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Amaia, su disco, 40 fans y un crítico musical: viaje de la ternura al sonrojo

Un experto en música acude a la fiesta de presentación del esperadísimo disco de la cantante navarra. Le requisan el móvil, se sienta y pasa por una montaña rusa de sensaciones

Amaia Romero, la ganadora más carismática de cualquier edición de 'Operación Triunfo', durante un concierto en Valencia el 7 de junio de 2019. En vídeo, Amaia habla sobre su primer disco.

“Esto es una mierda”. Acaba de irrumpir Amaia Romero (Pamplona, 1999) en escena. Estamos en una sala de los Teatros Luchana en Madrid, donde tiene lugar la primera escucha de su esperado disco de debut, Pero no pasa nada, horas antes de que esté disponible, hoy 20 de septiembre. El público lo conforman unos 40 afortunados fans. El evento ha empezado con casi una hora de retraso, o más o menos, porque tampoco parecía estar muy clara la hora en que debía arrancar la escucha.

Amaia, hasta ahora, ha sido esa concursante de OT celebrada por hacerlo todo tarde y bien. Hemos firmado un documento de cesión de derechos de imagen, que para los más jóvenes aquí tal vez sea lo único que vayan a firmar en la próxima década, porque visto como está el panorama, muchos contratos laborales o hipotecas no van a poder rubricar. También nos han requisado el móvil. Para el público de otro artista eso hubiese significado una afrenta, se hubiera armado un motín. Pero aquí la iniciativa se acepta de forma mansa y ordenada. Todo es inofensivo y mono, con esa vocación de "para todos los públicos" cada vez más complicada de encontrar en este mundo tan inestable y fragmentado. Ellos sabrán. “Lo siento mucho, es que… he tenido que salir porque… esto es una mierda. Lo siento”, insiste Amaia.

Nos devuelven los móviles y nos vamos con la sensación de haber escuchado algo que es el reflejo perfecto de lo que sucede cuando a un personaje se le piden muchas cosas y casi todas incompatibles

Después de cuatro temas de su disco de debut lastrados por problemas técnicos que hacen que en algunas canciones se haya ido el sonido hasta tres veces, la navarra ha decidido salir a dar la cara con ese desparpajo y ese rollo campechano que tanto celebramos en gentes tan dispares como miembros de la realeza o exconcursantes de talent shows. “¡No te preocupes!”, le gritan desde el patio de butacas.

Pero Amaia está preocupada. Algo abatida, sube las escaleras de la platea y se sienta en una de las últimas filas, desde la que responderá preguntas de los fans. La cosa parece una mezcla entre rueda de prensa espontánea y sesión de alcohólicos anónimos, si sustituimos la adicción al alcohol por, a saber, una a las gominolas o los helados de pistacho. Amaia es la anti Euphoria (recordemos: esa serie tan destroyer sobre adolescentes que tan buenas críticas tiene).

Lo que se ha escuchado del disco hasta le momento descubre una obra extremadamente naif, a ratos simpática, a ratos sonrojante. Arranca con una nana minúscula y deliciosa titulada Última vez. Su letra habla de ir en un avión que se va a caer y que esta va a ser la última vez. Filosóficamente es impecable. Será la primera y última vez en que una letra del disco pueda tener más de una lectura, que esté abierta a cierta interpretación que vaya más allá de algo así como: cantante está enamorada, en los temas pares le sale bien y en los impares, regular.

Portada de 'Pero no pasa nada', el primer disco de Amaia Romero.
Portada de 'Pero no pasa nada', el primer disco de Amaia Romero.

Para Amaia, la segunda persona del plural y ya no digamos la tercera tanto del singular como del plural, no existen. Musicalmente, esta pieza pequeñita también es de lo más logrado. Luego es el turno de Quedará en nuestra mente, el single que lanzó hace unas semanas y que, al principio suena como una mezcla entre The Ronettes y Los Planetas y, al final, es algo así como Karina con ansiolíticos. La melodía es impecable, la producción grandiosa. No tiene nada que la haga distinta a nada, pero funciona a la perfección, del mismo modo que si pones una taza con café en el microondas y lo calientas un minuto te sale un café calentito y rico. La siguiente, ya es como meter café soluble y olvidarse de sacarlo del cacharro. Y la de más allá, como meter la taza sin café y en un microondas desenchufado.

“Este no es el tema final. En el disco suena mejor”, se queja de nuevo Amaia. Al parecer, se están lanzando los temas desde un teléfono móvil y no se sabe por qué motivo, algunos no corresponden con las versiones finales que se escuchan en el álbum. Este nuevo parón se agradece: los dos minutos y medio de Nadie podría hacerlo pueden llegar a hacerse eternos. Amaia monta otra rueda de prensa con los fans. La conversación fluye y asusta un poco, más que nada porque uno descubre que algunas de las preguntas que estos formulan las ha hecho cualquier periodista cultural en más de una ocasión y es muy probable que se las hiciera a Amaia si la entrevistara mañana.

La cosa parece una mezcla entre rueda de prensa espontánea y sesión de alcohólicos anónimos, si sustituimos la adicción al alcohol por, a saber, una a las gominolas o los helados de pistacho. Amaia es la anti 'Euphoria'

Arranca el tercer acto después de que la cantante nos hable de su pasión por el grupo donostiarra La Buena Vida, confiese que ha producido parte del disco “sin casi saberlo”, nos diga que está ensayando ya para la gira, que para la foto de portada llevaba solo un tanga -ya se intuía en una foto de making of que subió a su Instagram- y que, a la siempre peligrosa pregunta de cómo se encuentra, responda explicando realmente cómo se encuentra. Resumen: ahora bien; no siempre bien; a veces mal; mañana igual regular; quién sabe. Entonces, casi a traición, empieza a sonar Quiero que vengas, el nuevo sencillo y otro de los momentos inspirados de este disco. El corte es un poco Astrud. Amaia nos cuenta que ha ido a muchos sitios de Navarra para rodar el videoclip. Y cuando se le olvida el nombre de un valle o una de esos castillos que ha visitado todos sonreímos.

Desafortunadamente, ya no hay más fallos técnicos hasta el final del álbum, lo que hace que escuchemos sin pausas un corte que es medio tiempo acústico con una letra que habla de imprimir cosas y hasta personas. Luego, uno que empieza como Marta tiene un marcapasos, de Hombres G, y que en un momento tiene a Amaia diciendo: “Son las 10 de la noche y ya casi es mañana”. Suponemos que la he escrito alguien que vive en Minnesota o en Gotemburgo.

La sigue una que se llama Cuando estés triste, un baladón hecho de conglomerado al más puro estilo La Oreja de Van Gogh. Y para acabar, Porque apareciste. De lejos, la mejor canción. Una especie de ranchera folk en la que Amaia suena a un cruce entre Leonard Cohen y Julieta Venegas. Y ahora, el vídeo de Quiero que vengas, que es a partes iguales Águila Roja y una promoción de Turismo de Navarra. En una secuencia del vídeo, la cantante aparece degollando a alguien. Los fans le preguntan luego sobre eso. “Me ha gustado un poco”, bromea ella. Inspirado en estas palabras, hoy más de uno se irá a la cama barajando la posibilidad de mañana negarse a poner la mesa.

Un disco de pop normal, interpretado de forma normal y dirigido a gente que, cuando le preguntas que destacarían de sí mismos, te responden: ser normal. La idea que teníamos muchos de ella no era esta. Pero igual lo que pasaba es que no teníamos, ni tenemos, ni idea

Nos devuelven los móviles y nos vamos con la sensación de haber escuchado algo que es el reflejo perfecto de lo que sucede cuando a un personaje se le piden muchas cosas y casi todas incompatibles. Sobre todo, si aún no sabe ni quién es como artista y casi como persona. Es injusto y hasta peligroso demandarle que sea, a la vez, la persona que le dé el éxito comercial que se le negó al indie español de los noventa, que lleve a una dimensión de autenticidad y amabilidad transgeneracional un programa como OT, que sea gamberra y desprejuiciada, pero también la novia que quieres para tu hijo o hija, que sea ella misma cuando toque y lo que toca cuando se lo pidan, que esté siempre demasiado enamorada como para perrear...

A Amaia se le ha endosado la responsabilidad de ser aquella joven que es lo que los mayores esperan que sean los jóvenes. Al final, lo que ha terminando saliendo de todo esto es algo normal. Un disco de pop normal, interpretado de forma normal y dirigido a gente que, cuando le preguntas que destacarían de sí mismos, te responden: ser normal. La idea que teníamos muchos de ella no era esta. Pero igual lo que pasaba es que no teníamos, ni tenemos, ni idea.

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