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La designación de una tartamuda como portavoz parlamentaria abre un debate en Portugal

Su partido, Livre, ha pedido más tiempo para sus intervenciones, mientras que analistas políticos y algunos diputados han criticado su elección

La diputada Joacine Katar Moreira, el 30 de octubre, durante una intervención en el Parlamento portugués.

En las últimas elecciones portuguesas, el 6 de octubre, el partido de la izquierda radical Livre consiguió colocar a su cabeza de lista, Joacine Katar Moreira (Bisáu, 1982), en la Asamblea de la República. La primera mujer, negra, feminista, antirracista y con tartamudez del Parlamento portugués.

“Yo tartamudeo cuando hablo, no cuando pienso”, anunció la candidata de la formación en una entrevista televisiva durante la campaña electoral. “Para la Asamblea de la República, los individuos [parlamentarios] que tartamudean cuando piensan son el mayor riesgo".

La elección de Katar Moreira por parte de su formación planteó la primera polémica nada más constituirse la Cámara portuguesa de los diputados. Livre solicitó que se le concediera a su portavoz un tiempo extra debido a su trastorno en la fluidez del habla. “Para que haya un tratamiento igualitario e igualdad de oportunidades tiene que haber una tolerancia y tiene que ser atribuido el tiempo para que la diputada pueda exponer sus ideas”, declaró el portavoz del partido, Paulo Muacho.

En la sesión de control al Gobierno del miércoles, Katar Moreira no consiguió plantear la pregunta en los 90 segundos de que dispone cada partido con un solo diputado, como es el caso de Livre. Su pregunta sobre los incentivos a la natalidad se demoró el doble del tiempo marcado y resultó confusa.

Analistas políticos de todo signo ya habían tratado el caso y no tanto por el tartamudeo, sino por el trabajo de Katar Moreira, a quien pidieron que dimitiera como portavoz. “Precisa de una cura de humildad”, señaló el escritor Miguel Sousa Tavares. “El problema es la dificultad de pasar el mensaje de su partido”, apuntó el comentarista Luis Marques. El columnista João Miguel Tavares pone el acento en su falta de habilidad no para ser parlamentaria sino para desempeñar la labor de portavoz. “La palabra parlamento viene del francés parler, hablar. No hay democracia sin debate y no es posible debatir en un Parlamento sin un mínimo de fluidez discursiva. Si Joacine perteneciese a un grupo parlamentario habría otros diputados disponibles para hablar en el pleno y ella podría dedicarse a escribir discursos o marcar las líneas estratégicas. No existiendo nadie, sus intervenciones en la Asamblea son triplemente absurdas; para ella, que sufre horrores con aquella exposición; para los restantes diputados y para periodistas y electores que no entienden nada de lo que dice”.

Pero no es la única circunstancia que ha sido criticada en torno a la representante. La semana anterior se abstuvo en la condena a Israel por los ataques en Gaza, cuando su partido estaba a favor, lo que le va a suponer una sanción disciplinaria; también ha dejado pasar el plazo reglamentario sin presentar iniciativas sobre la futura ley de nacionalidad portuguesa, clave en la política de su partido.

En una de las sesiones, los periodistas parlamentarios fueron tras ella para plantearle sus preguntas. Cuando la encontraron, acababa de dar una entrevista a la cadena Al-Yazira, en el pasillo de los pasos perdidos de la Cámara. La diputada no quiso hablar, pero los periodistas insistieron. Finalmente, su asesor, Rafael Esteves Martins, decidió llamar a la policía para protegerla de los informadores, algo que jamás había ocurrido en el Parlamento.

La actuación de la representante de Livre y de su asesor ha merecido una condena del colegio de periodistas, que califica lo ocurrido como un atentado a la libertad de expresión en la casa de la democracia. “Creo que es necesario comenzar a respetarnos unos a otros”, ha respondido la diputada. El caso no acabó ahí, pues el asesor escribió en su cuenta de Twitter que el “trabajo de los periodistas es precario, malpagado, sujeto a desórdenes mentales” y que “la cultura de trabajo” de Katar Moreira es una “cultura de descanso, en el sentido intelectual del término”.

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