación y reuniones periódicas en las que se debaten posibles soluciones a esta situación. “Estamos en contacto con las comunidades y realizamos muchas actividades con ellas para que conozcan los beneficios de convivir con estos animales salvajes”, dice Peneti. De momento, han comprobado que algo tan sencillo como equipar a la población con una linterna y un silbato resulta eficaz.

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