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LA BRÚJULA EUROPEA ANÁLISIS i

Una Europa descabezada en medio de la tormenta

Las coaliciones en Alemania e Italia se tambalean; Reino Unido busca líder, España y Bégica tienen gobiernos en funciones y Polonia, Portugal, Austria y Grecia votan en breve

Jean-Claude Juncker, en la cumbre europea del pasado 28 de mayo en Bruselas.
Jean-Claude Juncker, en la cumbre europea del pasado 28 de mayo en Bruselas. REUTERS

La lista habla por sí sola.

En Reino Unido, Theresa May abandonó ayer la jefatura del Partido Conservador. La histórica formación, profundamente dividida, busca un nuevo líder en pleno tumulto del Brexit y con un país políticamente paralizado desde hace 3 años al menos.

En Alemania, la gran coalición de democristianos y socialdemócratas se tambalea entre el profundo sufrimiento de la CDU y la total hemorragia de votos del SPD, también descabezado desde hace unos días con la salida de su última líder, Andrea Nahles.

En Italia, la coalición gubernamental parece quebrada por la brutal inversión del equilibrio de fuerzas entre sus socios (Liga, en auge, y Movimiento 5 Estrellas, en declive) que las elecciones europeas han expuesto, mientras Bruselas eleva la presión por los desajustes fiscales en un grave pulso político.

En Austria, después del escándalo que golpeó a la ultraderecha (socio minoritario del Ejecutivo) y la moción de censura contra el primer ministro Sebastian Kurz, ejerce el poder un Gobierno de transición hasta las elecciones previstas en septiembre.

Bélgica afronta unas complicadísimas negociaciones para formar un nuevo Ejecutivo que probablemente durarán meses. Tras las elecciones de 2014, tardaron casi cinco meses. En 2010-11, más de un año.

España vive una situación diferente, con un PSOE reforzado en las urnas, pero también tiene Gobierno en funciones y un Pedro Sánchez expuesto a complicadas negociaciones dada la falta de mayoría parlamentaria.

En Dinamarca acaban de celebrarse elecciones, y los socialdemócratas también deberán encarar una compleja tarea para gobernar con estabilidad al haber logrado solo un 26% y teniendo discrepancias con algunos de sus socios de izquierda; en Grecia se vota el próximo 7 de julio; en Portugal, el próximo 6 de octubre y en Polonia la legislatura expira en noviembre.

Entre los principales países europeos, solo el presidente Macron se halla plenamente en funciones y con una mayoría sólida en Francia.

En medio de todo este escenario nacional, las instituciones europeas afrontan una transición enorme, en la que habrá que nombrar nuevos presidentes de la Comisión Europea, del Consejo Europeo, del Parlamento Europeo, del Banco Central Europeo y el Alto Representante para la Política Exterior.

En medio de todo este escenario, EEUU defiende de forma cada vez más agresiva sus intereses, China se proyecta de forma cada vez más asertiva –también en Europa- y múltiples problemas globales se recrudecen.

Hace 75 años, en el momento del desembarco en Normandía, la palabra central para los demócratas europeos era probablemente “valentía”. Hoy parece ser “compromiso”, en su acepción más noble de disposición al diálogo, empatía, comprensión de las necesidades ajenas. En definitiva, practicar la virtud del pragmatismo y la flexibilidad en la zona del terreno que no llega a las líneas rojas. Estas últimas hay que defenderlas. Pero las trazadas por los principios, no aquellas diseñadas por los intereses partidistas.

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