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España renuncia a cooperar con Rusia en la lucha contra la desinformación

El riesgo de injerencias disuadió a Borrell de trabajar con Moscú

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Josep Borrell (derecha), junto a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, en la reunión en Madrid que mantuvieron hace un año. EFE

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España dio un paso en falso al acercarse a Rusia, hace poco más de un año, en la batalla contra la desinformación. El ministro de Exteriores, Josep Borrell, recibió en Madrid a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, y aceptó una oferta que acabó resultando envenenada: la creación de un grupo de trabajo conjunto para luchar contra las amenazas de ciberseguridad y manipulación informativa. Un año después, no hay ni rastro de ese órgano. Aunque en público nunca lo admitió, Borrell acabó retractándose de ese compromiso. Los indicios de que como mínimo parte de la desinformación que lastra a la Unión Europea —en menor medida a España— se origina en territorio ruso lo impulsaron a frenar el proyecto.

La reunión que celebraron Lavrov y Borrell en la sede de Exteriores dio como fruto un plan de consultas políticas para que España y Rusia estrecharan lazos. El tercer contacto de seguimiento de ese acuerdo se produjo el pasado 15 de noviembre, con un encuentro en Madrid de representantes de ambos ministerios. Un portavoz de Exteriores rehúsa aclarar si la lucha contra la manipulación informativa estuvo sobre la mesa, pero la nota que difundió ese día el ministerio elude completamente este asunto.

Más allá de lo que trataran el secretario de Estado de Exteriores, Fernando Valenzuela, y el viceministro de Exteriores de la Federación Rusa, Alexander Grushkó, otras fuentes gubernamentales confirman que la idea de cooperar con Rusia en esta materia tan sensible se ha descartado. A Borrell le pilló por sorpresa la propuesta que le lanzó Lavrov durante su entrevista, el 6 de noviembre de 2018, y de entrada la aceptó. Cuando el titular español de Exteriores verbalizó algunas quejas por las presuntas intromisiones del Kremlin en la crisis catalana, Lavrov le respondió con un plan de cooperación que Borrell no quiso rechazar y que presentó ante la prensa como el principal logro de esos contactos bilaterales. Posteriormente, un estudio más cauteloso del proyecto desaconsejó desarrollarlo.

Frente al clamor expresado por los países europeos del Este, mucho más sensibilizados respecto a la influencia rusa, España mantuvo durante bastante tiempo una posición escéptica ante esas campañas de desestabilización orquestadas en la órbita del Kremlin. Pero las señales de alerta comenzaron a acumularse. En mayo de 2018, antes de la reunión con Lavrov, un órgano dependiente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) había sugerido, por primera vez, la posible intromisión de Rusia para avivar las fricciones en Cataluña. “Parece demostrada la presencia de activistas patrocinados por instituciones rusas en la expresión mediática del conflicto derivado de la situación creada en Cataluña durante 2017”, recogió un documento del Centro Criptológico Nacional, encargado de alejar los ciberataques de las redes de las administraciones públicas.

Calma ante el 10-N

Las convulsiones vividas a cuenta del referéndum ilegal del 1-O, en 2017, habían supuesto la primera prueba de fuego. El servicio de lucha contra la propaganda rusa que creó la Unión Europea en 2016, en plena tensión con Moscú, rastreó un volumen moderado de noticias falsas desfavorables a España a propósito de la crisis en Cataluña. La presión se ha relajado desde entonces. Un portavoz de este servicio asegura que “no se han detectado casos particulares con ocasión de las últimas elecciones”, las del 10-N.

Aun así, la base de datos que recopila los episodios más sonados (euvsdisinfo.eu) recoge una noticia falsa divulgada por el portal ruso Stoletie cinco días antes de los comicios. Ese medio atribuía los últimos incidentes en Cataluña a otra injerencia exterior, en este caso de Estados Unidos. “Las protestas catalanas están montadas por Estados Unidos y Soros para castigar a España por sus relaciones con Cuba”, publicó este medio, según la traducción que realiza la unidad europea.

Pese a la aparición de esta historia tan infundada, el interés —y la tergiversación— por parte de medios rusos respecto a la crisis catalana ha decrecido en los últimos meses, según confirman otras fuentes de Exteriores. Las noticias relacionadas con la sentencia del procés y sus consecuencias se han abordado de manera más sosegada, añaden los responsables de este análisis.

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