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Señales desde Davos

Desigualdad y cambio climático son los desafíos de la Cumbre, pero no los únicos

Pedro Sánchez llega al Foro Económico Mundial en 2019.
Pedro Sánchez llega al Foro Económico Mundial en 2019. ASSOCIATED PRESS

El Foro de Davos, que comienza hoy, tiene varios motivos de preocupación, que marcarán sin duda el tono y orientación de los debates. Uno de ellos, quizá el más obvio, es la situación de emergencia climática mundial. Su gravedad es de tal intensidad que bien merecería además una cumbre mundial extraordinaria para examinar no solo las causas del calentamiento global y sus tóxicos efectos sobre todos los habitantes del planeta, sino también una evaluación realista de la capacidad de las instituciones internacionales para imponer políticas de restricción de energías contaminantes y de consumo desbocado. La presencia de Greta Thunberg dará relieve mediático a las sesiones, pero es poco probable que el foro más conocido del capitalismo global alumbre vías concretas para mejorar la cooperación de las grandes potencias.

El crecimiento sin freno de la desigualdad y sus nefastas consecuencias sobre la estabilidad política tendrán un tratamiento prioritario en la cita. Es difícil imaginar un lugar más adecuado que el Foro para exponer el daño causado por las políticas desigualitarias, conscientemente aplicadas desde 2008, en la credibilidad de las instituciones democráticas, nacionales e internacionales. En Davos deberían tomar conciencia los dirigentes políticos y empresariales de que la economía global no es compatible, sin sufrir graves tensiones, con un abanico de desigualdad entre individuos y países como el que se ha desplegado durante los últimos 12 años.

Por eso hay que pactar políticas fiscales de redistribución de rentas a través de la aplicación de tasas e impuestos compensatorios. Los grandes grupos tecnológicos, como Google, Facebook, Apple o Amazon, se han ganado a pulso el descrédito entre los ciudadanos debido a estrategias tributarias evasivas y dañinas para las cuentas públicas de muchos países. Davos debería marcar el comienzo de políticas fiscales coordinadas para exigir los tributos debidos a quienes los evaden sistemáticamente.

No cabe esperar de Davos resoluciones prácticas para renovar el capitalismo. Pero sí es un altavoz potente para llamar la atención sobre los peligros que acechan a la economía mundial, desde el cambio climático, la desigualdad y la extensión del proteccionismo disolvente al estilo de Trump, las economías enquistadas en dictaduras o el estancamiento generalizado del crecimiento. Cabe esperar que en Davos aparezcan signos inequívocos de que los representantes del capitalismo global entienden la crisis del modelo de la economía mundial y están dispuestos a actuar en consecuencia.

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