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Cómo el heredero de una de las familias más ricas del mundo acaba organizando la exposición de un pintor manchego

Heredero europeo de un imponente apellido vinculado al poder y las finanzas, Philippe Guggenheim nos recibe en su galería de Marid y nos explica por qué eligió España y cuánto pesa un apellido tan reconocido en todo el mundo

Philippe Guggenheim
Philippe Guggenheim posa para ICON en su galería de Madrid.

"Mi abuela era una de las mayores coleccionistas de antigüedades de Francia. Y además, tuve la suerte de que mi madre me llevara a conocer museos por todo el mundo desde que era pequeño”, explica Philippe Guggenheim. A pesar de ello, sus primeras inquietudes se dirigieron hacia el mundo de los negocios. Estudió en Cambridge y trabajó en diferentes empresas como analista financiero. Hasta que en 2010, aunó los conocimientos que tenía de ambos mundos y se volcó en el mercado del arte como asesor.

Si yo estuviera sentado en una esquina sin hacer nada, fuera poco agraciado y me apellidara Smith, a nadie le importaría. Pero mi apellido viene con mucha presión. Y, a veces, me atacan solo por eso

Cuatro años más tarde, inauguró su galería, HG Contemporary, en Nueva York, a la que siguieron otras dos en Napa Valley y Madrid, en la que nos recibe. Para despejar las primeras dudas sobre su parentesco con la familia Guggenheim, toma un bolígrafo, un papel y escribe su famoso apellido en lo que será la cima del árbol genealógico que empieza a dibujar. Traza dos flechas hacia abajo: en una pone EE UU y en otra Francia. “La familia Guggenheim es originaria de Suiza. Alrededor de 1850, dos hermanos se marcharon a Estados Unidos y otros dos a Francia. Yo soy del lado francés”.

Hace dos años se vio envuelto en un escándalo cuando unos clientes le acusaron, entre otras cosas, de haberle pagado por un cuadro de Renoir que nunca recibieron. “Es importante saber las dos versiones porque solo se ha publicado una. Si yo estuviera sentado en una esquina sin hacer nada, fuera poco agraciado y me apellidara Smith, a nadie le importaría. Pero mi apellido viene con mucha presión. Y, a veces, me atacan solo por eso”.

¿Y cuál es su versión? “Unos buenos coleccionistas querían comprar un retrato de una niña de Renoir que provenía de una colección familiar. Mi trabajo es reunir a un comprador y un vendedor. Y hay veces que en el proceso alguien cambia de opinión o quiere más dinero. Yo puedo tener listos los documentos pero todo puede complicarse y eso está fuera de mi control. Ahora ya está resuelto”.

Philippe inaugurará el 15 de noviembre la muestra del pintor manchego Eduardo Barco. Parece satisfecho con su aventura española. “Amo esta ciudad repleta de museos y actividad cultural. Estoy convencido de que en el futuro, Madrid será aún más importante. Para el negocio sería más interesante estar en Londres, París o Hong Kong, pero yo quiero estar donde está la cultura”, afirma. Palabra de Guggenheim.

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