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La gran batalla europea sobre los impuestos a los titanes de la economía digital

La Eurocámara votará en marzo una reforma para unificar la base tributaria de las empresas con el objetivo de armonizar las reglas fiscales en la UE

La sede de Facebook en Dublín es la mayor de la compañía fuera de EE UU.

Vista desde cierta distancia, Dublín parece una ciudad sembrada de grúas. Por todos los barrios se levantan grandes edificios en obras, muchas de las cuales quedaron paradas por la crisis financiera que arrasó el país entre 2008 y 2012, años en los que el PIB acumuló una caída de más del 12%. No asistimos a una repetición del boom inmobiliario que desató aquella crisis; ahora todo lo que se construyen son oficinas ante la fuerte demanda de empresas extranjeras que quieren instalarse en la capital irlandesa.

En los antiguos muelles, cerca del puerto, se levanta el Silicon Valley de Dublín, en un viaje financiado por el Parlamento Europeo. En esa zona de la capital es donde empresas como Google, Facebook, Airbnb, Linkedin o Twitter han establecido sus sedes, en muchos casos las mayores que tienen fuera de EE UU. Una tendencia que ha impulsado la recuperación del empleo pero que “ha disparado el precio de los alquileres en toda la ciudad, ha agudizado la falta de viviendas y ha expulsado a la gente del centro de Dublín”, explica el corresponsal económico de la televisión pública RTE, Sean Whelan.

Hay muchos argumentos que explican la fuerte presencia de empresas extranjeras en Irlanda: el inglés, una población joven bien preparada, un sistema legal compatible con el estadounidense, su pertenencia a la Unión Europea, una agencia de regulación de medicamentos aceptada tanto por EE UU como por Bruselas... De hecho, el sector farmacéutico, con empresas como Abbot, GSK o Pfizer, lidera las exportaciones del país.

El 15% de los ingresos del fisco irlandés proceden de los tributos que pagan  las empresas

Sin embargo, por encima de todas las ventajas se impone su baja fiscalidad empresarial, con un tipo del impuesto sobre sociedades del 12,5% que puede verse reducido a un dígito con las deducciones por reinversión e I+D. A nivel mundial el tipo medio del impuesto sobre sociedades se sitúa en el 23% y en el 18,35% de media en el caso europeo, según datos de la Tax Foundation.

Un modelo que ha suscitado no pocas críticas, como las del eurodiputado holandés del Grupo Socialista, Paul Tang, que ha acusado a Google de pagar un 9% por sus ventas extracomunitarias pero apenas un 0,82% por las que hace dentro de la Unión y que en el caso de Facebook se reduce incluso a un 0,10%. “Irlanda y Luxemburgo son piratas fiscales”, dijo Tang ante el Parlamento irlandés. “Están robando la base fiscal a otros miembros de la UE”, aseguró, lo que les ha hecho perder según sus cálculos 5.400 millones de euros solo entre 2013 y 2015.

La Hacienda irlandesa recauda un 15% de sus ingresos de los impuestos empresariales (frente al 8% de media en Europa) y no está dispuesta a perder uno de los pilares de su recuperación, especialmente ahora que el Brexit va a encarecer sus exportaciones agrícolas y ganaderas a Reino Unido, su principal cliente. “La ventaja fiscal es verdaderamente importante y creo que el Gobierno hace bien en inquietarse ante el hecho de que la Unión Europea está usurpando nuestra capacidad de decidir qué política de impuestos consideramos que es mejor para nosotros”, subraya Frank Barry, profesor de Empresa y Economía Internacional del Trinity College.

Presencia digital

El Parlamento Europeo acaba de aprobar en comisión una reforma para unificar la base tributaria de las empresas, de manera que se unifiquen las reglas fiscales que se aplican a las compañías en toda la Unión y se tenga en cuenta la economía digital. Los eurodiputados quieren introducir el concepto de “presencia digital” en el sistema tributario, de forma que aunque la sede fiscal de una empresa esté en un país, la actividad a través de Internet de la compañía en otro país tribute allí donde se produce y “se eviten prácticas actuales de trasladar sus sedes a jurisdicciones con baja fiscalidad”, apunta el Parlamento.

La norma —“para crear un sistema fiscal del siglo XXI para la economía global y digital”, en palabras de la Eurocámara— será votada en marzo por el pleno del Parlamento y, a partir de ahí, la propuesta quedará en manos de la Comisión y de los jefes de Gobierno. La batalla se presenta dura porque los Tratados recogen que las decisiones sobre fiscalidad deben aprobarse por unanimidad. Al menos un no está asegurado.

Dublín vive un nuevo boom inmobiliario ante  la elevada demanda de oficinas en la ciudad

Lo cierto es que la fiscalidad empresarial fue diseñada para dar respuesta a la realidad económica de los años 20, cuando los negocios se basaban en su presencia física o legal en mercados locales, lejos de la realidad actual. El principio de que las compañías paguen allí donde se generan sus beneficios no es tan fácil de aplicar cuando las actividades son transfronterizas y los flujos de capital se mueven con gran rapidez.

Pero sus ingresos son igual, o más, necesarios que en sus orígenes para financiar carreteras o escuelas, según el argumento que defiende el ministro francés de Finanzas Bruno Le Maire. “Queremos una fiscalidad justa de los gigantes digitales que cree valor en Europa para 2019”, dijo en una entrevista a principios de este mes. No en vano, las grandes tecnológicas han podido desarrollar sus negocios gracias a las infraestructuras en materia de telecomunicación que ya existían. “No es posible, ni sostenible que hagamos tributar a la industria mientras miles de millones de beneficios de las tecnológicas se evaporan del suelo europeo".

Esa batalla amenaza con abrir otro frente europeo con la Casa Blanca de Donald Trump. “EE UU ve los intentos europeos de hacer tributar a las empresas dedicadas a la economía digital como un intento directo de reducir la competitividad de sus compañías y, especialmente con esta administración estadounidense, eso tiene el peligro de desatar una guerra comercial”, sostiene el profesor Barry.

Una cuestión de interés nacional

Irlanda es uno de los países más proeuropeos de la Unión. El 87% de la población considera positivo el proyecto europeo, según el Eurobarómetro. Solo un 12% de los ciudadanos considera que Irlanda debería seguir los pasos de Reino Unido y abandonar la UE. Pero eso puede cambiar si el modelo fiscal se ve atacado.

“Espero que los políticos en Bruselas tengan esto en cuenta. Si la capacidad de Irlanda de atraer multinacionales se debilita por decisiones adoptadas por la UE y eso lleva a Irlanda a buscar un nuevo acuerdo siguiendo el modelo británico, no cabe duda de que los lazos económicos de toda la Unión se volverían mucho más frágiles”, advierte el profesor Barry. Que esa posibilidad existe lo demuestra el hecho de que Nigel Farage, el líder populista que impulsó el referéndum por el Brexit, ha hecho campaña en los últimos meses en Irlanda por lo mismo. De momento, sin éxito.