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Carmen Calvo, la ‘número dos’ continúa y asume memoria histórica

En el concurrido nuevo organigrama, mantiene poder y representa el perfil más político que técnico de contrapeso de Iglesias

Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, el pasado septiembre en su despacho de La Moncloa. En vídeo, lo que ya se sabe sobre la composición del nuevo Ejecutivo.

En el nuevo y concurrido organigrama de La Moncloa, con cuatro vicepresidencias, Carmen Calvo (Cabra, Córdoba, 62 años) seguirá siendo la primera número dos del Ejecutivo. Hace una eternidad política, en 2017, cuando el presidente del Gobierno no era el candidato favorito para liderar el PSOE, ella apostó por él en las primarias frente a Susana Díaz. Fue la decisión que inauguró una segunda etapa en su vida política, porque la ministra de Cultura con José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2007) se había alejado entonces de los focos para dar clases. Calvo es doctora en Derecho Constitucional, fan del grupo heavy Metallica (tiene todos sus discos) y de los toros.

A partir de ese momento, Sánchez contó siempre con ella: en la Ejecutiva del PSOE le dio Igualdad, y una vez en La Moncloa, la vicepresidencia. En la oposición, Calvo negoció con Soraya Sáenz de Santamaría el respaldo del PSOE a la aplicación del artículo 155, y ya en el Gobierno, el apoyo de ERC a los Presupuestos (sin éxito). Cataluña le ha dado varios disgustos, como su enrevesada explicación de la figura del relator, que finalmente no llegó a cristalizar.

Cede Igualdad a Irene Montero, de Podemos, pero Sánchez la ha compensado otorgándole el área de memoria histórica, hasta ahora en manos de Justicia. El Gobierno se ha comprometido a asumir la exhumación de los fusilados y a realizar una auditoría de bienes expoliados por el franquismo para devolverlos a sus dueños, empezando por el pazo de Meirás. Calvo ya negoció con el Vaticano el aval de la Iglesia a la exhumación de Franco —con algún malentendido que provocó un desmentido de la Santa Sede—.

En verano asumió las negociaciones con Podemos para la (frustrada) investidura y tras el 10-N, se encargó de buscar el apoyo del PNV. Representa ese perfil más político que técnico con el que Sánchez quiere blindarse frente a Iglesias.

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