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El dinero vota a Boris Johnson

Los planes económicos del candidato laborista asustan a los inversores, que confían en la continuidad de los ‘tories’

Empleados en una fábrica de coches Bentley en Crewe, cerca de Liverpool. En vídeo, las promesas económicas de los laboristas y de los conservadores. Foto: Bloomberg | Vídeo: Reuters

Estas son las elecciones del Brexit pero en la campaña apenas se habla de ello. Se habla sobre todo de economía y servicios públicos, de aumento del gasto, de subidas (o bajadas) de impuestos. Todos quieren más gasto público, pero, frente al aumento moderado que proponen los conservadores de Boris Johnson, el laborista Jeremy Corbyn ofrece una verdadera revolución que asusta a la City y que pasa no solo por gastar más, sino por nacionalizar hasta cinco sectores económicos.

La espectacular subida de la libra estos días hace pensar que la City augura una victoria conservadora a pesar de que la aparente recuperación laborista en los sondeos puede dejar en el aire la mayoría absoluta que buscan los conservadores. El dinero vota a Boris en las elecciones británicas del próximo jueves.

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“Desde el punto de vista de los mercados, una mayoría conservadora vendría probablemente acompañada de una fuerte subida de la libra y, por lo tanto, el alza de la [libra] esterlina que estamos viendo refleja la satisfacción de los mercados”, opina la consultora IG. La libra ha alcanzado su cotización más alta en siete meses frente al dólar y en 31 meses frente al euro.

El Brexit está presente en el debate electoral, claro, pero con sordina. A Boris Johnson le interesa mencionar el Brexit a cada momento, pero sin entrar en detalles para que los votantes no se den cuenta de que su ruta puede acabar fácilmente en un Brexit con acuerdo teórico pero sin acuerdo comercial con la UE y con el Reino Unido a la sombra de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Y a Corbyn no le interesa en absoluto mencionar el Brexit porque su partido está dividido y él mismo (euroescéptico de corazón) piensa lo contrario que la mayoría de sus seguidores.

“Un aspecto positivo de esta campaña es que nadie está diciendo que la economía va muy bien. La campaña es un reconocimiento de que la gente no está satisfecha con la forma en que se está gestionando la economía y que hay que hacer algo”, opina Jonathan Portes, del centro de estudios UK in a Changing Europe. “Los conservadores ya no dicen que hay que hacer el Brexit porque va a ser muy beneficioso para el Reino Unido. Lo que dicen es que hay que hacer el Brexit porque sí, porque votamos a favor de hacerlo y por lo tanto hay que hacerlo. Nadie defiende el argumento económico a favor del Brexit”, añade Portes.

En noviembre, el Banco de Inglaterra recortó sus previsiones de crecimiento. La agencia de calificación Moody’s rebajó la semana pasada su calificación a la banca británica. “La economía se está debilitando, haciéndola más susceptible a choques, y la prolongada incertidumbre sobre el Brexit ha reducido las perspectivas de crecimiento del país”, opina Laurie Mayers, directora asociada de la calificadora.

“Sea quien sea el que esté en el poder tras las elecciones, la gran prioridad debería ser trabajar con el sector empresarial para ofrecer respuestas valientes, mejores y más justas a los retos a los que se enfrenta nuestro país”, reclamaba Carolyn Fairbairn, directora general de la gran patronal británica, la Confederación de la Industria Británica (CBI), una organización que ha renegado siempre del Brexit y, sobre todo, de una salida sin acuerdo con la UE.

El sector más preocupado ante esa perspectiva es el del automóvil. Su principal agrupación, la SMMT, acaba de advertir que los aranceles de la OMC tendrían un coste anual de 3.200 millones de libras (3.800 millones de euros) y unas pérdidas acumuladas de 1,5 millones de vehículos en cinco años, con un valor de 42.700 millones de libras.

Reducir distancia

Con sus propuestas económicas, los laboristas han logrado reducir a 10 puntos su distancia en los sondeos. Entre sus propuestas destaca la de incrementar el gasto público en 80.000 millones de libras; elevar el salario mínimo de 8,21 a 10 libras la hora y extenderlo a los mayores de 18 años (en la actualidad es a partir de los 25 años); aumentar el impuesto de sociedades del 19% al 26%; subir los impuestos a las rentas superiores a las 80.000 libras anuales; transferir a los empleados un 10% de las acciones en las empresas de más de 250 trabajadores; abolir las tasas universitarias y nacionalizar cinco grandes sectores económicos: agua, electricidad, transporte ferroviario, correos y la banda ancha de Internet.

Algunos expertos creen que, dado el reducido coste de la deuda pública por los bajísimos tipos de interés, no es un programa imposible. Pero advierten de que los costes de las nacionalizaciones pueden ser mucho más altos de lo previsto y de que no está claro que las empresas vayan a funcionar mejor. El IFS estima que los planes laboristas aumentarían en al menos 150.000 millones de libras la deuda pública, sin contar con las indemnizaciones que deberían pagar a las empresas nacionalizadas; incrementarían en otros 200.000 millones de libras los activos en manos del Gobierno y en 310.000 personas el número de empleados públicos.

Las cifras de gasto de los conservadores son mucho más modestas: sus compromisos solo incrementan el gasto en 3.000 millones. El IFS cree que los tories no podrán mantener esa prudencia dada su promesa de dar marcha atrás a la austeridad y subraya que, dejando aparte Sanidad, el gasto en servicios públicos en 2023-2024 estaría por debajo del que había en 2010-2011.

Boris Johnson se ha querido poner la venda antes de la herida y, en un intento de atajar la recuperación de los laboristas, el pasado jueves se comprometió a bajar los impuestos de inmediato si obtiene esa mayoría. En general, empresarios y financieros reniegan del Brexit y no se fían de Johnson, pero le consideran un mal menor frente a Corbyn. Por eso, el dinero votará a Boris el día 12.

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