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La mujer que se empeñó en abrir una mezquita en Ávila

Mariam Cuenca, excatequista abulense convertida tras una crisis de fe, fue la primera musulmana que apareció en la ciudad y fundó un templo islámico en 2005

Marian Cuenca, en la mezquita de Ávila.
Marian Cuenca, en la mezquita de Ávila.

Mariam Cuenca regresó en 2003 a Ávila, su ciudad, con un secreto. Después de tres años trabajando en una fábrica de cableado de coches en Francia había cambiado de vida: se había convertido al Islam. “Pero cualquiera lo decía en Ávila, tardé mucho en salir del armario”, relata. Tampoco se le notaba, solo había dejado de beber y de fumar. Era, de incógnito y tras varios siglos, la primera musulmana de la provincia castellana, en la tierra de santa Teresa de Jesús. Hasta que un día decidió ponerse el pañuelo. Antes se lo contó a su madre y a sus dos hijos. “Ellos lo entendieron, pero para mi madre fue un palo”. La había educado en el catolicismo de los años sesenta, en un diminuto municipio abulense, Villanueva de Gómez, que ahora tiene 140 vecinos. Mariam fue incluso catequista, y la primera con vaqueros de su pueblo, una hippy. También fue contracorriente al separarse con 24 años y dos hijos en los ochenta. “Mi búsqueda espiritual me llevó hasta aquí, vi que esto era lo mío”, resume. Dos años después de ponerse el pañuelo, en 2005, abrió la primera mezquita de Ávila en el local de una vieja imprenta. Este jueves entraban a la oración de la tarde varios fieles y la saludaban, “Salaam Alaikum”. Es ella la que lleva esto.

No dirige el rezo porque las mujeres no pueden hacerlo, y además no sabe árabe, pero es el alma de los musulmanes locales: de no haber ni uno hace 15 años, cuando ella se sentía una marciana, ahora hay 4.458 en toda la provincia, según el informe de 2018 de la Unión de Comunidades Islámicas de España. Y ya hay otra mezquita en la ciudad. Esta mujer de 60 años es la secretaria de la Comunidad Islámica de Ávila y la delegada de la Comisión Islámica de España en Castilla y León, la mujer que ocupa un cargo más alto entre los musulmanes españoles. En otros países europeos ya han surgido mujeres que lideran mezquitas y que incluso ejercen de imanes feministas, pero en España es más raro.

Adivina la primera pregunta, sonriendo y señalándose la ropa: “¿Qué cómo he acabado así?”. Cuenta que siempre fue religiosa, pero desde pequeña, por ejemplo, no se creía que Jesús fuera Dios, y cómo ibas a decirle eso a un cura en el franquismo. Tras una larga crisis de fe, llegó a hacerse protestante. “Pero con el Islam he descubierto la relación directa con Dios, sin intermediarios, ni santos, ni vírgenes, ni jerarquías. Es una forma de vida y vi que era lo que yo quería”. Recuerda que los primeros tiempos en Ávila fueron duros. “Estaba sola, no puedes vivir tu religión así, me hundía, me preguntaba qué iba a ser de mí”.

En el supermercado una mujer al verla así vestida le riñó. “Me dijo: 'Parece mentira, tantos años luchando para visibilizar a la mujer'. Pero si es que yo soy más visible que antes. Yo soy la primera feminista, creo en la igualdad de derechos, pero que les pregunten a ellas, a las musulmanas, lo que piensan. Ni estamos infravaloradas ni esclavizadas. A mí me da la gana vestir así”.

Iba y venía a Madrid, a la mezquita de la M-30, donde se fue integrando. Hasta que en 2005 vio a otra mujer con velo en Ávila, en una sucursal bancaria. “Me lancé sobre ella emocionada, tanto que su hijo se asustó. Era argelina, no hablaba castellano. Luego me invitaron a su casa y ya fui conociendo a otros que andaban por aquí”. Al ver que había una pequeña comunidad surgió la idea de abrir una mezquita. Primero crearon una asociación legal, y luego se pasó meses buscando un local. En cuanto decía para qué era, el propietario se negaba y no quería saber nada. Al final lo consiguió gracias a un conocido. Ahí siguen de alquiler. Pero lo más difícil luego ha sido encontrar un buen imán. Preparado y con garantías, para que no se les cuele algún exaltado. Han tenido varios, pero les pueden pagar poco y de eso no viven, además tienen que trabajar en algo. “Aquí les cuesta venir y duran poco, y en una comunidad pequeña no hacen falta todos los días, solo el viernes y algo el fin de semana. Y en Ávila, ¿qué trabajo van a encontrar? Solo de camarero”. Ahora mismo no tienen imán.

Las comunidades islámicas se asientan en la meseta vacía

Hay todo un fenómeno de pequeñas comunidades islámicas que emergen en la meseta castellana, en pueblos pequeños, con los inmigrantes, principalmente marroquíes. Trabajan principalmente en la construcción y en el campo. En Ávila, por ejemplo, hay mezquitas en Navalperal, La Cañada, Las Navas del Marqués, El Tiemblo, Arévalo… En Castilla y León, una de las regiones donde más tarde han ido llegando, hay ya 38.945 musulmanes. Las más numerosas, en Burgos, León, Valladolid y Segovia. En 2016 empezaron a dar clases de religión musulmana en Soria, las primeras de la comunidad, y era una profesora. Ahora ya hay seis docentes. Este año la Junta de Castilla y León ha aprobado que se permitan los entierros con rito musulmán en los cementerios, como ya ocurre en Andalucía, Asturias, Valencia y las ciudades de Ceuta y Melilla.

“Hay mucho movimiento de gente. Si no hay trabajo se van, y la gente que consigue la nacionalidad se va a otros países de Europa. También viven muchas mujeres con los niños solas, con el marido trabajando en Madrid o Barcelona”, explica Mariam Cuenca. ¿Están integrados? “Hay de todo. El obstáculo es el idioma. Hay mujeres que están con los hijos en casa y llevan años aquí sin hablar una palabra. Pero la relación con los vecinos siempre es buena, y ¿qué es estar integrado? Si no haces Halloween y no vas a la cabalgata de Reyes parece que no lo estás. Pero la integración es cosa de dos. No es que el que llega debe olvidar quién es”. No ha habido incidentes xenófobos reseñables, salvo pintadas en mezquitas. Como en Ávila este año. “Pero nos pintaron una cruz, y para nosotros eso no es ofensivo”, dice Cuenca.

Sobre la presencia de mujeres en las comunidades musulmanas españolas, el presidente de la Comisión Islámica Española, Riay Tatary, explica que "aquí gozamos de mujeres con muy alta preparación y titulación en teología islámica que aportan formación y están en la organización y administración de las mezquitas". "Tanto hombres como mujeres tienen un papel esencial en nuestras comunidades, y para ser elegido en algún cargo se tiene en cuenta su capacidad personal independientemente de su género", asegura. "Que haya más o menos mujeres tiene más que ver con la casuística sociológica". Aunque Cuenca tiene un cargo más visible, Tatary apunta que hay otras mujeres en dos comisiones técnicas de la entidad que preside.

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