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Ir para volver

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HUBO UN TIEMPO homérico en que la riqueza nacía de la tierra y era para quien la trabajaba. Los bueyes iban y venían trazando surcos. De aquí nace “bustrofedón”, un adverbio griego que explica por qué la Mallorca de Bàrbara Mesquida Mora y Bàrbara Mora, su madre, puede leerse yendo y viniendo, del derecho y del revés, como el nombre de este vino. Recibir viñedos en un mundo agresivo, transformarlos al cultivo biodinámico y atreverse a intervenir menos en el campo y en la bodega para decir más habla de ir para volver. Acrollam Blanc 2018 es regreso sólido: un vino de hollejos, rústico y algo amargo, que tiene volumen y entidad liviana. Concentra los aromas y sabores de un atardecer soleado en el llano mallorquín: los rastrojos del trigo y la sombra del algarrobo; el hinojo silvestre y el poder de la higuera centenaria; el sol en la cepa y el aire de septiembre. Amabilidad, confort y transparencia. El vino es ágil como el cernícalo e intenso como sus viñedos. Presencia poderosa de un campo que sabe estar.

Ficha técnica

Mesquida Mora, Acrollam Blanc, 2018

– Vi de la Terra, Mallorca, 12,5%. Sobre suelos arcillo-calcáreos entre Porreres y Felanitx, las uvas blancas premsal (70%) y giró ros crecen en biodinámica y certificación ecológica. Despalilladas, fermentan por separado combinando el prensado directo, la maceración carbónica y el brisado, sin sulfitos añadidos. Se ensamblan y reposan unos meses en inoxidable. ­Precio: 14 euros.

Sensaciones

– Manzanilla seca en cuenco de barro. Flor de limonero para un vino que nos pregunta: ¿puede ser Mallorca la Arcadia que perdimos?

A través del cristal

– Tabla de madera y sacacorchos de cuerno de gacela, ambos de Alfons & Damián. Copa para vino blanco de la nueva serie Highline de Spiegelau, soplada a mano.