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Francia, un compromiso histórico con el Sahel

Unos 4.500 soldados franceses están desplegados en el Sahel en la operación Barkhane

El presidente francés Emmanuel Macron saluda a tropas francesas en Malí, en 2017.
El presidente francés Emmanuel Macron saluda a tropas francesas en Malí, en 2017. CHRISTOPHE PETIT TESSON

Para mostrar la importancia que Francia le da a la zona del Sahel, donde lidera el apoyo europeo a la lucha antiterrorista, no hay más que tirar de hemeroteca: el primer viaje al exterior de Emmanuel Macron fuera de Europa, en su primera semana como presidente francés, en mayo de 2017, fue a Malí. Este es el centro de operaciones regional galo en la lucha contra el terrorismo desde que su predecesor en el Elíseo, François Hollande, envió un fuerte contingente militar para ayudar al Gobierno interino a combatir los grupos yihadistas y tuareg que amenazaban la estabilidad del país. El vínculo continúa hasta hoy: en tanto que anfitriona de la cumbre del G7 en Biarritz el mes que viene, Francia ha extendido de forma inédita una invitación a los países del G5 Sahel (Malí, Níger, Chad, Mauritania y Burkina Faso).

La antigua potencia colonial en la región está a la cabeza de la cooperación militar internacional en la vasta franja de tierra que se extiende al sur del desierto del Sahara. La presencia uniformada francesa —4.500 soldados, del total de 7.000 desplegados en territorio extranjero— se enmarca en la operación Barkhane, lanzada el 1 de agosto de 2014 para reforzar la lucha de los países de la zona contra los intentos de apropiación de su territorio por parte de los grupos terroristas. Desde hace un año, el contingente galo está bajo mando del general de división Frédéric Blachon, que opera desde N'Djamena, en Chad. Además, Francia cuenta con tres puntos de apoyo permanentes en Gao (Malí), Niamey (Níger) y N'Djamena. También ha creado, con los Ejércitos aliados, bases de avanzada temporal en varios puntos más.

El esfuerzo galo en la región no es solo humano. También es el que más equipos militares ha puesto a disposición de los aliados regionales en la lucha contra el terrorismo, que se consolidó en julio de 2017 con el lanzamiento oficial de una fuerza conjunta antiterrorista del G5 Sahel. En total, Francia tiene desplegados en la región subsahariana, además de los 4.500 soldados, tres drones, siete aviones caza, 22 helicópteros, de seis a 10 aviones de transporte tácticos y estratégicos, 260 vehículos blindados pesados y 210 vehículos blindados ligeros, y 360 vehículos logísticos.

Una apuesta militar que ha tenido un coste humano: 17 soldados han muerto en el marco de la operación Barkhane en los últimos cinco años. Los dos últimos eran miembros de un equipo de fuerzas especiales y fallecieron el 10 de mayo durante una actuación de rescate de rehenes en Benín. Frente a las críticas, París defiende los logros de Barkhane. Solo en 2018, señala el Ministerio de Defensa, esta "neutralizó a casi 200 terroristas".

El jefe del Estado Mayor francés, François Lecointre, reconocía en una entrevista con Le Monde este sábado que "el indicador de éxito no es el número de yihadistas muertos, sino la cantidad de población que no está, o deja de estar, bajo el control de esos grupos de ideología mortífera". Al mismo tiempo, advirtió en contra de esperar logros espectaculares en esa u otras regiones en conflicto. "Hay que admitir la idea de que, en las guerras de hoy en día, jamás lograremos una victoria militar extraordinaria (...) Si no aceptamos eso, y si no admitimos que la acción militar no es más que parte de una acción política global, será inútil que intervengan los Ejércitos".

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