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El festival de cine que sí quiere a las mujeres

El Festival Internacional Cine Invisible Film Sozialak de Bilbao, que acaba de celebrar su 11ª edición con películas de 38 nacionalidades, apuesta por priorizar la mirada femenina

Cartel del documental 'En busca de un espacio'.
Cartel del documental 'En busca de un espacio'.

El número de directoras de largometrajes en España es muy inferior al de directores (29% de películas con liderazgo femenino frente al 71% masculino); las películas realizadas por mujeres suponen un 50% de monto económico inferior al de sus compañeros directores; ellas acceden a menos ayudas públicas para sus trabajos, y estas son más puntuales; y la brecha digital es, en este sector, de una gran anchura. Estos datos arrojados por la Asociación de Mujeres Cineastas y del Audiovisual (CIMA) en su informe de 2018 ponen sobre la mesa la gravedad del panorama cinematográfico en España en materia de género. 

Pese al jarro de agua fría que supone esta información, que concluye que el sector sigue estando fuertemente masculinizado, los de 2018 son los mejores datos de los últimos cuatro años. Así que en ese sentido, algo se está trabajando.

El Festival Internacional de Cine Invisible “Film Sozialak” de Bilbao es prueba de ello. De carácter social, el certamen, organizado por la ONGD Kultura, Comunicación y Desarrollo (KCD) desde hace 11 ediciones, se define feminista y desde sus inicios ha puesto en marcha una serie de medidas positivas para la promoción de las mujeres en el cine.

“Nuestro certamen se define por rescatar voces desoídas, porque las personas y comunidades cuenten sus propias historias, así que es imperativo promocionar la participación femenina. No se puede obviar que hombres y mujeres tienen cuerpos, vidas y problemáticas diferentes por lo que a la hora de hacer cine su visión, narrativas e historias son distintas y es un deber escucharlas”, explica Juan Carlos Vázquez, director del Festival.

Siembran en lugar propicio, pues el País Vasco cuenta con instituciones sensibles al tema, como el Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde. Sin embargo Vázquez señala que desde su organización se sigue haciendo un gran trabajo de sensibilización para que se entienda el desarrollo sostenible como algo más allá de la perspectiva económica, incluyendo la equidad de género pero también la interculturalidad y los derechos humanos como parte indisociable, y que conforman los ejes del festival.

¿Cómo se hace?

“Hablar de transversalizar el género y de promoción de las mujeres está quizás ahora de moda, pero no hace 11 años cuando empezamos; es una apuesta política”, dice Vázquez. Desde sus inicios, el festival aplica acciones positivas de equidad en la selección de las obras, en su difusión, en la presencia de mujeres cineastas y la conformación del jurado entre otras medidas como facilitar la conciliación ofreciendo un servicio de cuidado de niños y niñas durante los pases de películas.

“Los asuntos que tratan las mujeres suelen estar más enfocados a temáticas que son invisibles o invisibilizadas, como el cuidado, la maternidad... pero no siempre", dice Greta Frankenfeld, técnica de KCD

“El principal riesgo era no recibir obras realizadas por mujeres, pero el hecho de estar abiertos a todo tipo de géneros —ficción, animación, documental— facilitó el acceso a cineastas”, explica, pues como confirma el CIMA, el documental suele ser el formato preferido de las mujeres, al ser más flexible en rodaje y más barato en costes.

El certamen recibe un promedio de un 30% de trabajos realizados por mujeres (este año 442 sobre 1.343 obras recibidas), pero haciendo de esto un criterio positivo en la selección de las películas que entrarán en competición, se consigue que un 46% del total de obras seleccionadas sean femeninas. “No solo intentamos que haya obras de mujeres sino que el número de pases de sus películas en las 24 sedes (12 salas y 12 institutos y centros de formación profesional) en los que estamos presentes durante la semana que dura el festival, sea similar al de aquellas realizadas por hombres, lo que es un juego de aritmética, teniendo en cuenta otros factores de programación como el lugar, el público, la duración, etc”, comenta Greta Frankefeld, técnica de KCD-ONGD.

También se hace una discriminación positiva a la hora de invitar a realizadoras a presentar sus películas al festival, ya que desde KCD afirman que la valoración del público cambia “radicalmente” cuando el director o la directora participa al foro de debate organizado tras el visionado. “No se podían creer que una chica joven delgadita y rubita como yo hubiese sido capaz de habitar la tundra rusa durante dos meses, en un lugar perdido adonde he tenido que llegar en helicóptero, para filmar la vida de los renos”, explica Iuliia Kushnarenko, realizadora rusa, que ha sido galardonada con una mención especial por su documental Terra.

“El público del cine social es mayoritariamente femenino, por lo que el trabajo de género en este sentido se centra en atraer a más hombres”, explica Frankenfeld, que afirma tener una representatividad masculina media cercana al 40% de los casi 11.000 espectadores con los que cuenta cada año. “El cine de autor y de género en Europa sobrevive gracias a las mujeres”, completa Vázquez, por lo que cree que esto lo hace más sensible a las temáticas que a ellas preocupan.

“Los asuntos que tratan las mujeres suelen estar más enfocados a temáticas que son invisibles o invisibilizadas, como el cuidado, la maternidad... pero no siempre: cada vez tocan más temas generales pero desde una perspectiva diferente, una mirada que pone el foco en otra cosa” comenta Frankefeld. Esto explica Marie-Clémence Andriamonta Paes, realizadora del documental Fahavalo Madagascar 1947, que trata sobre la rebelión que hubo en la isla africana contra la ocupación francesa: “Una de las mayores críticas que he recibido por parte sobre todo de hombres es que no muestro escenas de las matanzas, de las represiones. Yo creo que no hace falta, cuando hay testimonios que hablan de camiones de muertos no hace falta verlo, uno se puede imaginar la gran cantidad de gente que eso supone: mi intención es llegar al corazón no a la víscera, y eso creo que es un punto de vista femenino”.

El Invisible propone un jurado por cada premio compuesto por dos mujeres y un hombre identificados por su recorrido en el sector que se premia —derechos humanos, interculturalidad, sostenibilidad—. Según Frankefeld esta medida “no garantiza nada pero asegura que haya una reflexión desde el punto de vista femenino sobre la temática y el tratamiento de la película”.

“Este año, de 11 premios, seis han sido entregados a obras realizadas por mujeres. Es decir, un 54%, pero el promedio varía cada año entre el 31% y el 72%”, explica, insistiendo en que “jurado y público,-que cuenta con un premio propio, es soberano”, por lo que los galardones al trabajo de las mujeres no está asegurado, recordando un año en que tan solo uno de los premios recayó en una.

El certamen dedica un premio específico a la mejor obra realizada por una mujer, financiado por el Instituto Vasco de la Mujer- Emakunde con 2.000 euros y un premio al mejor trabajo en la promoción de la equidad de género (y por tanto abierto también a hombres), dotado por el mismo monto gracias al Ayuntamiento de Bilbao. Las obras de esta sección deben provocar la reflexión sobre las desigualdades de género o proponer modelos alternativos al sistema patriarcal.

Para Vázquez una de las conclusiones de esta década de trabajo es que las nuevas generaciones de chicas tienen ganas de contar sus propias historias o al menos eso percibe en institutos y centros de formación profesional en los que dan talleres durante todo el curso. Para Frankefeld la alta frecuencia de premios que se otorgan a las mujeres cineastas (número de ellos entre número de obras presentadas por estas), dato que coincide también con los vertidos por el informe del CIMA, quiere decir que “si se les da el espacio, las mujeres presentan un cine de calidad”.

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En busca de un espacio

Marilyn Solaya junto a Juan Carlos Vázquez.
Marilyn Solaya junto a Juan Carlos Vázquez.

L.F.

Marilyn Solaya es una realizadora, actriz, guionista y productora cubana. No es la primera vez que pisa Bilbao: es una de las “conspiradoras” con las que la ONGD KCD teje hilos desde hace años en ese compromiso de transformar la sociedad desde una óptica violeta.

Solata es una de las ocho directoras de cine cubanas que han logrado hacer un único largometraje en el país, lo que ella justifica por la carestía de la industria cinematográfica y el difícil acceso de las mujeres. “Mientras mis colegas varones han hecho ya dos o tres películas, yo he logrado solo una. Pero es que, por muy formadas y profesionalizadas que estemos, sigue recayendo en nosotras las labores de cuidado familiar”, observa.

Solaya es activista por los derechos de las mujeres y forma parte de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades, compromiso que deja patente en su trabajo como cineasta dedicado a los asuntos más invisibilizados que conciernen a la igualdad de género.

El proyecto Todas pretende sacar a la luz la contribución femenina a la ciudadanía y a la nación cubana en un periodo invisibilizado de la historia que coincide con la República, de 1901 a 1959, previa a la Revolución social. Según la cineasta, en ese periodo Cuba, pese a ser una pequeña isla en medio del Caribe, fue “pionera en la consecución de los derechos de las mujeres en todo el mundo”. Y da datos: En 1912 se conformó el primer partido sufragista; en 1917 se aprobó la ley de la patria potestad; en 1918 se firmó la primera ley del divorcio de toda América Latina, el derecho al voto se adquirió en 1934, años antes que en muchos países de Europa que estaba en época de entreguerras, la ley del aborto data del 36…

“Con la Revolución en Cuba se dejó de hablar de feminismo relegando las reivindicaciones de las mujeres a un segundo plano. Sin embargo yo creo que no es contrarrevolucionario rescatar el feminismo, sino todo lo contrario. No me vale la excusa de que el patriarcado está presente en todo el mundo: nosotros hicimos la revolución social para tener una historia diferente, mejor”, afirma.

Para conseguir ser referente de las siguientes generaciones cuenta con diferentes herramientas. Las primeras son el documental “En busca de un espacio” y la exposición fotográfica homónima. Son el resumen del proyecto de investigación que precede a la película de ficción que se rodará el año que viene, financiada en parte por el Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográfica (ICAIC).

El documental de 52 minutos centra su atención en los clubes femeninos que organizaron tres Congresos Nacionales de Mujeres en 1923, 1925 y 1939 de alto nivel de reflexión y compromiso al que asistieron mayoritariamente mujeres blancas de clase alta, muchas de ellas universitarias, pero también de otros sectores como la prensa, ciencia o deporte. En él se destacan las diferencias sociales que existían entre ellas durante los primeros años del siglo pasado. "Las mujeres blancas luchan porque quieren trabajar; las negras siempre han trabajado, por lo que luchan por sus derechos, por tener un lugar en la sociedad", comenta una de las entrevistadas. Los testimonios se mezclan con fotografías de época, escenas de ficción que adelanta planos de la película y caricaturas tanto históricas como actuales, hechas expresamente para el filme como un guiño a este recurso tan usado en la cuarta ola del feminismo. Incluso se pueden reconocer de fondo cánticos grabados en las manifestaciones de Madrid del 8M.

Como guiño y vínculo con España, Solaya desvela que una de las protagonistas de la película de ficción que seguirá a este trabajo será la primera fotógrafa de Cuba, que fue una vasca. “Además en las subtramas aparecerá un grupo de pelotaris vascas y se contará la historia de la trata de mujeres gallegas en la isla”. La pieza documental recibió un galardón del Invisible, en Bilbao, certamen en el que Marilyn Solaya ya había sido premiada en anteriores ocasiones. “Mi obra es compleja, comprometida, incómoda para los festivales de alfombra, pero no para aquí”, afirma, pese a haber estado nominada a un Goya con su anterior largometraje de ficción, Vestido de novia.

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