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Es él

No esperes que cambie. No va a hacerlo. La mejor vacuna contra la violencia machista la tiene una misma

Marcha por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el pasado lunes en Madrid.
Marcha por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el pasado lunes en Madrid.

Si te fulmina con la mirada en una reunión porque te hacen más caso que a él, o se lo imagine. Si te castiga con su silencio por alguna ofensa pasada, presente o futura que solo él percibe. Si te contesta que tú sabrás al preguntarle qué le pasa, qué le has hecho, por qué te hace eso. Si te trata con respeto ante otros y con desprecio a solas. Si te hace sentir culpable hasta el martirio de una falta que no has cometido, o aunque lo hubieras hecho. Si te agua tus éxitos y te atribuye sus fracasos aunque te ponga por las nubes en público. Si te hace burla o te ignora mientras intentas explicarle cómo te sientes. Si te reprocha que te miren, o que mires, o que te hablen, o que hables a alguien que no sea quien él bendiga. Si se da la vuelta mientras debatís y te deja hablando sola. Si te dice que eres lo que más quiere en la vida después de hacerte sentir como una mierda, y le crees, o no le crees, pero le perdonas hasta la próxima, porque habrá próxima. Si piensas que no volverá a pasar, pero vuelve a pasar otra vez, y otra, y otra. Si crees que quizá de verdad estés loca de tanto como se lo oyes decírtelo. Si alguna vez tu novio, marido o amante te hace sentir una, varias, o todas estas cosas juntas, huye urgentemente. Estás en peligro.

Es él. Es el maltratador en persona. Llámese como se llame, tenga la edad que tenga, dedíquese a lo que se dedique. Dan igual títulos universitarios, honoríficos, bancarios. No hay nada que se parezca más a un maltratador que otro. No hablo de lo bueno que seguro que tiene. Si no, no te hubieras enamorado. Hablo de claras e inequívocas señales de alarma. Si te ves reflejada, actúa. Sal del círculo. No esperes al primer insulto ni menos al primer golpe. Puede que no lleguen, pero lo que es seguro es que él arruinará tu autoestima, tu libertad, tu alegría de vivir, tu vida misma. No esperes que cambie. No va a hacerlo. La mejor vacuna contra la violencia machista la tiene una misma.

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