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La incómoda competencia del PNV y EH Bildu

Los dos partidos cierran el año con tan elevado nivel de acuerdos identitarios como de desacuerdos económicos y sociales

La portavoz de EH Bildu, Jone Gorizelaia bajo la atenta mirada del lehendakari, Íñigo Urkullu y del portavoz del Gobierno, Josu Erkoreka en un pleno reciente.
La portavoz de EH Bildu, Jone Gorizelaia bajo la atenta mirada del lehendakari, Íñigo Urkullu y del portavoz del Gobierno, Josu Erkoreka en un pleno reciente.

PNV y EH Bildu no dejan de vigilarse, y de desconfiar. Sometidos a un elevado nivel de tensiones internas, como de necesidades externas en vísperas de un 2019 electoral, el primer partido del Gobierno y el líder de la oposición están llegando a pactar como nunca en temas identitarios, pero los desencuentros son sonoros en los económicos y sociales.

La coincidencia táctica en las bases del Nuevo Estatuto, en sus críticas parlamentarias a la Constitución, ante el futuro juicio del procés, y parcialmente en torno la ponencia de la Memoria, de la que se descartó el PP y ahora cuestiona el PSE, se han convertido en papel mojado cuando se trata de apuntalar el modelo social y económico, pese a que, por vez primera desde el final de ETA, han negociado unos presupuestos casi hasta el final.

Enfrascados en una lucha por la hegemonía en el País Vasco, el PNV no quiere perder a su electorado más soberanista sobre todo de Gipuzkoa, mientras que EH Bildu quiere demostrar que es una coalición con mayor capacidad de maniobra que su socio mayoritario, Sortu, los herederos de HB, y que puede ganarse confianza institucional más allá del puro idealismo.

Un ejemplo es que mientras una delegación de ambos partidos viajará unida al juicio del procés, el núcleo duro de EH Bildu rechazó, in extremis, firmar los presupuestos del PNV y del PSE del Gobierno de Íñigo Urkullu, de la Diputación Foral de Álava y de Vitoria.

Pero ese proceso de marcaje, de prueba y error, no resulta fácil ni para unos ni para los otros. PNV y EH Bildu se encuentran con problemas y resistencias internas que tienen que resolver con pactos internos y cesiones. Diez años después de la traumática batalla de poder en Gipuzkoa, el presidente del GBB y heredero de las posiciones más soberanistas dentro del partido, Joseba Egibar, sigue al frente de la portavocía del Parlamento vasco y de la Ponencia de Autogobierno.

El PNV gana en estimación de voto

De momento, en ese juego de luces y sombras, PNV y EH Bildu, que casi suman los dos tercios de la Cámara vasca, los sondeos dan la razón a la estrategia del PNV. El último Euskobarómetro le otorga tres escaños más mientras que a la izquierda abertzale le pronostica un estancamiento de sus posiciones. Los ciudadanos no penalizan al PNV sus acuerdos con eh Bildu en la Ponencia de Autogobierno y premian la moderación de sus actos al frente del Gobierno vasco y las Diputaciones, mientras que la flexibilidad de EH Bildu no logra movilizar a su electorado ni ampliar su perímetro electoral.

Un reparto que obliga al partido de Andoni Ortuzar a gestionar con delicadeza y a veces evidente incomodidad las tensiones que surgen cuando se trata de explicar el futuro de determinados acuerdos, como las bases del nuevo Estatuto. “El partido es amplio y su pluralidad interna y el respeto por las opiniones de todos forma parte de su patrimonio”, se cierra el debate cada vez que se pregunta por esa contradicción.

El contrapunto a esos movimientos que critica con dureza el resto de la oposición los compensa el lehendakari,  Íñigo Urkullu con llamamientos al pragmatismo, con demandas de acuerdos de banda ancha entre diferentes, de estabilidad institucional y con recordatorios en voz alta de que con bases soberanistas no habrá nuevo Estatuto.

Confrontación

Pero si en ese asunto EH Bildu se mueve como una piña, plegándose absolutamente a las propuestas del PNV para mantenerse fieles a su estrategia de acumular fuerzas y convertir el Nuevo Estatuto en un foco de tensiones y de confrontación con el Estado, en todo lo relativo a la gestión, la izquierda abertzale arrastra sus contradicciones.

La apreciación del núcleo duro de que un eventual pacto presupuestario estrechaba de forma sustancial su discurso y su capacidad de hacer oposición, en víspera electoral, pesó más que el argumento de quienes defienden que además de movilizar y resistir, es hora ya de implicarse en la gestión.

El sindicato mayoritario, ELA, que considera el presupuesto “neoliberal”. El secretario general del sindicato nacionalista, que nació de las gentes del PNV, Adolfo Muñoz, advirtió a EH Bildu de que “no se les ocurra romper con el sindicalismo si no quieren pasar a ser irrelevantes”. Arnaldo Otegi rompió con el PNV tras superar las enmiendas de totalidad al presupuesto vasco en un escenario de práctica igualdad entre la demanda de Bildu y la oferta del Ejecutivo.

Pese a la desconfianza en Gipuzkoa hay cantos de sirena. El diputado de Gobernanza de Gipuzkoa, Imanol Lasa, abrió la puerta a un posible pacto con EH Bildu tras las elecciones. La respuesta llegó del responsable nacional de política Institucional del PNV, Koldo Mediavilla: La izquierda abertzale “no será alternativa” mientras no rompa con la violencia de ETA.

 

 

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