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La infanta Pilar, el refugio de los borbones

Con la muerte de la hermana mayor del rey Juan Carlos se cierra una etapa en la que su casa se convirtió en el eje de la familia y se abren los interrogantes sobre su herencia

En foto, Pilar de Borbón y su hermano, el rey emérito, en el rastrillo Nuevo Futuro de 2015, en Madrid. En vídeo, perfil de Pilar de Borbón.

La infanta Pilar de Borbón falleció el pasado día 8 de enero haciendo gala de ese carácter espontáneo y resistente que siempre le ha caracterizado. Espontáneo porque ha sido capaz de bromear y decir lo que pensaba dentro de las limitaciones que le ha impuesto ser durante años la hermana, y después la tía, del rey de España. Resistente porque la temprana muerte de su marido Luis Gómez-Acebo a los 57 años a causa de un cáncer linfático, la obligó a enfrentarse en solitario a la crianza de sus cinco hijos y a vivir más con los pies en la tierra de lo que se le podría suponer a una nieta, hermana y tía de reyes.

La casa de la urbanización madrileña de Puerta de Hierro en la que se instaló la capilla ardiente después de su fallecimiento ha sido también, durante todos estos años, el núcleo duro no solo de la familia Gómez-Acebo, sino de los Borbón al completo. Allí se han celebrado reuniones, cenas, comidas, bodas, bautizos. Allí han vuelto temporalmente tres de los cinco hijos de Pilar de Borbón cuando se divorciaron. Y allí, también, acudía el actual rey emérito cuando buscaba calor familiar y un buen plato de esa comida casera que él mismo ha alabado en más de una ocasión.

La tristeza en el rostro de don Juan Carlos el día que se le vio despedirse públicamente de su hermana mayor reflejaba la unión que los vinculaba más allá de dimes y diretes convertidos en leyenda. Esos que afirman que la infanta Pilar albergó durante años el disgusto de que su hermano pequeño ocupara el trono que dinásticamente le correspondía a su padre don Juan de Borbón, más de 40 años después de que Alfonso XIII lo abandonara voluntariamente tras las elecciones municipales de abril de 1931, que se interpretaron como un plebiscinto entre monarquía o república.

La división familiar que provocó la decisión del dictador Franco y la aceptación de don Juan Carlos quedó atrás hace años. Todos en su familia afirman que Pilar de Borbón ha sido “increíble” como persona, hermana, tía, madre, abuela e incluso exsuegra. Así lo refleja al menos la buena relación que siguió manteniendo con algunas de las exparejas de sus hijos. José Miguel Fernández Sastrón, exmarido de su hija Simoneta y expresidente de la Sociedad General de Autores de España (SGAE), le seguía grabando la música que le gustaba, y la modelo Laura Ponte, exmujer de su hijo Beltrán, no pudo evitar las lágrimas al llegar al domicilio familiar poco después de su muerte.

Simoneta Gómez.Acebo con su hijo Luis, izquierda, y su hermano Bruno en el entierro de su madre, la infanta Pilar.
Simoneta Gómez.Acebo con su hijo Luis, izquierda, y su hermano Bruno en el entierro de su madre, la infanta Pilar. GtresOnline

También deja huérfana otra iniciativa que apoyó durante más de 40 años: la Asociación Nuevo Futuro dedicada a la protección de la infancia y la adolescencia, de la que era presidenta de honor.

Ahora son sus cinco hijos, Simoneta (51 años), Juan (50), Bruno (48), Beltrán (46) y Fernando (45), quienes se harán cargo de una herencia menos nutrida de lo que pudiera suponerse atendiendo a las informaciones que años atrás cifraron en unos 1.000 millones de pesetas (algo más de seis millones de euros) el dinero que legó su padre, don Juan de Borbón, a sus tres hijos. Una cantidad a la que, en el caso de la infanta Pilar se sumó el legado que recibió al morir su marido, abogado y empresario relacionado con el negocio del petróleo y con la cementera Asland, y recordado especialmente por el papel decisivo que jugó para que la colección Thyssen acabara en España.

La familia ha vivido holgadamente pero sin lujos desmesurados, de lo que da fe que la vivienda de Puerta de Hierro necesita, a juicio de quienes la conocen, “una buena reforma”. Las propiedades de la familia (el chalet de Puerta de Hierro, un piso de 300 metros cuadrados en la calle Velázquez de Madrid y su casa en la urbanización Sol de Mallorca, en la isla balear, se gestionan a través de una sociedad patrimonial, San Jacobo SL y el dinero familiar a través de una sicav (sociedad de inversión de capital que utilizan principalmente grandes fortunas familiares para gestionar su dinero y ahorrar en impuestos). Activos a los que hay que sumar varios fondos de pensiones a nombre de Pilar de Borbón y recuerdos y joyas familiares de las que se desconoce su destino futuro. Un legado que fortuna que no ha permitido a sus benefactores vivir solo de las rentas: “Todos trabajamos. Mi padre no quería vagos en casa”, dijo Simoneta Gómez-Acebo, la mayor del clan, en una entrevista hace ya algunos años. 

De izquierda a derecha, Juan, Beltrán y Fernando Gómez-Acebo.
De izquierda a derecha, Juan, Beltrán y Fernando Gómez-Acebo. GtresOnline

Ella lo hace como relaciones públicas de la firma Cartier. Tiene tres hijos de 28, 24 y 19 años y está divorciada desde 2019 del productor José Miguel Fernández-Sastrón, nieto del fundador de los grandes almacenes Galerías Preciados. Juan, de 50 años, es el artista de la familia. Su madre concretaba que era “el único artista de la familia”. Estudió Bellas Artes en la Universidad Rollins de Orlando, es compositor musical y pintor. Tiene un hijo de seis años, Nicolás, fruto de su matrimonio con la estadounidense Winstron Holmes Carney de la que se conoció su separación el pasado mes de mayo.

Bruno, de 48 años, se dedica a la consultoría inmobiliaria y está casado desde 2002 con Bárbara Cano con quien tiene tres hijos, Alejandro, Guillermo y Álvaro. En el mismo sector se mueve su hermano Beltrán, 46 años, quien se dedica a la compraventa de bienes inmuebles y a buscar grandes fortunas interesadas en los edificios más exclusivos. Después de años divorciado de Laura Ponte, con quien tiene dos hijos, Luis y Laura, contrajo matrimonio en 2016 con Andrea Pascual que se dedica a la comunicación de moda y es hija de un notario de Valencia que fue quien regaló a la pareja por su boda el piso de la calle Lagasca en el que viven. Juntos han tenido a su hijo Juan.

Y finalmente está Fernando, de 45 años, divorciado de la sevillana Mónica Martín Luque y de la periodista griega Nadia Halamandari, con quien se casó días antes de que naciera su único hijo, y cuyo matrimonio duró escasamente un año. Él, que ahora está centrado en el negocio de la telefonía, es quien vivía con su madre en la vivienda familiar de Madrid hasta su desaparición. 

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