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Sánchez e Iglesias pactan una política económica continuista que calme a los inversores

Unidas Podemos aparcará sus medidas más ambiciosas para facilitar el despegue de la coalición

Desde la izquierda, Gerardo Cuerva, presidente de Cepyme; Nadia Calviño, ministra de Economía; y Antonio Garamendi, presidente de CEOE. En vídeo, declaraciones de Calviño.

Unidas Podemos aparcará sus medidas económicas más ambiciosas para facilitar el despegue de la coalición progresista. Pese a que la investidura está aún en el aire, pendiente de la abstención de ERC, el PSOE tiene prácticamente cerrado con Podemos un programa económico continuista sobre la base del Presupuesto fallido de 2019, según las fuentes consultadas en La Moncloa, Economía, Hacienda, el PSOE y Unidas Podemos. La figura de Nadia Calviño, ministra de Economía, emerge para manejar las inquietudes del Ibex en medio de la desaceleración. La Moncloa admite cierta intranquilidad entre el empresariado.

Martes 12 de noviembre, alrededor de mediodía. Pedro Sánchez, y Pablo Iglesias alcanzan en 48 horas el pacto que fue imposible en seis meses. A esa hora, la ministra Calviño está reunida con empresarios y think tanks. “La inquietud en el empresariado con la coalición está ahí desde su anuncio”, admiten fuentes de Economía, “pero el mensaje no ha variado: la Agenda del Cambio aclara las reformas de la legislatura, se van a revertir los aspectos más lesivos de la reforma laboral y la política fiscal va a ser neutral, con una corrección del déficit compatible con medidas sociales”. Calviño ha multiplicado los contactos con empresarios para sosegar los ánimos. “Más que la política económica, nos preocupa que cale el relato de Podemos contra la gran empresa”, explica una de las firmas del Ibex. Calviño tampoco descuida el flanco exterior: la semana pasada estuvo en Berlín para subrayar su compromiso con la consolidación fiscal, pese a que Economía desconfía de los números de Bruselas.

Cumplir a rajatabla con las recomendaciones de la Comisión Europea —basadas en unas previsiones que no reflejan los fundamentos actuales de la economía española, como ha subrayado la propia ministra— obligaría a acometer políticas procíclicas, con duros recortes en plena desaceleración. Calviño, con el aval de Sánchez y el visto bueno de Podemos al menos en los primeros compases, apuesta por una política económica continuista, que pasa por buscar consenso para las grandes reformas y por una política fiscal que no ponga en riesgo el crecimiento, con estímulos verdes para aprovechar el presupuesto europeo y un espaldarazo a áreas como dependencia, pobreza infantil y reducción de la desigualdad, la enfermedad de esta época.

Las reformas laborales han ido demasiado lejos desde 2010 y el nuevo Gobierno afeitará sus aristas más controvertidas. Habrá varias subidas de impuestos, entre las que destacan la tasa de transacciones financieras y la tasa Google (que aportarán ingresos extra de 1.600 a 2.500 millones anuales), y un alza de sociedades. Decae la subida del IRPF a los ricos. No habrá control de precios en vivienda, no habrá impuesto a la banca como prometía Unidas Podemos, no se creará una empresa pública de energía y, en fin, Iglesias aparcará las medidas más ambiciosas para que la coalición alce el vuelo sin suspicacias, explican fuentes del partido de Iglesias. Eso sí, para negociar la investidura el PSOE ha prometido un aumento de las inversiones en el Presupuesto a cambio del apoyo de regionalistas y nacionalistas.

Un sector del empresariado advierte contra la salida de capitales; no hay una sola cifra que avale esa tesis. La CEOE ha reivindicado un “Gobierno de moderación” en el que, a juicio de la patronal, no tiene cabida Podemos. Pero los mercados apenas han sufrido variaciones desde el 10-N. Y el apocalipsis, una vez más, se aplaza: “La desaceleración no solo no empeora sino que se estabiliza”, zanjan fuentes del Banco de España, con la economía creciendo al 2% frente a la atonía europea.

Antes de la investidura

En paralelo con la negociación con ERC, el PSOE y Podemos han acercado posiciones en política económica, conscientes de que esta vez no pueden descarrilar. Sánchez e Iglesias tienen prácticamente cerrado un plan que podrían presentar incluso antes de la investidura, según fuentes de la negociación. La estrategia de Iglesias es plasmar de forma íntegra el pacto alcanzado para los Presupuestos de 2019; esas cuentas no llegaron a aprobarse por el voto en contra de ERC, que desencadenó la convocatoria de elecciones. El PSOE se ha mostrado reticente a incluir alguno de los asuntos pactados entonces, en especial las medidas fiscales más atrevidas; Podemos considera que el resultado no puede quedar lejos de aquel acuerdo. Pero Iglesias advirtió a los suyos hace unos días que hará concesiones.

Y en eso está. De entrada no habrá derogación completa de la reforma laboral ni se limitarán las subidas del alquiler, dos banderas de Unidas Podemos. La formación espera lograr avances significativos con Yolanda Díaz al frente de Trabajo. La Moncloa repite como una letanía que se rebajarán solo “los aspectos más lesivos” de la reforma laboral; Economía los circunscribe a la subcontratación y poco más, y apunta que cualquier paso adicional topará con el PNV. Unidas Podemos renuncia al impuesto a la banca, pero como contrapartida sí están previstas alzas en Sociedades (el fin de la exención del 100% a la repatriación de dividendos). La incógnita gira sobre la subida del IRPF a rentas de más de 130.000 euros. Esa medida estaba en el Presupuesto pactado, y en el alternativo presentado por el PSOE a las últimas cuentas del PP, pero Sánchez no lo incluyó en el programa electoral y lo tacha ahora de “ocurrencia”. “No va a haber subidas masivas de impuestos”, cierran en Hacienda.

Los inversores miran con atención el experimento español: moderación en torno a la vicepresidencia (con una estructura bicéfala del área económica que despierta dudas y en la que, sobre el papel, Calviño gana poder respecto a María Jesús Montero, titular de Hacienda), salpimentada con un toque de izquierdismo. La idea es mezclar el pragmatismo de la socialdemocracia europea de los últimos tiempos con una pátina más keynesiana. Se trata de satisfacer al electorado progresista sin incomodar a los mercados. “El presupuesto es el máximo desafío, será la señal de lo que se avecina”, avisa Goldman Sachs, que no quiere experimentos.

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