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“Bolsonaro no va a ganar porque la mayoría no comparte sus ideas”

Fuera de la cárcel desde junio, la mano derecha de Lula cree que las elecciones de octubre serán "la mayor derrota de la derecha" en la historia de Brasil

Zé Dirceu
José Dirceu en el lanzamiento de su libro en Río de Janeiro.
Joboatão dos Guararapes (Pernambuco)

“Mucho gusto, soy Zé Dirceu. Perdón por la demora”. Así llega a la entrevista, con una hora de retraso, el hombre más poderoso del primer Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2006). José Dirceu (Passa Quatro, 1946) fue condenado a más de 30 años de prisión, aunque ha cumplido solo dos años y medio de pena. Conversa con Valverdedelcamino en el interior de un autobús con asientos-cama en Jaboatão dos Guararapes, al noreste de Brasil. En él viaja desde hace semanas para promocionar su libro, Zé Dirceu: Memorias volumen 1, una mezcla de historias políticas y de su experiencia en la cárcel.

El cofundador, junto con Lula, del Partido de los Trabajadores (PT) estuvo implicado en dos de los mayores escándalos de la historia política de Brasil: la compra de apoyos en el Congreso (conocido como Mensalão) y Lava Jato, el multinacional entramado de desvíos de dinero en la petrolera semiestatal, Petrobras. Está libre desde junio, después de una decisión de la Corte Suprema que le permitió recurrir su condena por corrupción y lavado de dinero. Pero no respira totalmente aliviado: “Siempre espero lo peor”. Dirceu, un hombre clave para entender la historia reciente de la política brasileña, se alegra, sin embargo, de ver que su partido puede volver a la presidencia con Fernando Haddad, segundo en las encuestas con el 22% de intención de voto.

Pregunta. Usted estuvo preso y Lula está en la cárcel. ¿Qué significa que las dos principales cabezas del PT estén en prisión?

Respuesta. Están en prisión, pero no paran de dirigir, de comandar, de participar...

P. ¿No es simbólico?

R. No es eso lo que dicen los electores.

P. Me refiero al partido.

R. Si la condena fuese justa... Quiero que alguien lo pruebe. A mí me inhabilitaron antes de cualquier investigación. Es un despropósito, una decisión política para echarme del Gobierno, de la vida política del país... Me condenaron por el caso Petrobras, [pero] es un disparate esa condena: me vinculan con cinco procesos. No hay ni una sola prueba de que yo esté relacionado con las licitaciones. Nadie prueba ningún tipo de intermediación, tráfico de influencias o participación mía en una licitación. ¿Que si he cometido errores? Sí.

P. ¿Cuáles?

R. Tenía que haber declarado un préstamo al fisco. Milton Pascowitch [empresario, considerado intermediario en sobornos] me pagó dos reformas [en casa] y no le devolví el dinero. Todo acabó siendo [un] soborno.

P. ¿Fue acertada la estrategia de priorizar la defensa de Lula hasta el último minuto, en vez de anunciar un sustituto en la carrera presidencial?

R. Sí, muchísimo. Tenemos el 20% de los votos. Y vamos camino del 30%. Lula acapara un 40% del electorado y Haddad puede lograr el 30%. No podemos renunciar a algo que es legítimo y legal, que es el derecho de que Lula sea candidato. El PT quiere y la mayoría de la población también. La culpa la tiene la Justicia, que cometió esa infamia de impedir que Lula pudiera presentarse como candidato. Segundo: el PT quiere a Lula como candidato y Lula quiere ser candidato. ¿Por qué lo retiraríamos? Y, en tercer lugar, desde el punto de vista de la estrategia electoral, era el mejor camino: mantener al electorado con Lula hasta el límite. Quien determinó el límite fue la Justicia, que nos dio diez días de plazo. Lo cumplimos y Haddad asumió el puesto. No creo que Haddad pierda o gane en función de eso.

P. ¿El ultraderechista Bolsonaro puede ganar las elecciones con la bandera anticorrupción?

Lula y Dirceu, el 16 de junio de 2005.
Lula y Dirceu, el 16 de junio de 2005. AFP

R. No. Eso no influye nada en sus votos. Nada. El 45% de los electores nos apoya. Él tiene otros 45%, que son los votos conservadores, de derechas, que ya no confían en el PSDB [Partido de la Social Democracia Brasileña, del expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002)] y que no ven opciones en los demás. O que confían en las tres ideas de Bolsonaro: que las mujeres tienen que quedarse en casa haciendo la colada, que tener una hija es una tragedia y que hay que matar a los delincuentes. El problema de Bolsonaro es del PSDB y del DEM [ambos, conservadores]. No tienen alternativas. Nosotros, sin Lula, tenemos a Ciro [Gomes, otro candidato de centroizquierda que marcha tercero en las encuestas] y a Fernando Haddad. Ellos no tienen a nadie. Han perdido la credibilidad en Brasil. Nosotros la tenemos. No contamos con la clase alta del país, ni queremos contar con ella.

P. Pero esa clase alta será necesaria para ganar.

R. Si de mí dependiera... Que recen para que esté bien lejos de ellos. Ya verás como no la necesitaremos. Van a tener que pasar por el aro. Es imposible que Brasil salga de la crisis sin que la renta, la propiedad y la riqueza de las clases más ricas se vean afectadas. Hay que terminar la concentración de renta.

P. Lula contó, a lo largo de sus ocho años de Gobierno, con una alta aprobación, con mayoría en el Congreso. ¿Por qué no se hizo una reforma fiscal en ese momento?

R. Porque no tenemos fuerza para hacerlo. Ni hoy ni mañana. Ellos [la derecha] priorizaron la movilización popular, la de ellos, la de la clase media, durante nuestro gobierno. Intentamos llevar a cabo la reforma tributaria, intentamos la reforma política... Lula lo intentó y Dilma [Rousseff] también. No fuimos nosotros los que no queríamos. No teníamos fuerza. Y Lula tuvo que tomar una decisión: ¿qué es prioritario? ¿Hacer una reforma política, solucionar el problema de las Fuerzas Armadas, solucionar el problema de la riqueza y de la renta o luchar contra la pobreza y la miseria, hacer crecer a Brasil, ocupar un espacio en América Latina, ocupar el espacio que Brasil tiene en el mundo? Él se decantó por la segunda opción.

P. ¿Por qué ahora será posible hacerlo?

R. Porque antes había margen de maniobra en el presupuesto del país para hacer políticas sociales. Ahora no hay ninguno.

P. ¿Qué salió mal en el segundo Gobierno de Rousseff?

R. No salió mal nada. Iban a echar a Dilma independientemente de si acertaba o se equivocaba, iban a hacerlo de cualquier manera: el 70% de la recesión se debe a la crisis política. No aprobaron su ajuste y promocionaron una agenda-bomba [medidas para el aumento de gastos]. Crearon una crisis política en un país en donde nadie compraba, nadie vendía y nadie prestaba.

P. ¿Por qué hay tanto odio y tanta polarización política en Brasil? ¿Que parte de responsabilidad tiene el PT?

R. El apoyo que tiene Lula y el crecimiento del partido en esta elección interconectan la memoria del legado del expresidente con las consecuencias del golpe [el impeachment de Dilma Rousseff, en 2016]. Vino el golpe, Lava Jato y el Gobierno de [Michel] Temer. Eso le costó muy caro, principalmente, al PSDB, que es el partido más rechazado en la actualidad [Geraldo Alckmin, candidato del partido, tiene un 8% de apoyo]. Hay un sentimiento de que hubo una injusticia con Lula, de que lo persiguen... Y cuando se dice que alguien es perseguido, uno ya no se pregunta por qué han acusado a esa persona de un presunto delito: uno parte del principio de que lo persiguen. Como no hay pruebas concretas contra Lula, el sentido común entiende que no hay pruebas. Así que creo que ellos [la derecha] han perdido. Históricamente creo que es la mayor derrota de la historia de la derecha en Brasil.

P. ¿Cree que es posible que el PT gane las elecciones y no logre asumir el poder?

R. Me parece improbable que Brasil camine hacia un desastre total. La comunidad internacional no lo va a aceptar.

P. ¿Un Gobierno de Bolsonaro sería igual al de Temer?

R. No. Bolsonaro es Temer más el retroceso cultural y el autoritarismo no democrático. El Gobierno de Bolsonaro con [el asesor económico] Paulo Guedes [ultraliberal] trae euforia. Pero eso no funciona en ningún sitio. A Argentina la teníamos como modelo hace un año y ahora mira cómo está. Brasil tiene una ecuación que hay que resolver: el Estado de bienestar y la distribución de la renta no caben en la estructura tributaria, bancaria y financiera que existe hoy porque se apropia de la renta. Tenemos los intereses reales más altos de toda América Latina.

P. ¿Cree que es posible que se produzca un nuevo golpe militar?

R. Lo considero muy remoto. No creo.

P. ¿Ni mediante un posible gobierno de Bolsonaro?

R. Bolsonaro no va a ganar las elecciones.

P. ¿Por qué?

R. Porque sus ideas no las comparte la mayoría del país.

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