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PRIMER ANIVERSARIO

Rusia recuerda a los tripulantes del 'Kursk'

Un año después de la tragedia siguen los trabajos para reflotar el submarino

Vidaievo (al norte del país) es el lugar elegido para las ceremonias en recuerdo de los soldados. Unos 300 familiares de los marineros muertos han participado esta mañana en una ceremonia fúnebre en dicho puerto del norte de Rusia. Estaba previsto también que se colocara una placa en del puente número 8, desde donde salió el submarino para la que sería su última misión.

Los familiares han asistido a una breve ceremonia, oficiada por el jefe de la armada rusa, almirante Vladimir Kuroyedov, junto al monumento construido en recuerdo de los tripulantes del submarino nuclear, según ha informado la agencia Itar-Tass.

Estaba previsto que después se trasladasen a la base desde la que el Kursk zarpó para el fatídico viaje, donde tendrá lugar un servicio religioso. También en San Petersburgo se celebrará un acto en memoria de la tripulación.

Secretismo militar

La tragedia del Kursk estuvo marcada, hace ahora un año, por el secretismo militar y las confusas y contradictorias informaciones de las autoridades. El hundimiento del orgullo de la Marina puso de manifiesto la miseria y el desgaste de las antaño poderosas Fuerzas Armadas rusas y abrió la primera brecha en la popularidad del presidente Vladimir Putin, con sus promesas del renacimiento de Rusia.

El sumergible atómico de última generación Kursk, de 154 metros de eslora, cinco pisos de altura y con capacidad para 24 misiles nucleares, se hundió por causas aún desconocidas el 12 de agosto en el mar de Barents, cuando participaba en unas maniobras navales, y se convirtió en tumba marina para sus tripulantes.

Siguen las incógnitas del accidente

Imágenes como las que mostraban a los buzos intentando rescatar los cuerpos sin vida de los soldados, o la inyección con sedantes a una madre que maldecía contra el Gobierno aún son recordadas. Sin embargo, las incógnitas siguen sin despejarse. Y el Kursk sigue en aguas del Ártico.

El Kremlin se ha visto obligado a poner en marcha una impresionante operación de rescate del submarino con ayuda internacional, la misma que Vladimir Putin rechazó en el primer momento de conocerse el accidente. La tarea debe terminar el 15 de septiembre, pero el secreto seguirá en el fondo del mar, ya que la Armada decidió cortar la proa del submarino antes de izarlo.

La razón oficial es que en la proa pueden quedar torpedos sin explotar que pondrían en peligro la seguridad de la operación y la vida de los buzos, aunque muchos creen que detrás de la decisión está el deseo de los militares de ocultar las causas del accidente, que según los especialistas se originó al chocar con otro buque ruso o al ser abatido por un misil durante las maniobras.

"La verdad debe ser tan terrible que su revelación provocaría una explosión social", asegura el diario Moskovski Komsomolets.