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ANÁLISIS i

Hallada una “población fantasma” en los orígenes de nuestra especie

Cadáveres de niños enterrados hace 8.000 años en África aclaran el árbol evolutivo del 'Homo sapiens' y la expansión de las lenguas en el continente

Excavaciones en el refugio de Shum Laka, en Camerún, en una imagen de archivo de 1994.
Excavaciones en el refugio de Shum Laka, en Camerún, en una imagen de archivo de 1994.

En un viaje por África durante el cual ascendí con mi hermano al Kilimanjaro (que es, con sus 5.895 metros, la montaña más alta del continente), contratamos en Nanyuki un guía local que nos llevara al Parque Nacional del Monte Kenia. Al día siguiente, mientras lo esperaba con las mochilas en la esquina convenida, vi a nuestro hombre bajar del jeep y ponerse a hablar con un tipo rubio y de ojos azules, con pinta de sueco, que estaba unos metros más allá; cuando descubrió que se había confundido de persona, me confesó que él "veía a todos los blancos iguales". Para entonces había descubierto que a mí me pasaba lo mismo con los africanos; de forma que me parecía asombrosa, nuestro conductor podía distinguir a simple vista si una persona era kikuyu, kamba o luo, y no digamos somalí.

Al contrario que en Europa, la diversidad externa de los africanos se corresponde con una enorme diversidad genética. Si tomamos un europeo y comparamos su genoma, por ejemplo, con el de un aborigen de Nueva Guinea, éstos son más parecidos entre sí que cualquiera de ellos con un africano. Esto es debido a que los habitantes del resto de continentes derivamos de uno o varios grupos de humanos modernos que salieron de África hace menos de 100.000 años; pero obviamente no representaban toda la diversidad existente en ese continente en aquel momento. Es por este motivo que los linajes más antiguos de marcadores genéticos, como el ADN mitocondrial que se transmite por línea materna o el cromosoma Y que se transmite de padres a hijos se hallan siempre en África. Hace tan sólo seis años se descubrió el "Adán" genético que vivió hace cientos de miles de años en el oeste de África, aunque la primera pista de su existencia llegó desde América.

Hay compañías privadas que proporcionan un test de ancestralidad a sus clientes; en el caso del cromosoma Y, analizan una batería de posiciones cromosómicas que definen los principales linajes actuales como si fueran las ramas de un árbol que se hubieran diversificado a partir de un tronco ancestral. En 2013, genotiparon a un cliente afroamericano y se encontraron con la sorpresa que mostraba las mutaciones ancestrales para toda la batería. Es decir, tenía un linaje del cromosoma Y que era anterior a todos los descritos hasta el momento y que se ha denominado A00. El estudio subsiguiente de esta persona demostró que su linaje del cromosoma Y tenía una antigüedad de unos 250.000 a 300.000 años. Su genealogía familiar se remontaba hasta un esclavo de Carolina del Sur llamado Albert Perry (de ahí que a veces se le conoce como "cromosoma Perry"). Pero al cabo de pocos años, se descubrió que existe también en algunas poblaciones del oeste de África, aunque solo en Camerún se halla en frecuencias apreciables.

Excavaciones en el abrigo rocoso de Shum Laka (Camerún), en una imagen de archivo de 1994.
Excavaciones en el abrigo rocoso de Shum Laka (Camerún), en una imagen de archivo de 1994.

Esta zona de África es más interesante de lo que se creía. Por una parte, la zona de Camerún parece ser el origen de la denominada expansión de los pueblos de habla bantú. Se trata de una serie de grandes migraciones que tuvieron lugar hace entre 3.000 y 2.000 años y que pueden trazarse por la diversificación de lenguajes con una raíz común y por la expansión de la ancestralidad de estos emigrantes por todo el este y el sur del continente. La expansión de los pueblos de habla bantú está relacionada con el desarrollo de la agricultura y el uso del hierro y representa un paso hacia la uniformización genética del continente similar al que tuvo lugar en Europa con la agricultura en el neolítico.

Pero África conserva poblaciones muy diversas entre sí, y no hace mucho todavía debían de serlo más. En Nigeria, por ejemplo, se encontró hace décadas un cráneo muy primitivo llamado Iwo Eleru que ha resultado tener tan sólo 13.000 años.

En el trabajo que publicamos hoy en Nature hemos analizado el genoma de cuatro esqueletos procedentes de la cueva de Shum Laka, en Camerún, dos de ellos datados en hace 8.000 años y los otros dos en hace 3.000. A pesar de su localización cercana al origen de la migración bantú, no tienen relación con ellos; son algo distinto. Uno de ellos presenta un cromosoma paterno A00, o Perry, y es la primera vez que se encuentra en una muestra antigua. Lo que es más interesante de estos individuos es que presentan en parte una ancestralidad que no existe en la actualidad, y que hace tres años se había detectado también en el genoma actual de los Mende de Sierra Leona. Cuando se hallan señales genéticas de una población distinta de las actuales pero ningún individuo perteneciente a ésta se denomina población "fantasma".

Con el análisis conjunto de poblaciones actuales y restos antiguos, se ha podido modelar la diversidad africana de hace unos 100.000 años en cuatro grandes grupos: los cazadores recolectores de Sudáfrica los conocidos como san, antes mal llamados bosquimanos, los africanos del este con los derivados de su salida de África es decir, nosotros, los cazadores-recolectores de las selvas ecuatoriales llamados pigmeos y una población "fantasma" que debía de estar situada hacia el oeste del continente y que ha dejado rastros en algunas poblaciones actuales de la región y en Shum Laka. Quizás el cráneo de Iwo Eleru era uno de sus representantes. Estas cuatro ancestralidades han interaccionado y se han mezclado en proporciones distintas.

Lo que resulta evidente es que todavía queda mucho por conocer de la historia de África, tanto a nivel genético como arqueológico y paleontológico. Hace unos meses, el mayor estudio de ADN mitocondrial de poblaciones khoisán, pueblos africanos con un estilo de vida nómada basado en la caza y la recolección, sugirió que nuestra especie —Homo sapiensse originó en un idílico humedal situado al norte de Botsuana hace unos 200.000 años. Era una afirmación demasiado sencilla como para ser totalmente cierta. Nuestro trabajo, basado en ADN nuclear, que aporta mucha más información de ambas ramas, la materna y la paterna, dibuja una imagen mucho más compleja con una humanidad que tuvo al menos cuatro poblaciones originales, incluida la “fantasma”. La realidad es siempre mucho más complicada e interesante.

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