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La nueva ofensiva siria contra el último bastión rebelde fuerza la huida de 80.000 civiles

Tropas de Damasco con apoyo ruso avanzan en el sur de la provincia insurgente de Idlib

Civiles sirios huyen hacia la frontera con Turquía, el 20 de diciembre de 2019. En vídeo, Erdogan asegura que su país no puede recibir a una nueva ola de migrantes.

La ofensiva desencadenada desde hace una semana por el Ejército gubernamental sirio con apoyo aéreo ruso en la provincia noroccidental de Idlib ha forzado la huida de 80.000 civiles. En su mayor avance militar desde hace más de tres meses, las tropas leales al presidente Bachar el Asad se han apoderado de una veintena de pueblos en sur del último reducto rebelde que sigue en pie tras casi nueve años de guerra. La población desplazada por los combates se dirige hacia la cercana frontera de Turquía, donde según la ONU se han reasentado hasta 500.000 personas desde el pasado abril.

Solo durante el fin de semana, al menos 25.000 civiles han huido hacia la frontera turca a causa de la ofensiva, que tiene como principal objetivo apoderarse de la estratégica Maarat al Numan, al sur de Idlib, la capital provincial. Los bombardeos aéreos sirios y rusos causaron el viernes la muerte de 17 personas en dicha ciudad y sus alrededores, y el sábado se cobraron ocho víctimas mortales en un mercado de Saraqeb, al este de Idlib.

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos informó este domingo de la muerte de otras siete personas en Maarat al Numan. Esta ONG que cuenta con informadores sobre el terreno ha contabilizado en los combates de la última semana 170 fallecidos, de los que 71 correspondían a las filas del régimen. La escalada bélica ha dado un vuelco al equilibrio de fuerzas en un frente semiestancado desde hace dos años y ha transformado en poblaciones fantasma las aldeas abandonadas por sus moradores.

La milicia yihadista Tahrir al Sham (antiguo Frente al Nusra, filial siria de Al Qaeda) se hizo hace nueve meses con el control de Idlib, pese al respaldo ofrecido por Turquía a otros grupos rebeldes islamistas y salafistas. Al menos 20.000 combatientes insurrectos han contenido hasta ahora el avance gubernamental en la provincia, habitada por tres millones de civiles, la mitad de ellos forzosamente desplazados desde otras regiones sirias durante la guerra.

Las tropas sirias y sus aliados rusos han encontrado en Idlib y áreas limítrofes de las provincias de Lataquia (oeste) y Alepo (oeste) una resistencia sin precedentes desde el sangriento asedio de Alepo, que se prolongó durante los últimos seis meses de 2016 en la mitad oriental de la ciudad, y concluyó hace ahora tres años con un acuerdo de evacuación de los combatientes. La mayoría de los insurgentes de Idlib son veteranos curtidos en años de combates que fueron desalojados de otras provincias mediante sucesivas capitulaciones pactadas. Ya no tienen adonde escapar dentro de Siria si son derrotados de nuevo.

Tras el éxodo provocado por la ofensiva anterior (entre abril y agosto pasados), Turquía (con 3,7 millones de refugiados sirios) teme la llegada de una nueva oleada de desplazados desde Idlib. El presidente El Asad prometió recuperar el enclave el pasado mes de octubre cualquier precio. Es el último reducto rebelde que escapa a su control, además del territorio nororiental en manos de las milicias kurdas aliadas de Estados Unidos. El Ejército de Ankara ha llevado a cabo además varias ofensivas transfronterizas en el norte de Siria contra las milicias kurdas, a las que califica de grupo terrorista, para apoderarse de amplias franjas de territorio colindante con la frontera en las que proyecta reasentar a cientos de miles de refugiados y desplazados sirios. El Gobierno de Damasco domina ya más de un 70% del territorio nacional.

Naciones Unidas exigió el miércoles una inmediata desescalada de la ofensiva en curso, pero la ofensiva siria coordinada con la aviación rusa se ha recrudecido durante el fin de semana. Rusia y China vetaron además en el Consejo de Seguridad el envío desde Turquía de ayuda humanitaria a Siria. El acuerdo que los presidentes Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdogan sellaron en Sochi en 2018 para contener la tensión en Idlib ha saltado de nuevo en pedazos.

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