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Olivia Jade, la hija de Lori Loughlin, regresa a YouTube tras el caso de los sobornos en universidades de EE UU

La 'influencer' llevaba casi nueve meses sin publicar vídeos en su canal, pero advierte de que no le permiten hablar de la implicación de sus padres en la trama

Olivia Jade y Lori Loughlin, en Beverly Hills (California, EE UU), en febrero.
Olivia Jade y Lori Loughlin, en Beverly Hills (California, EE UU), en febrero. Chris Pizzello/Invision/AP

Olivia Jade Giannulli, de 20 años e hija de la actriz Lori Loughlin y el diseñador de moda estadounidense Mossimo Giannulli, ha reaparecido en YouTube después de casi nueve meses sin subir un vídeo a su canal. La joven, que se considera influencer,  cesó su actividad en esta red social durante todo este tiempo después de que se conociera la implicación de sus progenitores en el caso Varsity Blues, que también salpicó a Felicity Huffman, de Mujeres desesperadas, por sobornar a trabajadores de universidades de élite de Estados Unidos para que admitieran a sus hijos.

En el vídeo de dos minutos, titulado Hi again (Hola otra vez), Giannulli saluda a sus 1,94 millones de suscriptores y asegura que le gustaría hablar de todo lo que ha sucedido en su ausencia de la plataforma, pero por el momento no puede hacer referencias sobre el asunto legal que concierne a su familia. La joven, con un tono serio y algo nerviosa, cuenta que necesitaba volver a YouTube porque le gusta grabar vídeos y echa de menos el contacto con sus seguidores, por lo que esta nueva publicación es un anuncio sobre que retoma su vida como youtuber. Giannulli abrió su canal en verano de 2014, y se ha caracterizado por ofrecer contenido sobre moda y belleza, con trucos de maquillaje, peinados y estilismos, además de compartir algunos momentos de su vida diaria. En el último vídeo que publicó antes de que estallase el escándalo de los sobornos en centros universitarios, mostraba sus últimas compras: camisetas, zapatillas, pantalones... Y ya no se volvió a saber de ella; hasta ahora.

Olivia Jade, en su último vídeo de Youtube.

Sus padres, Lori Loughlin, conocida por la serie Padres forzosos, y el diseñador Mossimo Giannulli se declararon inocentes de formar parte de la trama organizada —constituida por 50 padres— para facilitar el acceso de hijos de familias ricas a universidades con gran prestigio en el país falsificando sus cualificaciones. El matrimonio fue acusado más tarde de conspiración para cometer sobornos federales. Todo este asunto ha afectado a la relación de pareja, según han manifestado fuentes cercanas a la familia a la revista People: "Este estrés está a punto de romperlos. (...) Sienten que son como David contra Goliat… ¿cómo te enfrentas al gobierno federal?"

El pasado mes de octubre, el fiscal del distrito de Massachusetts inculpó al matrimonio de haber conspirado en el soborno a empleados de la Universidad de California del Sur para asegurar la admisión de sus dos hijas, Isabella Rose y Olivia Jade Giannulli, por lo que habían pagado 500.000 dólares (más de 452.000 euros) en total en 2016 y 2017. Los nuevos cargos, en los que hay otros nueve padres acusados, también incluyen fraude postal y electrónico y blanqueo de dinero, según desveló la Oficina del Fiscal Federal de Boston. No obstante, la pareja sigue declarándose inocente.

Las dos hijas del matrimonio fueron admitidas como integrantes del equipo de remo, deporte que ninguna practicaba. De hecho, costaba imaginar que Olivia Jade Giannulli tuviese tiempo para las clases, el equipo y sus viajes como influencer, los cuales mostraba en YouTube y en Instagram, red social en la que acumula más de 1,3 millones de seguidores. La joven se llegó a vanagloriar en el perfil de que hablaría con los profesores para continuar con sus viajes o de que le interesaban las fiestas más que los estudios. Ahora, ninguna de las hermanas está matriculada en el centro académico.

Loughlin se enfrenta a más de 40 años de prisión, además de a una multa de 250.000 dólares (unos 226.000 euros). La actriz y su marido ya pagaron en abril un millón de dólares (poco más de 905.000 euros) de fianza para quedar en libertad tras prestar declaración ante un juez de Los Ángeles. El magistrado que se ocupó del caso permitió que la pareja pusiera su casa como garantía para poder pagar dicha cantidad.

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