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Las amenazas perpetuas de Doñana

WWF denuncia la sobreexplotación del acuífero del que vive este espacio protegido y los proyectos industriales que ponen en riesgo su supervivencia

Decenas de cigüeñuelas sobrevuelan el Parque Nacional de Doñana.
Decenas de cigüeñuelas sobrevuelan el Parque Nacional de Doñana.

La historia de la protección de Doñana, uno de los humedales más importantes de Europa, está ligada a las amenazas para su supervivencia. El germen del actual parque fueron las 6.700 hectáreas que en 1963 compraron por 33 millones de las antiguas pesetas el Estado y la organización WWF para constituir una reserva biológica allí. Luego, vino la declaración como parque natural y los incontables reconocimientos y figuras de protección internacional. Aquella compra de los años sesenta se hizo ante la amenaza de un proyecto que pretendía desecar las marismas de Doñana, un punto estratégico para la migración de las aves entre Europa y África.

53 años después, WWF ha lanzado una campaña internacional para alertar de las amenazas que siguen cercando a este espacio natural. Se trata de problemas no resueltos, como la sobreexplotación del acuífero del que vive el parque por parte de los agricultores de la fresa, o proyectos industriales como el dragado del Guadalquivir, la reapertura de la mina de Aznalcóllar o el almacén de gas natural.

"Doñana es un lugar necesario para seis millones de aves europeas en su migración anual hacia África", ha recordado Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF en España.

Pero los riesgos a los que se enfrenta Doñana ya no están dentro del espacio protegido, sino en los aledaños. Se trata de esos polémicos proyectos y problemas que llevan décadas sin resolverse y que se acometerían fuera del parque.

"El declive de la biodiversidad ha sido constante", ha afirmado del Olmo. Su organización realizó en abril un análisis de los 229 lugares naturales declarados Patrimonio de la Humanidad en todo el mundo. Y concluyó que la mitad, 114, estaban en riesgo por proyectos industriales. Doñana era una de esas zonas protegidas por la Unesco y amenazadas. Y, ahora, WWF lanza una campaña específica para presionar a las Administraciones (fundamentalmente la Junta de Andalucía y el Gobierno central) para que actúen. 

Esta organización avisa: si no se solucionan dos de estas amenazas (la sobreexplotación del acuífero del que vive el parque y el proyecto de dragar el Guadalquivir) instarán a la Unesco a incluya a Doñana en la lista de patrimonio mundial en peligro. La Unesco lleva ya años alertando, y pidiendo explicaciones al Gobierno español, de los mismos riesgos que ahora denuncia WWF. En diciembre, el Estado tiene que mandar un informe sobre los avances que se hayan logrado para despejar estas cuatro amenazas:

Agricultura

Los problemas con la sobreexplotación del acuífero 27, del que vive Doñana, se remontan a los años ochenta, cuando nació una potente industria de regadío en la comarca en la que está el parque. La agricultura creció sin control y hoy se estima que existen un millar de pozos ilegales que captan agua de esta reserva subterránea. Además, existen alrededor de 1.500 hectáreas de cultivo ilegales (WWF las eleva a 3.000). "Doñana recibe ahora el 20% del agua que antes le llegaba de forma natural", ha indicado Eva Hernández, responsable del programa de aguas de WWF.

Tras años de titubeos, las Administraciones aprobaron en diciembre de 2014 un plan de ordenación de la agricultura para los alrededores de Doñana, donde se concentran las captaciones ilegales. Pero WWF sostiene que "todavía no se ha puesto en marcha adecuadamente". Hernández ha citado, por ejemplo, que solo se han cerrado 146 pozos, según los datos de la Junta y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. WWF pide que el acuífero se declare "en riesgo", lo que permitiría actuar con más contundencia.

Dragado

El dragado del Guadalquivir se ideó para que llegaran barcos de mayor calado hasta el puerto de Sevilla a través de este río. Pero, según se ha alertado desde diferentes instituciones nacionales e internacionales y desde el ámbito científico, tendría importantes afecciones negativas en el estuario del río y en Doñana. El proyecto, que cuenta desde 2003 con una declaración de impacto ambiental positiva, está en una situación de punto muerto. El Tribunal Supremo frenó en 2015 los planes del puerto de Sevilla para dragar y concluyó que esta actuación tendría "consecuencia nocivas", como apuntan los estudios científicos.

Pero la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, en su último plan de cuenca, volvió a incluir el dragado como una de las actuaciones permitidas. WWF pide al Gobierno central "que cancele definitivamente" este polémico proyecto.

Mina de Aznalcóllar

Tras la rotura de la balsa de lodos tóxicos de la empresa sueca Boliden en 1998, que provocó un enorme vertido que se quedó a las puertas de Doñana, la Junta ha impulsado la reapertura de la mina de Aznalcóllar. WWF sostiene que la reapertura supone mantener viva "la amenaza de otro posible accidente de la mina". Y alerta de que "las operaciones podrían suponer una mayor extracción de agua de las fuentes ya menguadas de Doñana".

Esta organización ecologista pide a Grupo México, que se encarga de la reapertura, que "renuncie a la licencia de explotación de la mina". 

Almacén de gas

Del subsuelo de Doñana y su entorno se extrae gas natural desde hace tres décadas. Pero la compañía Gas Natural pretende utilizar esos yacimientos subterráneos donde estaba el gas como almacén. Este proyecto, que se dividió en varios subproyectos para su tramitación, cuenta con el respaldo del Gobierno central. La Junta se ha opuesto y ha bloqueado las actuaciones que se desarrollarían dentro del espacio protegido. Pero ha autorizado las que están fuera de la zona de protección de Doñana, lo que ha originado fuertes críticas de los grupos ecologistas.

WWF pide a Gas Natural que renuncie "a la licencia" y "se comprometa a no operar" dentro de los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad.

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